Una encuesta reciente preguntó a los lectores de Euro Weekly News: “¿Le preocupa el actual clima político internacional?”. Las respuestas revelaron una fuerte corriente subyacente de ansiedad, frustración y, en algunos casos, resignación. En conjunto, las respuestas pintan un panorama de un mundo que a muchos les parece cada vez más inestable, aunque no todos crean que preocuparse sea productivo.
Varias personas expresaron una sensación abrumadora de que el mundo se encamina en una dirección preocupante. Andy Solomons resumió este sentimiento crudamente: “Sí. El mundo se ha vuelto loco”. Judith D Altavista fue igualmente enfática: “Cualquier persona con cerebro estaría preocupada, por supuesto”. Estos comentarios reflejan la creencia de que la situación actual es evidentemente alarmante y necesita poca explicación adicional.
Para otros, la preocupación tenía su raíz en tendencias políticas específicas. Jeanette Lowe señaló “el auge del fascismo en la mayoría de los países”, subrayando el temor a que el autoritarismo se normalice. Garry Turner se centró en la rendición de cuentas en la vida pública: “Me molesta más que los políticos no sean contrastados por la prensa, especialmente en EE. UU., donde oyen a un político mentir pero no lo desafían”. Esta falta de escrutinio, en su opinión, permite que la desinformación florezca sin control.
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Algunos encuestados ampliaron el enfoque más allá de la política tradicional. Kevin Abram argumentó que la tecnología supone una amenaza mayor: “La IA y el embrutecimiento de la inteligencia son una preocupación mucho mayor. Hay niños (y adultos) que creen que lo de Tik-Tok es real; ese es el verdadero problema, lo que lleva a que incompetentes dirijan el mundo”. Tristan Clark hizo eco de esta inquietud, advirtiendo: “Creo que la gente debería preocuparse más de que una superinteligencia artificial tome el control en los próximos años. Los humanos perderían al instante la capacidad de comprender o dirigir el progreso. Y el cambio tecnológico será tan rápido que la sociedad tendrá dificultades para seguirle el ritmo”.
Los temores personales y generacionales también tuvieron un peso importante. Angela Edgley compartió una preocupación profundamente personal: “Me preocupa que el Reino Unido y España se conviertan cada vez más en países comunistas. Sin embargo, no puedo hacer nada al respecto, ni sobre la situación del resto del mundo. Mi principal inquietud es el futuro de los más jóvenes de mi familia”. En contraste, Steve Duffy adoptó una postura más filosófica, preguntando: “¿Por qué preocuparse por cosas que no puedes controlar?”
En general, la encuesta muestra que la mayoría de las personas dijeron que sí, que están preocupadas. Ya sea que la inquietud se centre en la política, los medios, la tecnología o las futuras generaciones, el estado de ánimo predominante es de malestar ante la dirección que toma el mundo.