Reflexiona sobre ello: A pesar del creciente número de extranjeros en España, Charlie nunca se ha sentido desairado.

A pesar de los grandes y crecientes porcentajes de extranjeros en las costas, Charlie Mullins no se ha sentido nunca desagraciado en España, aunque eso sí, ‘los expatriados’ pagamos muchos impuestos.

BIENVENIDOS a mi primer desahogo del 2026, y qué honor el de arrojar mis opiniones a una audiencia mucho más amplia en esta primera edición nacional de The Olive Press en su vigésimo aniversario.

Así que me parece bastante oportuno meterme de lleno en la polémica sobre el creciente número de españoles que se han convertido en lectores de esta venerable publicación.

No entiendo el revuelo armado sobre qué partes de España tienen más expatriados que autóctonos, tal como se informó en su portada el pasado diciembre.

No es que la inmensa mayoría de los expatriados no paguen su camino. De hecho, la contribución neta del residente foráneo medio a la economía es muy superior a la de un local. Sin duda, contribuimos con una gran cantidad de impuestos.

Además, resultamos mucho más económicos de mantener, ya que la mayoría no cumplimos los requisitos, ni aspiramos a hacerlo, para recibir atención sanitaria pública.

Por tanto, repito la pregunta: ¿cuál es el problema? Pagamos nuestro mantenimiento y no consumimos los servicios públicos.

Comprendo que los locales puedan sentirse un poco desbordados por la cantidad de recién llegados que hablan inglés, ruso o francés. Y por nuestra parte, probablemente deberíamos esforzarnos un poco más en aprender el idioma. Especialmente los británicos.

Pero, en general, inyectamos mucho dinero en la economía, incluyendo el pago a expertos legales locales –y a miles de gestores (vamos, España, ¿son realmente necesarios?)– para resolver todo el papeleo requerido.

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Y no es solo aquí en España donde nos critican por ser extranjeros. Me han tachado de hipócrita por emigrar a España mientras sigo criticando al Gobierno británico por no detener las pateras repletas de migrantes que inundan el Reino Unido.

¡Pero no es lo mismo! Aquellos que son traficados hacia el Reino Unido no tienen derecho legal a entrar en el país. Si lo tuvieran, llegarían en un cómodo asiento de EasyJet y por mucho menos dinero del que cobra de media un traficante por lanzarlos a jugarse la vida en el Canal de la Mancha.

Volviendo a España, creo que el tema está recibiendo más espacio del que realmente merece, pues en mi día a día en Marbella no percibo realmente una sensación de rechazo.

Opino que la mayor parte del ruido proviene de activistas con algún resentimiento contra sus propios políticos, y disparar contra los extranjeros es una forma fácil de captar su atención.

Es una noticia sin fundamento que guarda muy poca relación con la realidad de la vida de las personas, sea cual sea su nacionalidad o lengua materna.

Me encanta vivir aquí y me enorgullese de llamar a España mi hogar.

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