“Me enamoré de él al instante”: Alan Rickman en la memoria, a una década de su muerte | Cine

‘No soporto estar sin él’

Ruby Wax

Alan era mi mejor amigo, mi hermano y mi todo. No paro de pensar en él. Para mí, no hay reemplazo; simplemente tengo un vacío. Si pudiera hablarle, le diría: “Vuelve, porque realmente no aguanto estar sin ti.”

Nos vimos o hablamos todos los días desde 1980. Yo era una tercera persona en el matrimonio, pero Rima nunca tuvo celos. Cuando nos conocimos por primera vez, él me dejó quedarme en su casa. Él estaba en la cama y yo solo salté arriba y abajo sobre su cuerpo de la emoción, pero no era algo sexual. Luego los dos entramos en la RSC y alquilamos una casa juntos que llamamos Shakespeare Sauna.

‘Yo solo salté arriba y abajo sobre su cuerpo de la emoción’ … Wax y Rickman en 2009. Fotografía: Nick Harvey/WireImage

Teníamos una tortuga, Betty, a la que metí en cada obra de la RSC, lo que hacía gritar a Alan. La vestíamos con disfraces – ese era el tipo de sentido del humor que él tenía. Pero luego la hice montar en bicicleta, y la hice cruzar la calle Gower, y me denunciaron a la RSPCA, quienes se la llevaron.

No pasa un día en que no vea algo que a él le parecería graciosísimo. Hice todo por Alan; si podía hacerle reír era como ganar un Oscar. Él dirigió mi carrera los primeros 30 años y creo que me iría mucho mejor ahora si él siguiera aquí. No tengo a nadie así en quien pueda confiar.

Nadie era un mejor crítico de tu actuación. Era un genio que podía ver el corazón de una interpretación y saber instintivamente qué de la persona se estaba interponiendo. Podía ver tu ego y quería editarlo. Algunas personas no lo soportaban porque podía hacerlo con crueldad – era intolerante si la gente no escuchaba. Pero siempre tenía razón.

Él me decía que no pareciera desesperada cuando hacía comedia y me decía que sonreía como si quisiera que todos me amaran. Cuando dirigía mis shows, hacía mi comedia por mí de la manera correcta y barría el suelo. No era gay, pero decía sus líneas con un camp altísimo. Y luego yo lo imitaba de manera un poco triste.

Era una conexión tan profunda. Él quería cuidarme y me defendía de mis padres, que eran crueles. Les decía que yo tenía talento, lo cual ellos no creían, pero le escuchaban a él y me dejaban continuar. Cada vez que bajaba del avión después de visitarlos en Chicago, le actuaba a Alan lo que me habían dicho y hecho. Él se doblaba de la risa. Esa era la única vez que no me daba notas. Solo decía que era brillante.

‘Mis hijos están desconsolados’ … Alan Rickman y Ruby Wax admirando sus nombres fuera del Royal Shakespeare Company en 1978. Fotografía: Cortesía de Ruby Wax

Alan fue el padrino de mis hijos y ellos están desconsolados, porque él también los guió. En la escuela, mi hija Maddie era muy tímida, apenas hablaba. En las obras, estaba al fondo, haciendo de hoja. Alan le dijo: “Tienes que ir a la escuela de payasos.” En ese momento pensé: ¿por qué me hace esto? Pero ahora ella es comediante. La abrió como una lata. Él habría estado tan orgulloso de que mis hijas sean comediantes, pero les habría dado notas sin fin.

Fue un privilegio tan grande haberlo conocido por tanto tiempo, cuando era crudo, antes de ser famoso. Yo podía ver el oro cuando solo hacía Shakespeare. Ojalá no solo fuera recordado por los niños por ser Snape. Le rogué que hiciera películas, pero él las rechazaba, diciendo que lo estereotiparían. Y, he aquí, terminó siendo un estereotipo para mucha gente.

