La Obesidad en la Adolescencia Eleva el Riesgo de Infecciones Graves en la Edad Adulta

La obesidad adolescente se está convirtiendo sutilmente en una de las crisis sanitarias más apremiantes de nuestro tiempo. En los Estados Unidos, casi uno de cada cinco adolescentes entre 12 y 19 años está ahora clasificado como obeso. A nivel global, las tasas de obesidad entre los jóvenes se han cuadruplicado desde los años noventa, y hoy más de 160 millones de personas de 5 a 19 años viven con obesidad.

Aunque a menudo se recomiendan cambios en el estilo de vida, revertir las tendencias de la obesidad dista mucho de ser simple. Muchas familias se enfrentan a barreras como el acceso limitado a alimentos saludables, la falta de tiempo y los hábitos profundamente arraigados, lo que dificulta las intervenciones efectivas.

Esto sitúa a los adolescentes en una trayectoria peligrosa en la que el exceso de peso puede derivar en afecciones graves como enfermedades cardiacas, diabetes e incluso infecciones severas, a medida que cargan con esta carga, tanto literal como metafórica, hacia la edad adulta.

¿Pueden un IMC Alto y una Mala Condición Física en Adolescentes Predecir Infecciones Graves Posteriores?

Un nuevo estudio de la Universidad de Gotemburgo, publicado en el *Journal of Internal Medicine*, examinó si el peso corporal y la condición física durante la adolescencia tardía influyen en el riesgo de sufrir infecciones bacterianas graves décadas después.

El objetivo era examinar si el índice de masa corporal (IMC) y la capacidad cardiorrespiratoria (CRF) en la adolescencia tardía pueden predecir infecciones bacterianas severas en la adultez. Josefina Robertson, investigadora principal y profesora asociada de Enfermedades Infecciosas en la Universidad de Gotemburgo, explicó:

“Desde hace tiempo se sabe que un IMC alto y una mala condición física en la juventud son factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares y cáncer más adelante. Sin embargo, no se había estudiado previamente si estos factores están vinculados a infecciones bacterianas graves en la edad adulta”.

  • Números masivos para resultados contundentes — El estudio de cohorte basado en registros incluyó a casi un millón de hombres suecos, utilizando datos del Registro de Conscripción Militar Sueco, el Registro Nacional de Pacientes y el Registro Nacional de Causas de Muerte. Esto permitió a los investigadores realizar un seguimiento de los participantes durante más de 30 años.
  • ¿Cómo se realizó el estudio? Cuando los participantes se alistaron para el servicio militar en la adolescencia tardía, se midieron y categorizaron su IMC y condición física. Los investigadores luego compararon los resultados de infecciones —como neumonía bacteriana, sepsis e infecciones de las válvulas cardíacas— entre estos grupos. Para garantizar la precisión, el análisis ajustó por fuerza muscular, nivel socioeconómico y asma.
  • Hallazgos clave en el estudio actual — Se identificaron más de 44,000 casos de infecciones bacterianas graves durante el período de seguimiento, siendo la neumonía la más común, seguida de la sepsis. Los investigadores también observaron que:

    • El riesgo aumentaba progresivamente con el IMC, incluso comenzando en un peso normal-alto.
    • Los hombres con obesidad tenían una prevalencia de sepsis tres veces mayor y un riesgo de morir por ella cuatro veces mayor, en comparación con aquellos con un peso normal-bajo.
    • Una alta capacidad cardiorrespiratoria reducía el riesgo de contraer infecciones bacterianas y de fallecer a causa de ellas.

Uno de los autores del estudio, Birger Sourander, estudiante de doctorado en la Universidad de Gotemburgo y médico residente en el Hospital Universitario Sahlgrenska, enfatizó la importancia de fomentar hábitos saludables:

“Nuestros hallazgos subrayan la importancia de intervenciones tempranas para promover un peso saludable y actividad física ya en la adolescencia, para la salud futura tanto del individuo como de la sociedad en su conjunto”.

