Advertencia sobre el Declive del Sistema Ferroviario Español
Residentes y expatriados en España reciben una advertencia: el otrora orgulloso sistema ferroviario del país sufre un grave deterioro en seguridad, servicio y atención básica al pasajero.
Esta cruda evaluación proviene de un ingeniero ferroviario de alto rango, tras dos recientes desastres y meses de generalizadas interrupciones.
Antonio Martín Carrillo, exdirectivo de ADIF y representante de la Asociación Europea de Ferrocarriles, declaró a El Mundo que el deterioro es palpable desde hace tiempo para los viajeros habituales.
Asegura que ahora es rutinario que los pasajeros queden varados, retrasados o confinados en los trenes sin apenas información ni asistencia.
“Durante estos últimos meses nos han tratado como ganado en las estaciones, encerrados, sin asientos y sin ninguna consideración”, escribió.
Carrillo afirma que los viajeros se han visto obligados a soportar largas demoras, conexiones perdidas e incluso a quedar atrapados en trenes inmovilizados en zonas remotas.
Describe trenes detenidos en plena vía, sellados, a veces sin luz ni aire, y sin explicación sobre la incidencia o la duración de la espera.
“¿Acaso ya no existen trenes de rescate para auxiliar a las personas?”, se pregunta.
El ingeniero sostiene que las autoridades achacan recurrentemente las obras o las averías técnicas, pero rara vez ofrecen soluciones centradas en las necesidades del usuario.
También criticó lo que percibe como una falta de empatía y rendición de cuentas por parte de los gestores de la red.
Carrillo cuestiona los nombramientos políticos en Renfe, como el rol asesor de Koldo García Izaguirre en una de sus empresas.
‘Koldo’, exasesor del ministro José Luis Ábalos, es figura clave en una investigación por corrupción, presuntas comisiones y contratos irregulares durante la pandemia.
Se le acusa de usar sus conexiones para obtener puestos y beneficios para allegados en empresas públicas, incluidas del sector ferroviario.
Estas declaraciones surgen en un clima de conmoción nacional tras dos graves incidentes: el mortífero choque en Adamuz (Córdoba) y el descarrilamiento en Barcelona.
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En Adamuz, un tren Iryo de alta velocidad descarriló tras una presunta falla en una soldadura de la vía, cerca de unos desvíos recientemente renovados.
Sus últimos vagones quedaron obstruyendo la vía contigua.
Solo veinte segundos después, un tren Alvia que circulaba en sentido contrario colisionó a alta velocidad.
El impacto acabó con la vida de más de cuarenta personas, incluido el maquinista del Alvia, Pablo Barrio, y varios miembros de una misma familia.
Carrillo cree que ningún maquinista pudo evitar la tragedia.
“El coste de una soldadura se pagó con sus vidas”, escribió.
Compara la tragedia con el accidente de Angrois (Santiago, 2013), que costó 79 vidas y expuso graves deficiencias en la seguridad ferroviaria española.
Entonces, el desastre se atribuyó a un error humano y a controles de seguridad insuficientes.
Ahora, Carrillo teme que España enfrente nuevamente una cadena de fallos técnicos y organizativos.
Asegura que la investigación oficial de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios establecerá las causas.
No obstante, insiste en que en esta fase no debe descartarse ninguna posibilidad.
Para muchos residentes extranjeros, estas advertencias resultarán familiares.
La red ferroviaria española es ampliamente utilizada por expatriados para viajes de larga distancia, conexiones aeroportuarias y desplazamientos regionales.
Los últimos meses han registrado repetidos retrasos, cancelaciones y problemas de infraestructura en Andalucía, Cataluña y Madrid.
Los usuarios han reportado andenes masificados, cambios de horario inesperados y trenes con horas de retraso.
Carrillo, quien participó en la construcción de la primera línea AVE entre Madrid y Sevilla en 1992, afirma que el contraste es doloroso.
“Quienes construimos el primer AVE con ilusión y orgullo no podemos creer el nivel de degradación que ahora presenciamos”, escribió.
Para él, la decadencia no es solo técnica, sino también moral.
Sostiene que los usuarios merecen transparencia, asistencia adecuada y un sistema que priorice la vida humana sobre los intereses políticos o comerciales.
Preguntado sobre qué le sucede a los trenes de España, Carrillo admite que ya no tiene la respuesta.
“No sé qué decir”, concluye.
Una pregunta que, sin duda, muchos pasajeros en todo el país también se están formulando.
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