Hoy en día, veo a gente tratando de imitarlo, pero no pueden lograrlo. Nadie se acerca a Alan. Hay personas que son etéreas o hombres o mujeres o de cierta edad o un cierto tipo. Él era algo totalmente único. Alan era irreal.

‘Siempre había cena’

Lindsay Duncan

La muerte a menudo se siente como una aberración. En el caso de Alan, fue una aberración del demonio. ¿Seguro que él no lo permitiría? Por supuesto, ni él pudo controlar esto, ¿o sí? Como es sabido, eligió cada detalle de su funeral. Claro que lo hizo. ¿Fue bueno? Apuesta a que sí. No habría muerto hasta que estuviera perfecto.

‘Podía ser imperioso’ … (de izquierda a derecha): James Earl Jones, Lynn Redgrave, Lindsay Duncan y Alan Rickman en Nueva York en 1987 cuando Les Liaisons Dangereuses estaba en Broadway. Fotografía: Bettmann/Bettmann Archive

Alan amaba pasar un buen rato. Le encantaba hacer que otros la pasaran bien. Sus camerinos siempre eran una fiesta. Había políticos, estrellas de cine, viejos amigos, nuevos amigos y mucho vino, servido elegantemente por Alan. Luego estaba la cena. Siempre cena. Si alguien parecía que se iba a casa solo, era recogido y los maîtres nerviosos aprendían que el gran prestigio de tener a Alan Rickman en su restaurante venía acompañado de un ajuste apresurado al tamaño de la mesa.

La fama le sentaba muy bien a Alan. Compartía con alegría todas las ventajas con sus amigos. Esas muchas cenas las pagaba él y las objeciones eran recibidas con una pequeña sonrisa y “Tengo dos palabras para ti: Harry. Potter”. Podía ser imperioso. Podía enfadarse. Una vez, en una cena del elenco, tuvo una discusión política y llamó a su suplente un “tory de mierda”. Al día siguiente, apenas controlando su rostro, solo dijo: “Uy…”. Se disculpó.

‘Magnífico’ … Lindsay Duncan y Alan Rickman en Private Lives en Londres, 2001. Fotografía: Robbie Jack/Corbis/Getty Images

Escucha a Alan interpretando Revolutionary Witness, y Take It With Me de Tom Waits y Uptown Funk – otra vez.

**Parte de la banda sonora de su funeral. Pensar, llorar, reír y celebrar. Ese era Alan. Un hombre magnífico.**

### ‘Fue una de las peores noches de su vida’
**Richard Curtis**

Es un secreto a voces que, cuando tres de nosotros tuvimos el voto final sobre quién debía interpretar al prota en *Cuatro bodas y un funeral*, me ganaron los otros. Yo quería a Alan Rickman. Hugh Grant consiguió el papel. Mi razonamiento era que Hugh era un poco demasiado guapo y pesado, pero sobre todo voté por Alan porque me había encantado en una película llamada *Close My Eyes*. En los años siguientes a *Cuatro bodas*, con cada nueva película de Alan, desde *Sentido y sensibilidad* hasta *Una aventura tremenda* y *Galaxy Quest*, no dejaba de ver razones por las que quizás yo tenía razón. Tenía una maravillosa suavidad y profundidad junto a su lado más estricto y asustadizo. Y un gran sentido del humor.

Pero también siempre pensé que estaba un poco fuera de mi liga, así que fue una gran emoción cuando aceptó estar en *Love Actually* diez años después. Me pareció maravilloso en la película, y gran parte del poder de la escena donde Emma Thompson llora escuchando a Joni Mitchell en el dormitorio se debe a que Alan fue tan creíble; a un millón de kilómetros del cínico cliché que podría haber sido el personaje. Es extraordinario en la escena donde Emma le encara con lo que ha hecho. Me lo puso fácil durante el rodaje –era mi primera película como director– y me sorprendió lo amigable que era, y no me sorprendió lo perfecta que fue su actuación.

