Los veinte segundos fatales del accidente ferroviario en España

Veinte segundos pueden parecer insignificantes, pero en el contexto de un accidente ferroviario pueden resultar decisivos —y costar decenas de vidas. Esa realidad quedó trágicamente subrayada el domingo con el descarrilamiento de un tren de alta velocidad Iryo en Adamuz, Córdoba. El tren ingresó a la vía contigua, por la cual circulaba en sentido contrario un servicio Alvia con destino Huelva, procedente de la estación de Puerta de Atocha en Madrid.

El presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, señaló el lunes que la separación temporal entre ambos trenes que circulaban en direcciones opuestas era “aparentemente de solo veinte segundos”. Explicó que la red ferroviaria cuenta con un sistema de seguridad diseñado para bloquear la línea y activar una parada de emergencia al detectar un obstáculo. No obstante, el intervalo extremadamente corto impidió que el sistema se activara.

Fernández Heredia afirmó que las causas del descarrilamiento aún se desconocen, pero descartó el error humano en una entrevista con Radio Nacional de España. Señaló la presencia de un sistema de seguridad de alta velocidad instalado recientemente, conocido como Influencia Lineal de Tren (LZB), concebido para corregir decisiones erróneas del maquinista.

El LZB es un sistema de control continuo que transmite instrucciones de velocidad y frenado directamente a la cabina. Opera mediante cables embebidos en la vía que se comunican con antenas en el tren, permitiendo un control casi autónomo. Funciona en conjunción con el sistema PZB, otro mecanismo de protección y señalización en cabina destinado a regular la velocidad y prevenir fallos humanos. A pesar de estas salvaguardas, la responsabilidad última recae en el conductor.

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Trenes por debajo del límite de velocidad

El presidente de Renfe también descartó que la velocidad excesiva hubiera podido causar el descarrilamiento. Los datos de ambos trenes, indicó, muestran que circulaban por debajo de la velocidad permitida en ese tramo. “Ya estaban en la curva de frenado —uno a 205 km/h y el otro a 210 km/h. Este es un tramo de 250 km/h, y el propio sistema impide superar esa velocidad”, afirmó.

Añadió que el descarrilamiento pudo deberse a una falla en el material rodante de Iryo o en la infraestructura, pero pidió prudencia. “Es pronto para extraer conclusiones. Se trata de un accidente en circunstancias inusuales y no habrá respuestas inmediatas”, sostuvo.

Fernández Heredia subrayó que la prioridad inmediata era asistir a las víctimas y sus familias, incluido el apoyo psicológico, así como brindar soporte al personal ferroviario. Calificó el suceso como “uno de los momentos más duros de mi vida”.

‘Extraño’ y ‘inusual’

El presidente de Iryo, Carlos Bertomeu, describió el accidente como “raro” y “extraño”. Visiblemente emocionado ante los periodistas en Adamuz, expresó sus condolencias a las familias de las víctimas y manifestó que la compañía estaba sumida en “una profunda tristeza”.

Bertomeu insistió en que el tren implicado había cumplido íntegramente su calendario de inspecciones y mantenimiento, con las últimas revisiones realizadas hace poco tiempo. “Es un accidente inusual. No ocurrió en una curva, sino en un tramo recto. No sucedió a velocidad máxima, sino a una velocidad moderada, muy dentro de los límites de diseño del tren”, explicó. Añadió que el tren, con menos de tres años de antigüedad, representa la tecnología más avanzada y había satisfecho todos los requisitos de mantenimiento y seguridad.

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