La dirección oriolana abordó FITUR como si de una excursión sufragada por los contribuyentes se tratara. Un cálculo conservador sitúa a Vegara, Mestre, Ortuño y un séquito de aproximadamente otras 77 personas en Madrid durante una feria de una semana, todo costeado por los tributarios de Orihuela.
La Feria Internacional de Turismo (FITUR) está concebida como una plataforma para la promoción estratégica, la oportunidad económica y el desarrollo turístico serio. Torrevieja lo comprendió. Presentó una presencia pulcra, con propósito y bien concurrida. Exhibieron una ciudad con un plan.
Mientras, el liderazgo de Orihuela trató FITUR como una excursión pagada con fondos públicos.
Un estimación conservadora cifra en Vegara, Mestre, Ortuño y un cortejo de aproximadamente 77 personas más en Madrid para una feria de siete días. Son 80 personas —ochenta— enviadas para promocionar ¿qué? Un Mercado Medieval. Un evento único, de pequeña escala y carácter local, con un valor estratégico nulo en un foro turístico global.
La disparidad absoluta entre la magnitud de la delegación y la insignificancia del producto que promocionaron es pasmosa. FITUR es el lugar donde las ciudades presentan inversión, infraestructura, innovación y estrategias turísticas a largo plazo. Orihuela presentó una feria artesanal de fin de semana.
Las implicaciones económicas son ineludibles. Una semana en Madrid durante FITUR no es barata.
Hoteles a tarifas de temporada alta de la feria, gastos de stand, transporte, comidas, dietas, tiempo de personal, logística, material…
Multiplíquese eso por 80 asistentes y la factura se vuelve astronómica. ¿Y a cambio de qué rendimiento medible?
Es más que dudoso que alguna de estas reservas se realizara mediante portales competitivos en línea o canales de ahorro. Cuando el dinero público se trata como ilimitado, la eficiencia nunca es prioritaria. El patrón es conocido: gasto máximo, escrutinio mínimo, responsabilidad cero.
El mero tamaño de la delegación sugiere que el viaje tuvo menos de promoción turística y más de teatro político: una oportunidad para fotos, autopromoción y contenido para redes sociales disfrazado de “trabajo”. El público paga; los políticos posan.
FITUR debería haber sido el momento para destacar la Orihuela Costa, el motor de la economía turística municipal. La costa genera el 90% de los ingresos por turismo, atrae al mercado internacional y sostiene a los negocios locales todo el año. Sin embargo, una vez más, fue ignorada, relegada y tratada como una idea tardía.
En lugar de promocionar las playas, infraestructuras, turismo deportivo, gastronomía u oportunidades de inversión internacional, la dirección eligió destacar un Mercado Medieval que contribuye prácticamente nada a la estrategia turística a largo plazo de la región. Es la definición de prioridades desalineadas.
La narrativa de Vegara y compañía es previsible: “gran visibilidad”, “reuniones importantes”, “excelente promoción”. Pero ¿dónde están las pruebas?
No hay nuevas alianzas. No hay anuncios de inversión. No hay acuerdos estratégicos. No hay resultados cuantificables.
El único resultado visible es una factura cuantiosa y un insulto aún mayor para los contribuyentes que la financiaron.
El contraste con Torrevieja es doloroso. Ellos exhibieron una ciudad con ambición. Orihuela exhibió un puesto. Torrevieja llevó un plan. Orihuela llevó una feria de disfraces. Torrevieja invirtió en desarrollo turístico. Orihuela invirtió en una excursión política.
Los residentes de la costa —que generan los ingresos turísticos que mantienen a flote al municipio— no recibieron nada. Ni promoción. Ni estrategia. Ni visión. Solo otro recordatorio de que su contribución se da por sentada mientras se ignoran sus necesidades.
FITUR pudo haber sido una oportunidad. En su lugar, se convirtió en un símbolo de despilfarro, vanidad y autoindulgencia política. El público merece algo mejor que este espectáculo negligente, carente de rumbo y fiscalmente irresponsable.