QKThr, un tema poco conocido del álbum de Aphex Twin del 2001, *Drukqs*, suena como un experimento ambient grabado en un barco pirata histórico. Dedos temblorosos acarician las teclas de un acordeón para crear un tono inquietante; acordes agrupados gritan, contenidos pero poderosos, antes de escabullirse de vuelta a un sueño de la nada.
Esta elegía de 88 segundos siempre fue opacada por otra canción en *Drukqs*, el instrumental para Disklavier *Avril 14th*, que junto con *Windowlicker* es la pista más famosa del productor de Cornualles. Pero QKThr se ha convertido en un éxito extraño y masivo, apareciendo en casi 8 millones de posts de TikTok, adornando todo desde videos de pandas tiernos hasta debates presidenciales de EE.UU. ligeramente convertidos en memes, y una tendencia de videos de fallos llamada “presagio sutil”.
Aphex Twin incluso ha superado a Taylor Swift en oyentes mensuales en YouTube Music, con 448 millones contra sus 399 millones. El DJ y productor de música electrónica RamonPang notó este hito la semana pasada, y le atribuye el aumento a QKThr. “Realmente pone en perspectiva lo popular que es la música de Aphex Twin en el contenido de formato corto,” me dice. “No es que haya un cambio cultural y de repente todos escuchen techno ambient en los altavoces del supermercado. El cambio real ha sido mucho menor: el catálogo pasado de Aphex Twin está teniendo un renacimiento gracias a la generación Z.”
Esos posts de QKThr son solo una muestra de la aparente adicción de la generación Z a Aphex. Ya sean hombres de Daguestán bailando felices en línea con *Pulsewidth* de *Selected Ambient Works 85-92*, ediciones corecore – la tendencia nostálgica de internet que procesa la melancolía post-Covid a través de collages de video – puestas con *Avril 14th*, o incluso un remix de pedos de *Alberto Balsalm* de *I Care Because You Do*, la música de Richard D. James se ha convertido en el telón de fondo de la vida en línea.
Chloe Saavedra, una música con base en Los Ángeles y baterista de la banda Chaos Chaos, que también ha tocado con Lee Ranaldo, Caroline Polachek y Conan Gray, ha sido superfan de Aphex desde los años 2010, y a menudo publica covers en batería de sus canciones en TikTok. Ella describe su música, mayormente programada, como “no escrita para que la toquen humanos”, y su imprevisibilidad como clave de su atractivo. “Aprender su canción *Flim* en la batería me hizo apreciar sus ritmos: habrán un par de compases donde todo se siente súper en la grilla y súper mecánico, pero luego él meterá un ritmo con *swing*, o hará algo en un tiempo de tresillo, o se saldrá completamente de la grilla.”
La música de Aphex es por definición cambiante, lo que podría explicar por qué se ha convertido en un acompañante tan natural para la generación Z y Alfa, que han crecido con un híbrido fracturado de vida digital y real. El periodista de cultura digital Kieran Press-Reynolds dice que escuchar a Aphex en, por ejemplo, un video banal de ‘prepárate conmigo’ mostrando un atuendo, “añadía una inmensa profundidad a lo que estabas viendo”. Un cínico podría decir que ese efecto misterioso surge porque su música de *outsider* se ha vuelto tan prominente en plataformas asociadas al comercio y la marca personal. Pero también está presente en la forma en que sus canciones se usan tan a menudo en posts de vistas pintorescas, o videos de “nostalgiacore”, donde la combinación de sonido y imágenes apunta hacia sentimientos o lugares lejanos a la experiencia aislada de *scrollear*.
Press-Reynolds, RamonPang y Saavedra también coinciden en el atractivo del aura de Aphex: las historias sobre él poseyendo un tanque legal para la calle, o supuestamente viviendo en la estructura de cristal en una rotonda del sur de Londres; los alias inescrutables, como Polygon Window y The Tuss; los interminables agujeros de conejo y archivos en Soundcloud. La dificultad de definir su identidad y motivaciones es intrínsecamente contracultural y ofrece una forma liberadora y no prescriptiva de fanatismo y descubrimiento: Saavedra lo llama “anti-pop” en un mundo donde la mayoría de los jóvenes escuchan música que les es “metida por la garganta”.
Para RamonPang, el atractivo de Aphex para los jovenes yace en la maravilla extraña y atemporal de todo, desde el “símbolo de aspecto alienígena” de su logo hasta la traviesa “cara espeluznante” en sus videos para *Come to Daddy* y *Windowlicker*, y los mundos sonoros emotivos e infantiles: “Me gusta pensar que la generación más joven encuentra todo eso completamente fascinante y excava más profundo.”
Algunos oyentes mayores podrían rechazar la idea de que el estimado catálogo de Aphex Twin sea “reducido” al equivalente algorítmico de música de fondo. Pero siempre ha tenido un aspecto utilitario: *Digieridoo* de 1992 fue escrita originalmente para despejar a la gente de los *raves* en la playa de Cornualles al amanecer. Su música de otro mundo, lo mejor de ella con tres décadas de antigüedad, tiene el tipo de atractivo raro y renovador que hace que cada generación encuentre nuevas resonancias e intente reclamarlo como propio. “Es uno de esos artistas que sientes que mucha gente intentará presumir,” dice Saavedra – es decir, reclamar como un marcador de alternatividad y gusto musical inquisitivo.
La negativa de Aphex a asignar significado a la mayoría de su música también mantiene la pizarra en blanco para una reinterpretación sin fin. En cuanto a QKThr, “probablemente solo sintió ganas de escribir algo soñador y exuberante un día,” dice RamonPang, “y luego decidió hacerlo porque no le importa lo que piensen los demás”.