Los Fundamentos de la Obesidad

La obesidad es una condición de salud crónica definida por un exceso de grasa que altera el funcionamiento del cuerpo y aumenta el riesgo de enfermedades graves. Investigaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) muestran que la obesidad puede afectar profundamente la salud y el desarrollo, influyendo en el metabolismo, las hormonas, la salud cardíaca e incluso la función inmunológica.

  • La obesidad no fue siempre común — Durante la mayor parte de la historia humana, la comida era escasa, las comidas simples y la vida diaria exigía trabajo físico. De hecho, el exceso de peso solía señalar que alguien tenía acceso confiable a los alimentos. Esto comenzó a cambiar a finales del siglo XIX con la industrialización. Los trabajos se volvieron menos exigentes físicamente, las personas se movían menos y los alimentos baratos y densos en calorías se hicieron ampliamente disponibles.

    Con el tiempo, estos cambios hicieron que el aumento de peso fuera mucho más común. Para 1997, la OMS declaró la obesidad una epidemia global, y en 2013, la Asociación Médica Estadounidense la clasificó oficialmente como una enfermedad.

  • La grasa es más que solo energía almacenada — Hoy se sabe que la grasa corporal actúa como un órgano metabólico y endocrino complejo, emitiendo hormonas y señales químicas que afectan el metabolismo, el azúcar en sangre, la inflamación y la salud cardíaca. Cuando la grasa se acumula más allá de lo que el cuerpo puede manejar de forma segura, estas señales se desequilibran, aumentando el riesgo de afecciones graves como diabetes, enfermedades cardiacas e hígado graso —incluso en personas que no parecen visiblemente con sobrepeso.

    Por eso dos personas con el mismo IMC pueden tener resultados de salud muy diferentes: Depende de cuánta grasa tengan, dónde se almacene y cómo responda su cuerpo a ella.

  • Señales de alerta de la obesidad — Los síntomas comunes incluyen fatiga, dificultad para respirar, dolor articular y problemas metabólicos que tienden a empeorar con el tiempo. Si no se trata, la obesidad puede reducir significativamente la esperanza de vida y disminuir la calidad de vida general.
  • Las causas más comunes — La obesidad ocurre cuando la ingesta calórica es mayor a lo que el cuerpo quema; sin embargo, hay muchos otros factores involucrados más allá de los hábitos alimenticios. He aquí cinco razones comunes por las que esto sucede:

    • Malas elecciones dietéticas — Consumir alimentos ultraprocesados altos en calorías, ricos en azúcar refinada y grasa no saludable, crea un desequilibrio energético que lleva al almacenamiento de grasa con el tiempo.
    • Falta de actividad física — Las rutinas sedentarias reducen la quema de calorías, facilitando que el exceso de energía se convierta en grasa corporal.
    • Sueño insuficiente — Dormir mal altera las hormonas del hambre, aumentando el apetito y los antojos de alimentos densos en calorías.
    • Estrés crónico — Hormonas como el cortisol desencadenan comer en exceso y promueven el almacenamiento de grasa, especialmente alrededor del abdomen.
    • Genética y condiciones médicas — Ciertos genes y problemas de salud, como el síndrome de ovario poliquístico (SOP) o el hipotiroidismo, predisponen a las personas a ganar peso a pesar de tener hábitos saludables.

  • Adultos y niños son evaluados de manera diferente — Dado que los niños y adolescentes aún están creciendo, los médicos utilizan percentiles de IMC en lugar de los puntos de corte para adultos. Sobrepeso significa un IMC entre el percentil 85 y 94 para la edad y el sexo, y obesidad significa un IMC en o por encima del percentil 95. Este enfoque tiene en cuenta los estirones de crecimiento, la pubertad y las diferencias entre niños y niñas, mejorando así la precisión de la evaluación del peso.

Donde el IMC se Queda Corto

Durante años, el IMC ha sido la cifra de referencia para evaluar el peso y la salud.

