Los taxistas de MÁLAGA se encuentran indignados tras el asalto violento sufrido por dos de sus compañeros en ataques con menos de una semana de diferencia.
Según los informes, los agresores fueron hombres jóvenes: a uno de los conductores lo amenazaron con un arma de fuego y al otro lo atacaron con un cuchillo de grandes dimensiones.
Estos incidentes, ocurridos en el barrio de Palma-Palmilla, han generado una gran alarma dentro del colectivo taxi de Málaga, que ahora exige a las administraciones ayudas económicas para instalar cámaras de vigilancia en los vehículos.
Cada dispositivo tiene un coste aproximado de 800 euros, y algunos profesionales ya han tenido que costearlos de su propio bolsillo para poder trabajar con seguridad.
Las asociaciones del sector, la Confederación del Taxi de la Costa del Sol y la Asociación Unificada de Autónomos del Taxi de Málaga, han solicitado auxilio tanto a la Junta de Andalucía como al ayuntamiento malagueño.
Sus peticiones se centran en obtener subvenciones para las cámaras y una mayor protección por parte de las fuerzas de seguridad.
Un portavoz, subrayando el impacto psicológico de los atracos, explicó que los conductores desempeñan su labor “en soledad, durante la noche y en condiciones de vulnerabilidad”.
Añadió: “Cuando un cliente sube y anuncia que se dirige a una zona socialmente aislada, nuestro cuerpo se tensa; máxime si, acto seguido, nos apunta con un arma”.
El sector aclara que no pide un cambio radical, sino simplemente que Málaga se equipare a otras comunidades.
Galicia ya ha destinado fondos públicos para este fin, y en Finlandia su instalación es obligatoria en todos los taxis, un nivel de protección que los profesionales malagueños consideran urgente.