Durante la temporada de los Óscar, se hace evidente cuánto trabajo requiere ganar uno, tanto en la pantalla como en las campañas fuera de ella. Sin embargo, múltiples actores han ganado más de un premio. (Emma Stone, nominada este año, ya ganó dos en la última década.) En cambio, solo un gato ha ganado dos veces el Patsy –el premio “Picture Animal Top Star of the Year”. (Este galardón, de la American Humane Association –no confundir con la Humane Society–, se discontinuó en 1986.) Ese gato es Orangey, protagonista de una pequeña retrospectiva en el cine Metrograph de Nueva York. Muchos cines reponen *Desayuno con diamantes* para San Valentín; el Metrograph profundiza en el catálogo de Orangey, con una variedad más amplia de títulos y géneros.
*Desayuno con diamantes* sí le da a Orangey su rol más famoso: el menos coloridamente llamado “Cat”, mascota de Holly Golightly (Audrey Hepburn), quien lo llama un “pobre desgraciado sin nombre”. Orangey es clave en el clímax, cuando Holly lo suelta en un callejón al irse de la ciudad, y Paul (George Peppard) corre a rescatarlo. Esto completa la idea de que Cat es parte tanto de la vida salvaje de Holly como de su potencial domesticación. ¿Qué animal mejor, claro, que uno igualmente propenso a dejarse llevar por su dueña temporal y a dar saltos maullando por su apartamento?
El clásico con Audrey Hepburn le dio su segundo Patsy; el primero fue por un rol más grande en *Rhubarb*, comedia de una década antes sobre un gato que hereda la fortuna de un hombre excéntrico, incluyendo un equipo de béisbol de Brooklyn. Suena a un *Air Bud* primitivo –¡las reglas no dicen que un gato no pueda ser dueño de un equipo!– pero *Rhubarb* parece hecha para adultos, al menos nominalmente. Es una comedia loca de los 50, más lenta que las de la década anterior, y se siente alargada (aún divertida) en sus 95 minutos. Aún así, Orangey roba muchas escenas; más que en *Desayuno con diamantes*, este gato salta imprudentemente entre muebles, una vez posándose en un candelabro. Es mucho más memorable que sus simpáticos coestrellas bípedos.
Jan Sterling, Orangey y Ray Milland en *Rhubarb*. Fotografía: TCD/Prod.DB/Alamy
Las estrellas humanas sí tienen una ventaja. Hay una sola Audrey Hepburn y, se admite, hubo entre dos y 40 Orangeys. Al menos dos gatos interpretaron a Cat en *Desayuno con diamantes*, y en general es difícil trazar líneas claras en los 16 años de créditos de Orangey, biológicamente factibles pero logísticamente cuestionables. Investigar su carrera lleva a reportes contradictorios. El cineasta Dan Sallitt escribió sobre Orangey para **Filmmaker Magazine**, citando un pasaje del libro *Amazing Animal Actors* que explica que *Rhubarb* requirió **reclutar** 60 gatos distintos pero similares –la película es en blanco y negro, así que el tono exacto no importaba tanto– y seleccionar 36 especialmente entrenables, cada uno haciendo un truco asignado, para crear una sola actuación compuesta. (Esto solo desafía la creencia porque, aunque Rhubarb hace mucho en la película, no estoy seguro de ver 36 trucos distintos.) Un artículo de la **New York Times** de la época pone el número en 10, aunque el director Arthur Lubin describe un gato “principal” que lo mordió, haciendo que el director “contraatacara con una patada hábil” cuando el representante de la Humane Association no miraba. Esto sí parece compatible con el personaje de Rhubarb, bastante desagradable al principio.
Ver sus actuaciones dentro de las películas y entre distintos títulos ciertamente apoya la idea de que Orangey era más un *tipo* de gato, provisto por el entrenador Frank Inn, que un animal específico. Dos filmes en la retrospectiva muestran su versatilidad: supuestamente tiene un pequeño papel en el western *Stranger on Horseback*, y uno de más apoyo en la parodia de terror *The Comedy of Terrors* –ambas dirigidas por Jacques Tourneur, quien también hizo el clásico *La mujer pantera* en 1942. (Eso fue antes de tu tiempo, Orangey.) Pero, a pesar del director compartido, estos dos gatos no se parecen en temperamento o estilo. El animal en *Horseback* holgazanea en la oficina de un sheriff como un gato relajado de bodega; el de *Terrors* (hecha cuando Orangey tendría al menos 13) se mueve rápido con el vigor de uno la mitad de su edad. Quizás lo revitalizaba compartir escenas con un reparto de estrellas del terror: con Vincent Price, Basil Rathbone, Boris Karloff y Peter Lorre, este puede ser el elenco más estelar de Orangey (con todo respeto a la Srta. Hepburn).
Es más divertido, claro, imaginar a Orangey en una carrera singular de 16 años, y no entrando y saliendo de escenas al azar en varias películas. En ese sentido, su sucesor espiritual es el gato anaranjado de *Inside Llewyn Davis*, también interpretado por varios felinos, descrito por el director Joel Coen como “un dolor en el trasero”. Como dice Coen, los perros suelen querer complacer; a los gatos poco les interesa, lo que atrae aún más nuestra atención. Es como ver un bebé en una película: te impacta la ternura y luego, quizás, la sensación extraña de que por un momento ves a alguien en pantalla que no puede estar “actuando” en el sentido tradicional. Para los bebés y los gatos, las escenas son reales, sin importar si involucran tramas absurdas, directores de funeraria asesinos o socialités falsas (y sin importar si al gato en cuestión le importa siquiera). Hasta los actores humanos más intensos están *pretendiendo*. Orangey, en todas sus formas indeterminadas, realmente *vive* las películas.