‘Él usó la trompeta como un pájaro cantor’: 100 años de Miles Davis, según los grandes del jazz Sonny Rollins, Yazz Ahmed y otros

El arquitecto del álbum de jazz más vendido de todos los tiempos, *Kind of Blue* de 1959, el trompetista Miles Davis es una figura gigante en la historia del género. Con un tono penetrante, una sensibilidad melódica innata y un enfoque singularmente firme en el escenario, Davis pasó su carrera de cinco décadas liderando numerosos cambios de estilo: del bebop al jazz “cool”, el jazz modal, la fusión electrónica, el jazz funk e incluso el hip-hop. Siempre afinando su oído para nuevos talentos, convirtió sus bandas en incubadoras para artistas emergentes, dando oportunidades tempranas a pianistas como Herbie Hancock, Chick Corea y Keith Jarrett, saxofonistas como Sonny Rollins, John Coltrane y Wayne Shorter, y bateristas como Tony Williams y Jack DeJohnette.

Con 2026 marcando el centenario del nacimiento de Davis, le pedí a varios de sus colaboradores sobrevivientes que seleccionaran sus mejores grabaciones y hablaran de su influencia duradera, incluyendo a Rollins, de 95 años, que tocó con Davis en los 50; el guitarrista John Scofield y el saxofonista Bill Evans, quienes tocaron con Davis en sus grupos de fusión de los 80; y varias estrellas contemporáneas del jazz.

Sonny Rollins: ‘‘¡Sabíamos que con Miles era mejor no cometer errores!’

Miles Davis y Sonny Rollins en el escenario del New York Jazz Festival, 1957. Fotografía: Bob Parent/Getty Images

Conocí a Miles cuando era joven y pronto nos hicimos muy buenos amigos. Él se mudó al norte de Nueva York, donde yo vivía, y venía a mi casa para hablar de música y del estado del jazz. Un día, poco después de empezar a pasar tiempo juntos, estábamos en un taxi y él se volteó hacia mí y dijo que me parecía al gran jugador de béisbol Don Newcombe. Desde entonces me llamaba “Newk”, y el apodo se quedó.

Era muy sincero y muy serio con la música. Cuando empezamos a tocar juntos, practicábamos por horas y horas, y aunque todos en sus bandas lo querían y admiraban, ¡sabíamos que al tocar con Miles era mejor no cometer errores! Él escuchaba cada nota que cada uno tocaba, y todos aprendíamos algo diferente de su sabiduría. No quería ser como los otros líderes de bandas y no quería mirar hacia atrás. Su música tiene un carácter que es el sonido de ese cambio constante.

Miles Davis *Bluing* con Sonny Rollins.

La composición suya que más me encanta es *Four*. Se grabó al inicio de la carrera de Miles con un gran cuarteto de Horace Silver en piano, Percy Heath en bajo y Art Blakey en batería. Es una composición que marcó el ritmo para el jazz futuro, ya que empezó la tendencia de temas con un tempo y estructura de 32 compases similar. Fue una de las primeras piezas que tomó la actitud y confianza por la que Miles se hizo famoso. Realmente fue una de las mejores personas en el jazz y me enseñó mucho. Todavía lo escucho en muchos jóvenes de hoy: tocan como Miles si pueden.

Terence Blanchard: ‘Él no se arrodillaba ante la historia del jazz’

Terence Blanchard en el La Défense Jazz Festival, junio 2025, en Puteaux, Francia. Fotografía: Richard Bord/Getty Images

Miles no tocaba la trompeta como una trompeta; producía un sonido personal. Le interesaba mucho la melodía y la fraseo, en vez de tocar muchos pasajes con notas para alardear de técnica, y siempre tocaba el momento, ya que lo que pasaba en la música en ese instante dictaba lo que expresaba con su trompeta. Eso es, en última instancia, lo que ha mantenido toda su música fresca.

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Uno de los primeros discos de jazz que tuve fué el álbum en vivo Miles Davis *Four & More* cuando tenía 15 años. Desde la primera nota alta y trinada que toca, hasta los baladas que interpreta con un tono directo y sin vibrato, era diferente a todo lo que había escuchado. Cuanto más aprendía sobre la historia del jazz, más me daba cuenta de lo diferente que era este tipo, ya que venía de la tradición de Dizzy Gillespie y Fats Navarro, tipos que sonaban con mucha fuerza, e incluso tocó con Bird [el pionero del bebop Charlie Parker]. Pero en vez de tocar rápido o fuerte, eligió tocar suave. Venía de la historia de la música pero no se arrodillaba ante ella: fue mi primera indicación de que el jazz nunca debe estancarse, siempre debe estar creciendo.

