En un año en el que se preveía que las tendencias de viaje girarían en torno a aventuras de alta tecnología y escapes de eco-lujo, una actividad discreta ha revolucionado el mundo vacacional y está afectando negativamente a los restaurantes, relacionándose con los alquileres vacacionales de corta duración: el turismo de supermercado.
El fenómeno de 2026, por el cual trotamundos acuden en masa a supermercados locales, mercados de alimentación y tiendas de barrio para sumergirse en la cultura, ha pillado a la industria completamente desprevenida. Se dice que ha sido impulsado por los costes desorbitados de las atracciones, la masificación de los sitios tradicionales y el encanto de las experiencias auténticas; los turistas intercambian bulliciosos monumentos por pasillos repletos de snacks regionales y productos básicos cotidianos. Pero, ¿qué impulsa realmente esta tendencia?
La explosión de los alquileres de propiedades a corto plazo como Airbnb, que incluyen cocineta, permitiendo a los visitantes elegir y cocinar sabores locales en su “hogar” temporal alquilado, y el poder viral de las redes sociales, donde se comparan las compras en mercados españoles o en los *konbini* de Tokio con la compra habitual en el país de origen. Como revela la investigación de Hilton, un asombroso 77 por ciento de los viajeros participa ahora en esta peculiar práctica, y un 35 por ciento planea incluir paradas en supermercados en su próxima excursión.
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¿Qué es el turismo de supermercado?
El turismo de supermercado, o turismo alimentario, cambia radicalmente el concepto de turismo tradicional. En lugar de hacer cola para ver monumentos, los viajeros, especialmente los mochileros, se adentran en las tiendas de alimentación locales para descubrir el alma de un destino a través de lo que hay en sus estanterías. Basta con echar un vistazo a Facebook para ver a británicos de vacaciones en España maravillándose con los productos de Mercadona para comprobar hasta dónde ha llegado esto. Se trata de descubrir snacks hiperlocales, envases curiosos y precios asombrosamente bajos que revelan hábitos diarios y preferencias culturales. Desde adquirir quesos artesanales en un hipermercado francés hasta hacerse con sabores exóticos de CocaCola en una tienda de conveniencia japonesa (¡que no venden en casa!), o alcohol muy barato en Alcampo, la tendencia transforma la compra mundana en una aventión instagrameable que deja boquiabierto.
El inesperado auge de las visitas a supermercados en 2026
Nadie previo que el turismo de supermercado se convertiría en la tendencia revelación de 2026, pero el aumento de las tarifas de entrada en sitios icónicos –como la subida del 45 por ciento en el Louvre para no europeos, seguida de las colas de dos horas para entrar– ha empujado a los exploradores con presupuesto ajustado hacia alternativas gratuitas o de bajo coste.
Los supermercados actúan como microcosmos culturales, ofreciendo destellos sin filtrar de los estilos de vida locales sin las trampas para turistas. En Tokio o Seúl, los visitantes se maravillan con el énfasis en la frescura y la calidad; en los zocos marroquíes, los ojos de cordero aportan un cierto valor *shock*, mientras que en Málaga o París, son los bulliciosos mercados centrales rebosantes de delicias regionales los que proporcionan ese instante perfecto para Instagram; muchos de estos mercados se están reconvirtiendo deliberadamente para incluir elementos que atraigan específicamente a turistas, en lugar de abastecer solo a la población local. Este cambio no es solo económico; es emocional, evocando los nostálgicos viajes de la infancia a las tiendas mientras proporciona una conexión universal a través de la comida en un mundo cada vez más globalizado.
Mercado de San Miguel en Madrid – Lejos de ser un mercado de alimentación normal.
Credit: Mecado de San Miguel
El papel de las redes sociales: Compartir hallazgos y comparaciones con casa
Las redes sociales son parte integral de la tendencia del turismo de supermercado, con TikTok e Instagram convirtiendo las “cazas” de snacks en sensaciones virales que acumulan millones de visualizaciones. Los turistas publican con entusiasmo sus hallazgos, a menudo comparándolos con los productos habituales en su país. “¡Este sabor de patata frita francés nunca triunfaría en el Reino Unido!” o “¿Por qué no tenemos estos eficientes platos preparados japoneses en casa?” se convierten en pies de foto habituales, generando debates e inspirando viajes imitativos. Estas publicaciones no solo ofrecen consejos prácticos, como recomendaciones de pasillos, sino que también posicionan a los supermercados como lugares de visita obligada, ampliando el alcance de la tendencia y transformando la compra cotidiana en una experiencia compartible y aspiracional.
Para aquellos que sueñan con tener un bar frente al mar en las Costas y ganar una fortuna en 2026, quizás el camino trillado no sea la única oportunidad disponible. Tal vez invertir en una tienda de alimentación que venda productos hiperlocales sea la clave del éxito.