Sin embargo, el verdadero problema es que el IMC puede ser engañoso y existen métodos mucho más precisos para medir la obesidad:

• La simplicidad del IMC es su mayor defecto — Se trata de una fórmula matemática rápida: tu peso se divide por tu altura al cuadrado. En el sistema estadounidense, la ecuación es la siguiente:

**peso (lb) ÷ [altura (in)]² × 703**

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. definen el IMC como una “herramienta de cribado”, no una medida diagnóstica.

Se clasifica en infrapeso (<18.5), sobrepeso (25 a 29.9) u obesidad (≥30). Pero aquí está la clave: el IMC no revela qué parte de tu peso es grasa o músculo, ni dónde se acumula esa grasa. Por ello, a menudo se etiqueta a deportistas como "obesos", mientras que personas con grasa visceral —asociada a diabetes y cardiopatías— pasan desapersividas. Además, el IMC ignora diferencias de sexo, raza, etnia, edad y nivel de actividad. La OMS ha ajustado los puntos de corte del IMC para asiáticos, quienes enfrentan mayores riesgos metabólicos con índices más bajos. No obstante, no existe una guía similar para poblaciones negras o latinas. • Existe un alto riesgo de diagnóstico erróneo — Personas etiquetadas incorrectamente como obesas podrían someterse a dietas, medicamentos o cirugías innecesarias. Mientras, individuos con un IMC normal pero con grasa visceral elevada suelen quedar sin tratamiento hasta desarrollar problemas crónicos. Estos errores impactan tanto la salud física como el bienestar emocional. • Otras formas de medir la obesidad — Los médicos suelen incorporar evaluaciones adicionales para obtener una imagen más precisa del riesgo. Estas son las principales alternativas al IMC: ◦ **Relación cintura-cadera** — Mide tu cintura en su punto más estrecho (sobre el ombligo) y tus caderas en su punto más ancho (a la altura de los glúteos). Utiliza una cinta métrica flexible y emplea la misma unidad (centímetros o pulgadas). Divide la medida de la cintura entre la de la cadera. Una proporción ideal ronda 0.8 para hombres y 0.7 para mujeres. Un resultado superior a 1.0 (hombres) o 0.85 (mujeres) indica alto riesgo. ◦ **Relación cintura-altura** — Mide tu cintura (punto más estrecho) y tu altura en la misma unidad. Divide la medida de la cintura entre tu altura. Una proporción ideal está entre 0.40 y 0.49. Un rango de 0.50 a 0.59 sugiere riesgo aumentado, y 0.60 o superior señala un alto riesgo de enfermedades relacionadas con la obesidad. ## La Obesidad No Es un Fracaso Moral, Sino Celular Cuando tus células dependen excesivamente de la grasa como combustible —especialmente bajo estrés— puede haber consecuencias negativas. Descomponer la grasa requiere vitamina B2 (riboflavina), que impulsa al Complejo II, parte clave de la maquinaria energética mitocondrial. Si la riboflavina escasea, los electrones fluyen en reversa en un proceso denominado “flujo inverso de electrones”. En lugar de producir energía limpia, este reflujo inunda las células con especies reactivas de oxígeno (ROS). El cuerpo interpreta este aumento de ROS como una señal de estrés. Para protegerse, ralentiza el metabolismo y cambia a un modo de almacenamiento de grasa. En resumen, quemar grasa excesivamente no siempre adelgaza; a veces, prepara al cuerpo para ganar peso. En un podcast, expertos en bioquímica mitocondrial discutieron por qué la obesidad tiene más que ver con un metabolismo energético defectuoso que con comer en exceso. Su perspectiva desafía el viejo mantra de “calorías que entran, calorías que salen”. • **La experiencia personal moldeó su perspectiva** — Un investigador compartió que sus propias luchas con el peso lo llevaron a profundizar en la ciencia mitocondrial. Otro, con formación en informática, se fascinó con la bioquímica metabólica mediante investigación independiente. Juntos, buscan explicar por qué estrategias populares como la restricción calórica o las dietas cetogénicas suelen fracasar a largo plazo. • **Las grasas poliinsaturadas (PUFAs) alteran la quema de energía** — Cuando se consumen PUFAs —como el ácido linoleico (AL) presente en aceites vegetales— las células queman menos oxígeno. Esto puede sonar positivo, pero no lo es, ya que atrapa energía excesiva dentro de las células, que el cuerpo luego almacena como grasa. • **Estrés reductor: la acumulación oculta de energía** — Cuando las células tienen demasiada energía almacenada y poco oxígeno para procesarla, entran en un estado de estrés reductor. Enzimas clave se desactivan, bloqueando la quema de carbohidratos, mientras las grasas se oxidan parcialmente. Este estado de baja energía señala al cuerpo que almacene grasa en vez de quemarla. Se describió esto como un “interruptor” metabólico que se activa al detectar una sobrecarga energética. • **Las PUFAs imitan señales de hibernación en animales** — Se observó que ardillas y osos consumen grandes cantidades de PUFAs antes del invierno, ya que estas grasas reducen la temperatura corporal, enlentecen las funciones cerebral y reproductiva, e inducen un estado similar a la hibernación. “Realmente ganarás peso porque tu tasa metabólica caerá”, explicó uno de los