La NASA se prepara para la misión Artemis II, el primer vuelo tripulado a la Luna en más de 50 años.
Crédito: X – Centro Espacial Kennedy de la NASA
@NASAKennedy
Por primera vez en más de medio siglo, los astronautas se preparan para viajar de nuevo hacia la Luna. No para aterrizar. No para plantar banderas. Solo para llegar hasta allí, rodearla y regresar a casa.
Eso por sí solo revela mucho sobre el ambiente actual en la NASA.
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Un retorno a la órbita lunar, no una repetición del Apolo
Artemis II será la primera misión lunar tripulada desde el Apolo 17 en 1972. Cuatro astronautas abordarán la cápsula Orion y pasarán unos diez días viajando mucho más allá de la órbita terrestre baja, rodeando la Luna antes de regresar a velocidades que ponen a prueba los límites de la nave.
No habrá aterrizaje. Y es deliberado.
Esta misión tiene un único propósito: demostrar que la nave, el cohete y el perfil de reentrada funcionan cuando hay vidas humanas a bordo. Todo lo demás –incluido un futuro alunizaje– depende de eso.
La NASA ha sido cuidadosa en no exagerar su importancia. No es nostalgia del Apolo. Es infraestructura.
Por qué el 8 de febrero es un escenario ideal, no una promesa
El lanzamiento se esperaba originalmente a principios de febrero, pero los ajustes técnicos y el famoso clima impredecible de Florida modificaron rápidamente el plan.
El mayor contratiempo ocurrió cuando las malas condiciones obligaron a la NASA a posponer un ensayo clave en el Centro Espacial Kennedy. Conocido como el Ensayo General con Combustible, es lo más parecido a un lanzamiento real sin despegar, e implica el llenado completo de combustible del cohete del Sistema de Lanzamiento Espacial.
Sin esa prueba completada, no había un camino realista hacia el despegue.
En este momento, la NASA maneja tres fechas posibles en febrero: el 8, el 10 y el 11. Si se pierden esas ventanas, la misión se desplazaría a marzo, siendo abril una opción de respaldo adicional.
Incluso ahora, la decisión final dependerá del clima, las verificaciones de último minuto y un grado de prudencia que la NASA ha aprendido, por las malas, a no ignorar.
El problema del escudo térmico que nadie ignora
Una razón por la que Artemis II se maneja con tanto cuidado es un problema detectado durante Artemis I, el vuelo de prueba no tripulado realizado en 2022.
Cuando la Orion regresó a la Tierra, los ingenieros hallaron daños inesperados en su escudo térmico –el componente que protege la cápsula durante la fase más violenta de la reentrada, cuando las temperaturas se disparan.
Algunos expertos cuestionaron si era prudente volar con astronautas sin comprender plenamente lo sucedido.
La NASA sostiene que sí comprende el problema. Según la agencia, el escudo térmico funcionó dentro de los límites aceptables y los datos recopilados han permitido a los ingenieros gestionar el riesgo.
Aún así, incluso los partidarios de la misión reconocen que Artemis II conlleva un riesgo más alto de lo habitual. Este no es un vuelo rutinario. Es, por diseño, un paso hacia un territorio que no se ha probado con humanos desde hace décadas.
Una tripulación que ya vive en hora de lanzamiento
Aunque el calendario sigue siendo incierto, la tripulación ya ha entrado en modo de lanzamiento.
Los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, junto al astronauta canadiense Jeremy Hansen, se encuentran actualmente en cuarentena preventiva –un procedimiento estándar para evitar cualquier enfermedad que pudiera forzar un retraso de último minuto.
Para los astronautas, este período de espera puede ser mentalmente más duro que el vuelo mismo. El entrenamiento ha concluido. Los sistemas están listos. No queda nada más que esperar una luz verde que puede llegar o no.
Por qué esta misión importa más de lo que parece
En teoría, Artemis II puede parecer modesta. Sin aterrizaje. Sin operaciones dramáticas en la superficie. Sin titulares instantáneos.
En realidad, es una de las misiones más importantes que la NASA ha planificado en años.
Si la Orion rinde según lo esperado –especialmente durante la reentrada–, despeja el camino para Artemis III, la misión destinada a devolver a los humanos a la superficie lunar. Si algo sale mal, el programa se ralentiza, siguen rediseños y los plazos se extienden aún más hacia el futuro.
Las ambiciones a largo plazo de la NASA, incluida una presencia sostenida alrededor de la Luna y eventuales misiones a Marte, dependen de lo que ocurra durante este vuelo relativamente breve.
Por eso la agencia se está tomando su tiempo.
Un momento de calma antes de una decisión definitoria
Todavía no hay campañas de cuenta atrás. Ni grandes discursos. Solo declaraciones cautas y una planificación meticulosa.
La NASA sabe que la Luna no se va a ir. El verdadero desafío es llegar allí con seguridad –y demostrar que puede hacerse de nuevo, en un panorama tecnológico y político muy distinto al que produjo el Apolo.
Ya sea que Artemis II despegue el 8 de febrero, más tarde en el mes o hasta la primavera, la misión marcará un punto de inflexión. No por adonde vaya, sino por lo que demuestre.
A veces, los viajes más importantes son aquellos que no se apresuran en hacer historia.