Estoy seguro de que a Alan no le importaría que hablara de la única noche difícil que tuvimos. Fue la escena donde Rowan Atkinson le envuelve un regalo en unos grandes almacenes, muy lentamente. Primero filmamos a Alan, que hizo su parte rápida y exquisitamente. Luego giramos la cámara hacia Rowan. Rowan, siendo un amigo íntimo mío y teniendo como diez pasos diferentes que recordar, se tomó su tiempo, a menudo paraba y charlaba conmigo en medio de las tomas, manteníamos la cámara rodando mientras él decidía qué hacer con los lazos y la lavanda, saliéndose del personaje, practicando. Nunca olvidaré la agonía de Alan, pues, siendo el profesional total que era, mantuvo su actuación de apoyo y nerviosismo durante tomas de doce minutos, sin salir del personaje ni un momento mientras nosotros charlábamos y vacilábamos. Él lo describió como una de las peores noches de su vida.

Es desgarrador pensar en todos los años maravillosos y las actuaciones increíbles que nos hemos perdido.

### ‘Nos atiborramos de tarta de arándanos y nos animamos mutuamente’
**Sigourney Weaver**

Diez años… parecen muchos más. Una eternidad desde que escuchamos por última vez la marvillosa risa de Alan. Lo vi por primera vez en *Las amistades peligrosas* en Broadway; tan convincente en su maldad que asumí que era él de verdad… sí, y yo soy actriz.

Años después nos conocimos de verdad en la película *Galaxy Quest*. Ahí estaba este hombre sublime y juguetón que se entregó por completo a interpretar a un actor fracasado de la tele, hirviendo de celos ridículos y aferrado a su enorme casco. Su personaje nos dio base a todos. Tim Allen nos hacía reír tanto todo el día, y a nadie más que a Alan. Al final de cada día nos dolía el estómago de tanto reír.

Poco después, Alan me pidió que hiciera *Snow Cake* con él: un papel romántico para él y para mí el desafío de interpretar a una mujer autista llamada Linda. Me sorprendió tanto que pudiera imaginarme como Linda, que investigué durante un año entero para no defraudarlo. La filmamos muy al norte en Wawa, Canadá, atiborrándonos de tarta de arándanos y animándonos mutuamente. Cuando Linda se salía del guión, Alan decía firmemente: “Yo no improviso.”

Cometí el error idiota de pensar que este amigo brillante estaría con nosotros para siempre. En el homenaje a Mike Nichols en noviembre del 2015, se me acercó con su esposa, Rima. Lo abracé y le dije: “¡Oye, vamos a hacer otra *Galaxy Quest*!” Me miró con calma y dijo: “Ya veremos.” Yo dije: “¿Qué quieres decir? Va a ser muy divertido.” Me apretó los hombros, miró al suelo y dijo muy suavemente: “Ya veremos.” Se fue dos meses después, para siempre echado de menos.

### ‘No había nada superficial en él. Sin tonterías, sin pamplinas’
**Brian Cox**

No puedo creer que hayan pasado 10 años desde que perdimos a Alan. Su muerte fue un gran shock. Mi padre murió de cáncer de páncreas cuando yo tenía ocho años –y el padre de mi primera esposa también murió de la misma enfermedad. Con Alan, primero me sentí culpable, porque no habíamos estado en contacto por un tiempo. Y luego me pregunté: ¿qué va a pasar? ¿Cómo será el mundo ahora que Alan se ha ido? Porque él tenía esa manera de hacer que la gente se sintiera tranquila. Podía quitarles las preocupaciones. Era un don increíble.

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Trabajé con Alan en su primer programa de televisión: *Thérèse Raquin* en 1980. Inmediatamente tenía una solidez y claridad, además de esa asombrosa gravedad e integridad. Había empezado como artista gráfico, lo que le dejó un sentido visual muy fino y también una disciplina real. Sus estándares eran muy altos. Alan podía parecer relajado pero estaba infinitamente motivado, muy firme, totalmente confiable. No había nada superficial en él. Sin tonterías. Sin pamplinas.