expertos. • **Los efectos hormonales agravan el problema** — Las PUFAs no solo ralentizan el metabolismo; también imitan al estrógeno dentro de las células. El estrógeno, frecuentemente considerado una hormona femenina, actúa como una señal de estrés que hincha las células con agua y paraliza la producción de energía. “Las grasas poliinsaturadas imitan muy bien esos efectos del estrógeno”, añadió el experto, complicando aún más el panorama del almacenamiento graso. Para un análisis más detallado de esta discusión, puedes leer mi artículo “Causas y Soluciones de la Obesidad”. ## 5 Estrategias para Atacar la Causa Raíz del Aumento de Peso Si luchas contra el aumento de peso, los antojos o la fatiga constante, no se trata de pereza o falta de fuerza de voluntad. Tu cuerpo no está roto, sino atrapado en un modo de ahorro energético. La investigación muestra que el principal impulsor de la obesidad no es la falta de ejercicio, sino la dieta y su impacto en el metabolismo. Cuando las mitocondrias se saturan por alimentos modernos y toxinas ambientales, el cuerpo activa el modo de almacenamiento de grasa en lugar de quemar energía. Así puedes reiniciar tu metabolismo y recuperar el control: 1. **Elimina los aceites vegetales para frenar la sobrecarga de AL** — Las malas elecciones alimenticias, y no la falta de ejercicio, impulsan la obesidad. Comienza deshaciéndote de aceites de semillas como el de canola, soja, girasol, cártamo, maíz y uva. **Sustitúyelos por mantequilla de animales alimentados con pasto, ghee o sebo animal.** Evita el pollo y el cerdo, pues están cargados de ácido linoleico (LA), y elige en su lugar carne de res o cordero de pastoreo. **2. Disfruta de los carbohidratos adecuados para alimentar tus células.** Los carbohidratos no son el enemigo; de hecho, tu cuerpo funciona mejor con glucosa. ¿El verdadero problema? Consumir los carbohidratos equivocados, especialmente cuando el intestino está inflamado. Un intestino dañado libera endotoxinas que asfixian la función mitocondrial. Si sientes hinchazón, fatiga o tienes heces sueltas tras las comidas, tu intestino necesita un reinicio. Opta por carbohidratos de fácil digestión como la fruta y el arroz blanco, luego reintroduce gradualmente vegetales de raíz, legumbres y cereales integrales. Procura consumir unos 250 gramos diarios de carbohidratos saludables para apoyar el metabolismo. Evita los alimentos ultraprocesados, la comida basura y la comida rápida, ya que no solo añaden centímetros a tu cintura, sino que también **promueven enfermedades crónicas**. **3. Reduce el exceso de estrógenos y los disruptores endocrinos.** Si notas grasa abdominal persistente o te sientes agotado, el exceso de estrógeno podría ser parte del problema. El dominio del estrógeno desequilibra tu metabolismo y a menudo empeora por los disruptores endocrinos: químicos que imitan a las hormonas y confunden al sistema. Se ocultan en objetos cotidianos como envases de plástico, recibos e incluso productos de cuidado personal. Reduce la exposición usando vidrio para almacenar comida, rechazando recibos, eligiendo productos sin fragancia, ventilando tu hogar y filtrando el agua. **4. Reduce tu exposición a campos electromagnéticos (CEM).** Dormir junto al teléfono o dejar el Wi-Fi encendido toda la noche puede someter a tus mitocondrias a un estrés constante. Los CEM elevan el calcio intracelular, ralentizando la producción de energía. Poner el teléfono en modo avión por la noche, apagar el Wi-Fi y mantener los dispositivos fuera del dormitorio son formas simples de minimizar la exposición. Sustituye los auriculares Bluetooth por unos con cable y usa internet cableado cuando sea posible. **5. Muévete con regularidad.** Al pasar mucho tiempo sentado, tu cuerpo se vuelve menos eficiente utilizando la energía de los alimentos. Actividades sencillas como **caminar** a diario, hacer ejercicios de fuerza suaves o usar bandas de resistencia ayudan a tu cuerpo a quemar combustible mejor. No necesitas entrenamientos exhaustivos. Simplemente mover los músculos con regularidad ayuda a tu cuerpo a cumplir su función. Durante años, los consejos para perder peso se han centrado en soluciones rápidas: dietas extremas, pastillas y entrenamientos interminables. Pero el cambio real comienza al comprender qué impulsa el problema y realizar pequeños ajustes constantes que apoyen a tu cuerpo. No hace falta cambiarlo todo de la noche a la mañana. Empieza con una elección hoy y deja que el progreso se construya desde ahí. Cada paso que das para restaurar tu metabolismo te acerca a sentirte mejor, más fuerte y con mayor control. ### Preguntas Frecuentes (FAQs) sobre la Obesidad **P: ¿Qué reveló el estudio sueco sobre la obesidad en la adolescencia?**
R: El estudio de la Universidad de Gotemburgo, que siguió a casi un millón de hombres suecos durante más de 30 años, encontró que la obesidad al final de la adolescencia estaba vinculada a un riesgo mucho mayor de infecciones bacterianas graves en la vida adulta, como neumonía y sepsis. El riesgo aumentaba progresivamente con un IMC más alto y era menor en aquellos con buena condición física.