Tuve la oportunidad de conocerlo entre bastidores en un festival en Perugia, Italia, en los 80, y me llamó. Me sorprendió que supiera quién era yo. Tenía esa voz rasposa característica y solo dijo: “Terreeeeence, sigue haciendo lo que haces, cabrón”. Voy a tocar algunos conciertos tributo a Miles este año, pero no intentaré sonar como él. En cambio, la mejor manera de honrarlo es tocar como yo mismo, pues eso es exactamente lo que él siempre hizo. Era tan valiente.

John Scofield: ‘A veces te llamaba al día siguiente para hablar de tu forma de tocar’

Miles Davis y John Scofield en la Grande Parade du Jazz en Niza, julio 1985. Fotografía: Patrick Aventurier/Gamma-Rapho/Getty Images

Me uní a su banda a principios de los años 1980. Fue un honor aprender de él. Le encantaba discutir todas las formas en que podíamos tocar jazz o las mentalidades para permitirse improvisar y crear magia simplemente dejándose llevar. Mi principal lección de Miles fue notar cómo tocaba con la banda y qué líder de banda tan feroz era. Grababa cada concierto que hacíamos y a veces te llamaba al día siguiente para hablar de tu forma de tocar: nos guiaba a todos sin miedo.

‘Nos guiaba a todos sin miedo’ … Davis en el escenario del Congreso de París, octubre 1983. Fotografía: Joel Robine/AFP/Getty Images

Su *groove* y ritmo son perfectos; podía tocar jazz rítmico muy bien y era excelente sabiendo exactamente dónde colocar cada nota.

**Melissa Aldana: ‘Con solo una nota, ya sabés que es él’**
Siempre nos hablaba de dejar espacio para que la música se integre, respire y avance en nuestros solos. Cuando lo escucho ahora, su música nunca se siente vieja.

Me encanta *So What*: una composición genial porque está construida solo sobre dos acordes menores. Como músicos de jazz, todos hemos tocado *So What* a lo largo de los años, y es una de las piezas más difíciles de tocar bien porque hay tantas posibilidades sobre esos acordes y tienes que elegir hacia dónde ir. Él marcó el tono del jazz moderno al crear esa sensación de espacio y silencio en su sonido.

Cuando escuchas sus grandes cuartetos, especialmente con Wayne Shorter, puedes oír cómo permite que la gente se exprese sin miedo a lo desconocido. Todos tienen una cierta telepatía, y se necesita un verdadero líder para sacarla a la luz. No hay ego en la música, a pesar del fuerte carácter de Miles. Todos están comprometidos con la visión más amplia de cómo cuentan juntos la historia de la música.

Además, con solo una nota ya sabes que es Miles. No se puede tocar así sin ser espiritual; tienes que estar en contacto con algo superior para tener ese sonido.

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**Jay Phelps: ‘Ser una superestrella en ese entorno significaba que no siempre era el más simpático’**
He escuchado a mucha gente decir que Miles no tiene tanto brillo técnico como otros intérpretes, pero la grabación en vivo de *Lady Bird* de 1951 es lo que uso para defenderlo. En esos primeros años puedes escuchar claramente que llegó a un estado de excelencia técnica y encontró su sonido dentro del bebop para tocar rápido y agudo. Y que, al final, a medida que su arte progresaba, eligió no continuar con ese sonido. Es como Picasso, capaz de pintar y dibujar con destreza antes de tomar otro camino.

Miles es uno de los primeros músicos en utilizar la trompeta no solo por su brillo staccato, sino como un pájaro cantor melódico. Nos mostró a los trompetistas como yo que podíamos bajar en lugar de subir para encontrar una cualidad bella dentro del instrumento. Cuanto más transcribo su obra ahora que soy más mayor, más me resultan evidentes los detalles idiosincráticos de su forma de tocar. Te das cuenta de cuán primordial es para él la melodía, y da mucho más tiempo para digerir lo que ha tocado en lugar de tocar un millón de notas todo el tiempo. Es un pensador profundo.

Actuar junto a un Miles Davis ficcionalizado en la obra de teatro de la que formé parte recientemente me ha permitido entenderlo más, a él y a su vida. Puedo apreciar el impulso que tuvo para superar las tensiones raciales de la época en que vivió. Convertirse en una superestrella en ese entorno es tan raro, y significaba que no siempre era el tipo más agradable. Sin embargo, su música siempre se siente tan cálida y humana.

**Bill Evans: ‘Me enseñó a confiar en mis instintos’**
Miles tenía una forma de escribir una canción o formar una banda que parecía que tocaba para una sola persona; era muy personal y es algo que trato de emular.