Todo el mundo sabía que era un actor extraordinario, pero al hacernos amigos, me di cuenta de que también era una persona extraordinaria. Tenía tanto respeto por Alan. Mucha gente dependía de él. Era muy amable y apoyaba a los que estaban pasando por malos momentos: los buscaba y los ayudaba a resolver sus cosas. Escuchaba los problemas sin prejuicios y encontraba soluciones con delicadeza.

Tenía una generosidad de espíritu increíble, además de un compromiso enorme con su comunidad y con estar presente en la vida de las personas. Su muerte me hizo consciente de la necesidad de mantener el contacto con la gente y verla frecuentemente. Una presencia como la suya se echa de menos durante mucho tiempo. Todavía a veces pienso: oh, me gustaría hablar con Alan sobre esto. Luego recuerdo que ya no está aquí. Me encantaba su forma de actuar, pero como hombre lo quería aún más.

**‘Casi le rompo la espalda’**

Sharleen Spiteri

Cuando planeamos el video para *In Demand* de Texas en el 2000, al director se le ocurrió que bailaría el tango con alguien. Yo dije que no quería que fuera con un hombre guapo cualquiera porque eso no tendría alma – necesitaba ser alguien de quien pensaras que bailaría el tango. Entonces entró [el compositor] Michael Kamen y dijo que acababa de hablar por teléfono con Alan Rickman, que era un gran fan de Texas. Todos nos miramos y pensamos: “Ese sí es alguien que bailaría el tango”. Alan aceptó e incluso canceló la primera semana de sus vacaciones anuales en Italia para hacerlo.

Grabamos el video durante la noche y hacía muchísimo frío. La mayor parte del rodaje fue manejando en un Bentley, pero luego bailamos el tango en una estación de servicio como a las 5 de la mañana. Yo llevaba un vestido de Valentino sin espalda y tacones altos, congelándome completamente. Alan llevaba un traje. El equipo tenía abrigos enormes. En un momento, el director gritó: “¡Shar! ¡Empújalo contra la bomba de gasolina como si fueras a volverlo loco!” Lo hice. Y como dos segundos después de la parte que sale en el video, él se deslizó muy lentamente por la bomba. Me emocioné tanto que casi le rompo la espalda.

Quince años después, Texas tenía una canción, *Start a Family*, que pensé que quedaría bien como dúo. Llamé a Alan y le dije: “¿Qué te parece cantar en un disco?” Y él dijo: “Oh, Dios mío…” con esa voz suya tan arrastrada y maravillosa. Al final, la mayor parte fue más hablado que cantado, pero sí soltó un poco de melodía en algunas partes. Fue genial verlo interpretar la música. Y nos reímos muchísimo filmando el video: poniendo caras muy serias, y riéndonos entre toma y toma.

Era tan travieso y pícaro, y siempre tenía un brillo serio en la mirada. Lo pasamos increíble juntos. Pero me encantaba que él, igual que yo, se tomaba el trabajo muy en serio. No se trataba de ser famoso o de dónde te veían o con quién. Se trataba del privilegio de poder hacer lo que habías soñado, con gente creativa.

Era muy generoso con su tiempo, su amor y su amistad, y siempre muy dadivoso con la gente que empezaba: intercambiando contactos, conectando personas y dándoles oportunidades. Me encantaba porque conocí a mucha gente a través de él. Nunca estuve tan cerca de alguien tan famoso.

Cada vez que me llamaba por altavoz en el coche y había alguien conmigo, los ojos se les salían casi de las órbitas. ¡Esa voz increíble! La profundidad, la riqueza y la pronunciación. Recuerdo que mi hija y sus amigas, que tenían como siete años y acababan de engancharse a Harry Potter, estaban en el coche cuando Alan llamó. Se volvieron locas: “¡Dios mío! ¡Es Snape!”