**P: ¿Por qué mucha gente recupera peso después de hacer dieta?**
R: La mayoría de las dietas enfatizan la restricción calórica pero pasan por alto cómo genera energía el cuerpo. Bajo estrés, las células ralentizan el metabolismo y almacenan más grasa, lo que conduce a una frecuente recuperación del peso, especialmente tras finalizar dietas restrictivas.

**P: ¿Realmente marca la diferencia la condición física en la juventud?**
R: Sí. El estudio halló que una alta capacidad cardiorrespiratoria en la adolescencia reducía significativamente el riesgo de infecciones graves y muerte relacionada con infecciones en la edad adulta, incluso entre quienes tenían un peso corporal más elevado. Esto sugiere que la buena forma física puede compensar parcialmente algunos riesgos asociados a la obesidad.

**P: ¿Por qué el Índice de Masa Corporal (IMC) por sí solo no basta para evaluar el riesgo de salud a largo plazo?**
R: El IMC no indica la cantidad de grasa corporal ni su distribución. El estudio encontró que el riesgo aumenta incluso en niveles de IMC altos-normales, destacando que métricas como el perímetro de cintura, la condición física y la salud metabólica ofrecen una perspectiva más significativa que el IMC por sí solo.

**P: ¿Cuál es la forma más efectiva de reducir los riesgos de salud relacionados con la obesidad?**
R: El enfoque más efectivo se centra en apoyar la salud metabólica en lugar de realizar dietas extremas. Esto incluye mejorar la calidad de la comida, reducir los alimentos ultraprocesados y los aceites de semillas, elegir carbohidratos nutritivos y mantenerse físicamente activo.

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