El glaciar Thwaites, conocido como el “Glaciar del Juicio Final” en la Antártida, se está derritiendo más rápido de lo que los científicos anticipaban.
Crédito: www.jpl.nasa.gov
Durante décadas, los climatólogos han advertido sobre el glaciar más inestable de la Antártida. Ahora, mientras el hielo retrocede a un ritmo acelerado, se está discutiendo abiertamente una idea que antes se consideraba impensable: la construcción de una barrera submarina masiva para contener el océano.
Este glaciar es Thwaites, más conocido como el Glaciar del Juicio Final. Se ubica en la Antártida Occidental, cubre un área similar a la de Gran Bretaña y desempeña un papel crucial en la estabilización de la capa de hielo circundante. Su colapso tendría repercusiones que traspasarían las fronteras del continente helado.
Thwaites ya contribuye aproximadamente a un cuatro por ciento del aumento global del nivel del mar cada año. Esta cifra está en ascenso a medida que aguas oceánicas más cálidas penetran bajo el hielo. Los científicos coinciden en un punto: este glaciar está cambiando con mayor celeridad de lo que se creía.
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Y es esta urgencia la que está llevando a plantear soluciones radicales.
Por qué el glaciar Thwaites se ha convertido en una preocupación mundial
El problema de Thwaites no radica únicamente en el volumen de hielo que almacena, sino en el lugar donde se produce el deshielo. Las corrientes oceánicas cálidas lo están erosionando desde su base, debilitando la plataforma de hielo que actúa como un soporte, ralentizando así su deslizamiento hacia el mar.
De fallar ese soporte, Thwaites podría iniciar un retroceso acelerado. En el peor de los escenarios, su colapso podría elevar el nivel global del mar en torno a 65 centímetros. Incluso incrementos pequeños son relevantes: cada centímetro expone a millones de personas a un mayor riesgo de inundaciones costeras.
Por ello, los científicos consideran a Thwaites un punto de inflexión. Si se desestabiliza por completo, otros glaciares de la Antártida Occidental podrían seguirlo.
Hasta hace poco, el enfoque se centraba casi exclusivamente en la reducción de emisiones. Algo necesario, sí, pero de efecto lento. En la actualidad, algunos investigadores se preguntan si una intervención física podría ganar tiempo.
La inesperada propuesta de un muro submarino
La propuesta surge de un grupo internacional de científicos e ingenieros que trabajan en el denominado “Seabed Anchored Curtain Project”. La idea es simple en teoría, pero desalentadora en la práctica.
Planean instalar una barrera flexible y de gran envergadura en el lecho marino, frente a las partes más vulnerables del glaciar. La estructura se elevaría unos 150 metros desde el fondo y se extendería a lo largo de aproximadamente 80 kilómetros, actuando como un escudo que reduzca el flujo de agua cálida bajo el hielo.
Sus defensores subrayan que esto no “detendría” el cambio climático. En cambio, podría ralentizar el deshielo lo suficiente como para evitar un colapso abrupto.
El equipo tras esta idea incluye investigadores de varias universidades de prestigio y grupos de ingeniería con experiencia en construcciones marítimas. Por ahora, se centran en estudiar su viabilidad: materiales, sistemas de anclaje y la capacidad de una estructura así para soportar las condiciones antárticas.
Se planea una fase de investigación de tres años, con pruebas de prototipos que probablemente se realizarán en los fiordos noruegos. El grupo también busca alrededor de 10 millones de dólares (8,4 millones de euros) para financiar el desarrollo inicial.
Los críticos, por su parte, advierten sobre los riesgos. Interferir en los sistemas oceánicos a esta escala podría tener consecuencias imprevistas, y no hay garantías de que funcione como se espera.
Aún así, el hecho de que científicos de renombre estén siquiera debatiendo la idea refleja la gravedad que ha alcanzado la situación.
Perforando el hielo para comprender lo que realmente sucede
Mientras los ingenieros debaten posibles defensas, los científicos sobre el terreno compiten por recopilar mejores datos.
Recientemente, equipos de investigación del Reino Unido y Corea del Sur alcanzaron una de las secciones más remotas e inestables del glaciar Thwaites. Utilizando taladros de agua caliente, perforaron el hielo para instalar instrumentos a gran profundidad, justo donde el océano contacta con la base del glaciar.
No se trata de un trabajo rutinario. La zona está surcada por grietas y el hielo se desplaza con rapidez. Pero los resultados podrían ser cruciales.
Por primera vez, los científicos recibirán mediciones diarias en tiempo real que muestran cómo el agua cálida está derritiendo el glaciar desde abajo. Los instrumentos transmitirán datos vía satélite durante al menos un año.
“Este es uno de los glaciares más inestables del planeta”, afirmó el Dr. Peter Davis, oceanógrafo físico del British Antarctic Survey. “Finalmente podemos observar lo que sucede en el lugar más crítico”.
Estos hallazgos podrían remodelar las predicciones sobre el futuro aumento del nivel del mar y ayudar a determinar si ideas drásticas, como las barreras submarinas, son fantasías irrealizables o necesidades incómodas.
Por ahora, no hay muro, ni construcción, ni decisión final. Solo una sensación creciente de que el tiempo se agota más rápido de lo que nadie esperaba.
Y de que el Glaciar del Juicio Final podría obligar a la humanidad a considerar soluciones que antes se descartaban por imposibles.