Hay una parte de mi mente que piensa que todavía está al otro lado del teléfono. Lo pasaron por la tele en todas partes en Navidad; lo ponía de fondo y de repente escuchaba su voz. Ese pedacito de él sigue vivo. Era una sensión realmente bonita, cálida y reconfortante. En el supermercado la semana pasada, una desconocida me abrazó y me dijo: “¡Bailaste con Alan Rickman! ¡Eres la mujer más afortunada del planeta!” Y yo pensé: ¿sabes qué? La verdad es que soy muy afortunada.

**‘Tal vez le alarmaría la tiranía de hoy’**

Ian Rickson

Alan no tenía miedo de expresar su perspectiva política radical. Y era, sin vergüenza alguna, un creyente en las artes.

Al sostener estas dos posturas, también articulaba la interdependencia entre la cultura y el significado. Abrazaba su oficio, y particularmente el rol del teatro como medio político.

Tal vez le alarmaría ver cuánta más tiranía y desigualdad hay ahora, y también cuánto más difícil siente la gente que es hablar sobre ello. Y con sus orígenes de clase trabajadora, sé que le preocuparía el creciente elitismo en el negocio.

Así que cuando lo recuerdo, me da valor para luchar por lo que creo y disfrutar del privilegio que tengo de poder hacer teatro.

**‘Un elogio de Alan valía mucho más que la reseña de un crítico’**

Harriet Walter

Alan nunca fue un don nadie. Incluso cuando era un desconocido de 32 años, cuando lo conocí por primera vez en el bar del viejo teatro Bush, ya parecía alguien. “Oh, he oído hablar de ti”, dijo con su arrastrada y bella voz. Su mirada de reflector se había posado en mí y por ese momento me hizo sentir como alguien.

La primera obra que hice con él fue *La gaviota* en el Royal Court. No tuve que actuar la fascinación de Nina por Trigorin. También hicimos una comedia de la restauración juntos. Era brillantemente divertido, tanto en el escenario como fuera. No creo que fuera fácil de dirigir. Él mismo era demasiado director. Querías dar lo mejor de ti para él. Un elogio de Alan, incluso entonces, valía mucho más que cualquier crítica de un reseñista.

‘No tuve que actuar la fascinación de Nina por Trigorin’… Harriet Walter y Alan Rickman en *La Gaviota*.

Recuerdo una llamada telefónica con él por esa época, cotilleando sobre los trabajos que nos habían ofrecido. Yo había agarrado agradecida lo primero que salió, mientras Alan recitaba una lista de papeles que había rechazado. Estaba afinando sus elecciones con lo que pronto aprendí que era un agudo sentido de hacia dónde se dirigía y dónde se suponía que debía estar. Si esto suena ofensivo, no lo era. Era un cohete perfectamente preparado pero que aún no había sido lanzado. Cuando el papel de Obadiah Slope en *Crónicas de Barchester* llegó a su camino, reconoció su momento y se lanzó.

Luego vinieron *Las Amistades Peligrosas* y luego *Die Hard*, interpretando al némesis de Bruce Willis. ¡Guau! Mi viejo amigo Alan se había convertido en una estrella de cine – un Alguien con todas las letras – y se adaptó a ese estatus como el proverbial pato al agua.

Su generosidad y amabilidad eran legendarias, como lo era su brillante sentido del humor – una combinación única de sofisticación irónica y tontería que es evidente en muchos de sus roles cinematográficos. Cuando volví a trabajar con él en *Sentido y Sensibilidad*, aunque nuestros personajes no se encontraban, pasamos mucho tiempo socializando en la locación.

Alan se ocupó de mí, se aseguró de que cenara con él y el reparto principal en el restaurante del hotel de primera categoría y pagó el taxi de regreso a mi hotel no tan de primera categoría, a unos 15 kilómetros. Organizó una fiesta de cumpleaños para mí el año en que mi pareja murió de cáncer. Sabía que sería un día duro para mí.

