Rafael Tudares, el yerno del candidato opositor venezolano Edmundo González, ha sido liberado de la cárcel, según ha dicho su esposa, más de un año después de ser detenido como parte de una represión contra críticos del gobierno de Maduro y sus familiares.
Mariana González dijo que su marido había regresado a casa después de “380 días de detención injusta y arbitraria”.
Tudares es uno de más de 150 detenidos que han sido liberados desde que el ejército de EE.UU. capturó al líder venezolano, Nicolás Maduro, en un operativo nocturno y lo llevó a Nueva York para ser juzgado por cargos de narcotráfico.
Una ONG que aboga por la liberación de presos políticos venezolanos advierte que aún quedan 777 tras las rejas.
La tensión en el país sigue alta, con la exvicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, ahora en el poder tras juramentarse como presidenta interina.
Su gobierno interino ha recibido el apoyo del presidente estadounidense Donald Trump, quien elogió a Rodríguez por aceptar “entregar” hasta 50 millones de barriles de petróleo venezolano a EE.UU.
La liberación de presos políticos había sido una de las primeras cosas que la administración Trump presionó para que hiciera el gobierno interino venezolano.
Solo cinco días después del operativo estadounidense, el jefe de la Asamblea Nacional de Venezuela anunció que “un número importante de personas” serían liberadas como “un gesto de paz”.
Sin embargo, grupos de derechos humanos han denunciado la lentitud de las liberaciones y que la cifra dada por los funcionarios -400- está muy por debajo de lo que ellos han podido confirmar.
La ONG Foro Penal dice que hasta ahora solo ha podido verificar la liberación de 151 presos políticos desde el 8 de enero, cuando el jefe de la Asamblea Nacional anunció ese “gesto de paz” tras la operación de EE.UU.
Foro Penal también ha dicho que a muchos de los liberados no se les han retirado los cargos, dejándolos en un limbo legal, y se les ha prohibido hablar en público.
El encarcelamiento de Tudares fue uno de los casos emblemáticos de la represión que siguió a las elecciones presidenciales de Venezuela de 2024.
Su suegro, González, se convirtió en el principal rival del titular Maduro después de que la conocida líder opositora María Corina Machado fuera impedida de candidatearse.
Temiedo que el gobierno de Maduro recurriera al fraude para manipular el resultado, González y Machado mobilizaron a cientos de personas para actuar como observadores en los centros de votación y recoger los actas de las máquinas electorales.
El consejo electoral, dominado por leales al gobierno, declaró a Maduro ganador pero nunca proporcionó los resultados detallados para respaldar su afirmación.
Los resultados recogidos por los observadores desplegados por la oposición y verificados independientemente por el Centro Carter, sin embargo, sugerían que González había ganado por amplia mayoría.
Aún así, Maduro -que controlaba firmemente las instituciones del Estado, incluidas las fuerzas armadas y la policía- fue juramentado para otro mandato en enero de 2025.
En la previa a su inauguración, muchos líderes y activistas opositores fueron detenidos por las fuerzas de seguridad en un intento de sofocar cualquier disidencia.
Temiendo ser arrestado, González había buscado refugio en la embajada de los Países Bajos ya en septiembre de 2024 y partió al exilio en España poco después.
Tres días antes de la inauguración de Maduro, el yerno de 46 años de González -un abogado que no estaba involucrado en política- fue secuestrado por hombres encapuchados mientras llevaba a sus hijos pequeños a ver a su abuela enferma.
Durante meses, su familia no supo dónde estaba detenido ni con qué motivo lo habían tomado preso.
El mes pasado, su esposa dijo que se había enterado de que lo habían condenado a 30 años de prisión por “terrorismo y conspiración”. Dijo que no se le permitió elegir un abogado y que solo pudo leer los cargos en su contra el día de su “única audiencia”.
Mariana González le dijo al periódico El País que en al menos tres ocasiones se le acercaron intermediarios que le dijeron que su esposo solo podría volver con su familia si su padre renunciaba a su causa.
“Esto no tiene nada que ver con la justicia”, dijo en ese momento. “Ser el yerno de Edmundo González no es un delito”, añadió.
Mariana González usó X para agradecer a todas las personas que la apoyaron en su lucha por la liberación de su esposo.
Pero también recordó a los lectores que aún hay muchas familias esperando la liberación de sus seres queridos que, según ella, han sido “desaparecidos forzadamente, detenidos arbitrariamente e injustamente encerrados.
Muchos de ellos han estado haciendo vigilias afuera de las principales prisiones de Venezuela con la esperanza de que sus parientes estén entre los liberados tras el operativo militar estadounidense.