Terminé en su banda porque su saxofonista, Dave Liebman, me recomendó, y luego yo recomendé a [el bajista] Marcus Miller, [el guitarrista] Mike Stern y a John Scofield. Me enseñó a confiar siempre en mis instintos y tocar la música que me inspira a tocar y escribir. Me dijo: “Tú, Wayne Shorter, Herbie Hancock… no me preocupo por ustedes. Siempre habrá un lugar en la música para ustedes. Sean ustedes mismos”.

A la gente le encantan los iconos, y Miles era un líder nato; era carismático y ayudó a cambiar el sonido de la trompeta. Aunque había trompetistas con mejor técnica, Miles tenía su propio sonido.

**Ambrose Akinmusire: ‘Me encanta su período de los 80 con cuero’**
No veo a Miles Davis como un compositor, sino más bien como un productor o director. Es un gran trompetista, pero también es un tipo que ama el espectáculo y cambiarse a sí mismo y a su banda por completo con cada nueva era. Siempre lucía y hablaba como sus álbumes, y era difícil distinguir dónde terminaba el arte y dónde comenzaba él, ya que todo era una sola cosa. Me encanta su período posterior de los 80, cuando lleva cuero, abraza la electrónica, los ritmos de backbeat y el hip-hop, y cede su plataforma a otra generación.

Lo que amo de Miles es lo mismo que amo de Dizzy Gillespie, Joni Mitchell o Björk, que es que se preguntan a diario si son la misma persona que ayer. Es este cuestionamiento constante lo que es importante, y es lo que yo también trato de aplicar en mí mismo.

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He tocado con muchos miembros de la banda de Miles a lo largo de los años, desde Jack DeJohnette hasta Dave Holland, Wayne Shorter, Herbie Hancock y Ron Carter, y todos ellos también están comprometidos activamente con la juventud y la continuación de la música. No solo tocan con sus pares, tienen un compromiso continuo de transmitir esta música y están en constante cambio. Ese es el legado de Miles para mí: seguir moviéndote y cambiar todo tu rollo si es necesario.

**Yazz Ahmed: ‘Los estudiantes de jazz todavía sienten reverencia por él’**
Me encanta el disco *Live-Evil* de Miles porque es una mezcla increíble de pistas en vivo y composiciones de estudio editadas juntas. Está muy adelantado a su tiempo, y la primera pista del álbum, *Sivad*, es una obertura increíble que resume lo que está por venir. El ritmo y la fraseo del primer tema de Miles en la pista recuerda al hip-hop temprano, unos años antes de que el hip-hop siquiera fuera conocido popularmente, mientras que todo el álbum también está muy inspirado en Jimi Hendrix; por ejemplo, en esa primera frase usa un pedal *wah-wah* para sonar como una guitarra. Hay un contraste emocionante y hermoso cuando quita el pedal y se escucha su sonido natural – es casi impactante. El segundo movimiento viene de un *riff* de piano de Keith Jarrett y luego hay una edición de estudio brutal que deriva en una pieza casi balada, lo cual es de nuevo una gran sorpresa.

**Kind Of Blue, 1959.** Fotografía: Madi/Alamy

La forma melódica de tocar de Miles es tan distintiva porque él es un gran compositor espontáneo: es una habilidad real crear composiciones melódicas en el momento. Siempre que he enseñado a estudiantes de jazz, aún existe una reverencia por Miles y son muy concientes de *Kind of Blue* – pueden tararear todos sus solos de ese disco.

### Brandon Woody: ‘La intensidad no está en el volumen. Está en la intención’

**Brandon Woody en Baltimore, abril de 2025.** Fotografía: The Washington Post/Getty Images

*Sorcerer* es un álbum del segundo gran quinteto de Miles, que produjo alguna de mi música favorita. Me encanta cómo ese grupo tocaba junto y, aunque Herbie Hancock compuso el tema *The Sorcerer*, Miles le da tanta vida a la composición porque el grupo estaba tan compenetrado y vulnerable entre sí después de pasar tanto tiempo de gira y tocando juntos. Me encanta cómo la melodía parece un hechicero o una serpiente moviéndose constantemente – está tan conectada a la energía de la canción.

Hay tanta convicción en cada nota que Miles toca. La intensidad no está en el volumen del sonido, sino en la intención detrás de este. Soy un músico de 27 años y es algo que muchos de nosotros, los jóvenes, tuvimos que aprender desde el principio. Miles dejaba espacio para que la sección rítmica lo apoyara y realmente permitía que la banda volara. Su sonido viene del grupo, nunca del individuo.

Nadie más abarcó tantos géneros como Miles, y sus grupos siempre fueron intergeneracionales – él mantenía el pulso de lo que era relevante. Incluso al final de su vida, su técnica no era tan buena pero la música nunca sufrió por ello: su sonido y confianza están presentes en cada nota.

*Miles.* está en el Southwark Playhouse, Borough, Londres, del 4 de febrero al 7 de marzo.

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