Necesito que me echen una mano, porque no logro comprender del todo las últimas cifras de desempleo de España.
La tasa de paro del país, situada en un 9,93% el último trimestre, es la más baja desde la crisis financiera de 2008 que afectó a España con especial dureza. No obstante, sigue estando entre las más elevadas de la Unión Europea y el desempleo juvenil persiste en cotas altas.
Y aquí radica la paradoja: al parecer, la inmigración ha sido un factor clave para tapar agujeros en sectores estratégicos para la creación de empleo. Pero no solo cabe preguntarse qué lugar ocupan entonces los jóvenes, sino también por qué tantas empresas mallorquinas se han quejado de escasez de personal durante todo el verano.
En lo que respecta a los jóvenes, y creo que la situación es análoga en toda Europa occidental, tengo la impresión de que a muy pocos les seduce la idea de trabajar duro, especialmente en Mallorca, donde la vida es bastante cómoda para muchos gracias a décadas de turismo.
Asimismo, la inmensa mayoría de mis amigos con hijos entre 22 y 30 años o bien ya trabajan en el extranjero o bien planean dar el paso; es decir, España está padeciendo una fuga de cerebros.
Por tanto, quizá convendría que los poderes públicos analizasen con mayor detenimiento las cifras de paro y quién está cubriendo los puestos de trabajo. Un ejemplo: hay un número similar de españoles trabajando en el Reino Unido que de britónes jubilados en España.