Plan de 17.000 viviendas en Málaga

El rápido crecimiento de Málaga ha intensificado la presión sobre la vivienda en toda la ciudad.

Crédito: Eduardo Frederiksen, Shutterstock

Málaga ha prometido mucho en materia de vivienda con anterioridad. Esta vez, sin embargo, la cifra es difícil de ignorar.

Diecisiete mil viviendas nuevas.

Eso es lo que la alcaldesa de la ciudad ha puesto sobre la mesa con un nuevo plan municipal de vivienda diseñado, al menos en teoría, para aliviar la presión que ahoga a los residentes desde hace años. El alza de los alquileres, los precios de venta desorbitados y la sensación de que la ciudad se escapa del alcance de sus propios habitantes han colocado la vivienda en lo más alto de la agenda política.

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El anuncio se produjo esta semana con el previsible ruido mediático. Pero en la calle, la reacción ha sido más comedida. Menos aplausos y más escepticismo.

Porque para cualquiera que intente alquilar o comprar en Málaga ahora mismo, las promesas no pagan la fianza.

Intentando poner orden en el crecimiento caótico de Málaga

El Ayuntamiento insiste en que esta vez es diferente. En lugar de que las promociones de viviendas surjan de manera dispersa y oportunista, el consistorio afirma querer un único plan estructurado que guíe dónde y cómo crece Málaga.

Las 17.000 viviendas se distribuirían por varias zonas del término municipal, combinando suelos urbanos infrautilizados con nuevas áreas de expansión. El objetivo, según la alcaldía, es aliviar la presión en el centro histórico y en los barrios costeros más cotizados, donde la demanda ha elevado los precios muy por encima de los salarios locales.

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Los responsables argumentan que, sin este tipo de enfoque coordinado, Málaga se arriesga a convertirse en una ciudad donde la gente trabaja pero ya no puede permitirse vivir.

Es una preocupación habitual, y que resulta más difícil de desestimar a medida que más residentes de largo recorrido se ven forzados a mudarse a la periferia.

La vivienda asequible toma protagonismo – al menos en teoría

Uno de los puntos fuertes del plan es su foco en la vivienda protegida y asequible. El ayuntamiento afirma que una parte significativa de las nuevas viviendas no se venderá ni alquilará a precios de mercado libre, sino que se reservará para personas que cumplan ciertas condiciones de ingresos y residencia.

Se menciona repetidamente a los jóvenes, las familias locales y los trabajadores esenciales como los beneficiarios previstos.

Ese énfasis es crucial. El boom inmobiliario de Málaga no ha sido impulsado solo por el crecimiento poblacional, sino por una demanda externa –turismo, compradores de segunda residencia, teletrabajadores e inversores internacionales–, todos compitiendo en un mercado limitado.

Para muchos autóctonos, la sensación ha sido que la ciudad prospera, pero no para ellos.

El mensaje del Ayuntamiento es que aumentar la oferta por sí solo no basta. El tipo de vivienda también importa. Que esas protecciones se mantengan una vez que entren en escena los promotores y los plazos es otro asunto completamente distinto.

Las viviendas son inútiles sin colegios, autobuses y centros de salud

En su favor, el plan no se limita a las cifras de viviendas. El consistorio afirma que los nuevos desarrollos incluirán espacios para colegios, centros de salud, zonas verdes y servicios públicos, en lugar de repetir errores pasados donde los residentes se instalaban años antes de que llegaran los servicios básicos.

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Es un reconocimiento implícito de que el crecimiento anterior no siempre estuvo bien planificado.

Junto a la estrategia de vivienda, la ciudad ha esbozado un paquete más amplio de mejoras urbanas: conexiones viarias, enlaces de transporte público, carriles bici y espacios públicos renovados. La intención es evitar crear barrios aislados que dependan por completo del coche y de infraestructuras sobresaturadas.

Los residentes que han visto a nuevas zonas sufrir con el tráfico y servicios deficientes esperarán que esas lecciones se hayan aprendido de verdad.

Por qué la presión no cesa

El éxito de Málaga es parte del problema. La ciudad se ha convertido en uno de los lugares más deseables de España para vivir, trabajar y visitar. El turismo se mantiene fuerte, mientras que los profesionales internacionales y los teletrabajadores han añadido una nueva capa de demanda.

Al mismo tiempo, el mercado de alquiler a largo plazo se ha visto estrangulado por el crecimiento del alojamiento turístico, especialmente en los distritos centrales y costeros. El ayuntamiento ya ha actuado para limitar nuevas licencias turísticas en algunas zonas, y se pretende que el plan de vivienda complemente ese enfoque.

La lógica es sencilla: si la demanda sigue aumentando, la oferta también debe hacerlo, especialmente la oferta destinada a residentes, no a visitantes.

Del anuncio a la realidad: la parte difícil

La alcaldesa ha cuidado de no exagerar los plazos. Estas 17.000 viviendas tardarán años en materializarse. Algunos solares ya tienen un planeamiento avanzado. Otros requerirán trámites prolongados, obras de infraestructura y negociaciones con promotores.

También hay realidades económicas. Los costes de construcción siguen elevados. Las condiciones de financiación pueden cambiar. Y los promotores privados podrían vacilar si la rentabilidad se vuelve incierta.

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Quizás la prueba más grande será la aplicación. Asegurar que las cuotas de vivienda asequible se entreguen según lo prometido –y no se reduzcan discretamente– determinará si este plan cambia realmente vidas o simplemente titulares.

Esperanza, duda y una pregunta familiar

Entre los residentes, la respuesta hasta ahora ha sido ambivalente. Hay alivio porque el ayuntamiento aborde por fin el problema a gran escala, pero también un escepticismo arraigado tras años de ver cómo los precios subían más rápido que las soluciones.

Los promotores, por su parte, ven tanto oportunidad como restricción. Una estrategia municipal clara ofrece certidumbre, pero también conlleva condiciones que afectan a los márgenes y los calendarios.

Qué podría suponer para Málaga

Para los inquilinos y los compradores primerizos, este plan no traerá un alivio inmediato. Pero si cumple siquiera parte de lo prometido, podría empezar a frenar la presión implacable que ha definido el mercado.

Para los inversores, Málaga sigue siendo atractiva, pero la señal del Ayuntamiento es clara: el crecimiento continuará, pero no sin reglas.

Diecisiete mil viviendas es una promesa ambiciosa. Que se convierta en un punto de inflexión para Málaga, o solo en otra cifra que se difumina con el tiempo, dependerá de una cosa por encima de todas.

Cuántas de esas viviendas se construyen realmente, y para quién.