‘Alan elevó la amistad a una forma de arte. Sus amigos aumentaron en número a lo largo de su extraordinaria carrera, pero nunca dejó a sus viejos amigos por otros más famosos. Era inusualmente leal. Me maravillaba cómo se las arreglaba para ver casi todas nuestras funciones y luego invitarnos a cenar. La fama no lo cambió porque él siempre había sido una estrella, aunque una muy bien centrada.

Ha pasado tanto en el mundo en los 10 años desde que murió. Echo de menos su inteligencia penetrante ahora más que nunca. Es terriblemente triste para todos nosotros que se haya ido, pero casi estoy feliz por él de que se fuera cuando lo hizo.

### ‘Hacía cola para el desayuno con su disfraz de Snape y peluca’
**Tom Felton**

Cuando pienso en Alan, siempre me viene una sonrisa a la cara. Tuve la suerte de trabajar con él durante 11 años en los estudios Leavesden en *Harry Potter*.

Recuerdo lo intimidado que estaba cuando lo vi por primera vez. No por su interpretación del aparentemente malvado Profesor Snape, sino porque era el único miembro del reparto que yo realmente reconocía.

Con 11 años, no tenía idea de quiénes eran Sir Richard Harris o Dame Maggie Smith, ¡pero Alan era un grande! Ver al hombre que había interpretado ese papel de villano brillante como el Sheriff de Nottingham en *Robin Hood: Príncipe de los Ladrones* sentado al final de la mesa del director en el Gran Comedor de Hogwarts fue muy memorable.

No fue más que amable, genuino, aparentemente imperturbable por todo lo que ocurría a nuestro alrededor y siempre tenía tiempo para todos. Aprendí tanto – si no más – de Alan fuera de cámara como cuando estábamos filmando.

Podría haber hecho que le llevaran la comida a su trailer, como la mayoría del reparto (incluyéndome a mí). En cambio, hacía cola para su propio desayuno y almuerzo, de pies a cabeza con su disfraz de Snape y peluca, sosteniendo una bandeja de plástico y esperando su turno en la fila, usualmente muy larga, detrás de un carpintero, un decorador de sets, un cámara corpulento y un duende de Gringotts – una imagen que nunca olvidaré. No me di cuenta entonces, pero ahora creo que el mensaje silencioso de Alan era: “Estamos todos juntos en esto. Por igual.”

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Recuerdo la noche que incendiaron la cabaña de Hagrid. Eran como las 4 de la madrugada y hacía mucho frío. Estábamos juntos en un banco de hierba, con Helena Bonham Carter y Robbie Coltrane forcejeando detrás nuestro. Alan no pronunció una palabra. Finalmente reuní el valor para preguntarle: “¿Todo bien, Alan? ¿Cómo te sientes?” Unos 10 segundos después de que hablé, giró la cabeza hacia mí y respondió lentamente: “He alcanzado mi cúspide”. Luego volvió a girar la cabeza con el más mínimo atisbo de una sonrisa y un brillo en sus ojos.

Me enseñó mucho sobre la caridad. A menudo tenía media docena de personas visitando el estudio cada día, y decía que eran sus primos o amigos. En realidad, les estaba ofreciendo a niños terminalmente enfermos y sus familias una oportunidad de ver detrás del telón. También me enseñó que los niños no quieren conocer a los actores, sino a los personajes que interpretan.

Yo usualmente saludaba a un visitante de nueve años diciendo: “Hola, ¿cómo vas, colega?” lo que generalmente los asustaba: “¿Por qué Draco está tan feliz?!” Alan les haría un gesto despectivo delante de sus padres, luego les diría que se metieran la camisa y les daría un suave golpe en la oreja. Snape al cien por ciento. Encantador, desarmante y un placer de ver. Nunca sonreía. Recuerdando, pienso que probablemente el estaba dentro.

### ‘El te queria de una manera que no era para nada rara’
**Anna Chancellor**

Seguro que conocí a Alan antes de ser su empleada, pero no eramos amigos. Cuando me eligió para *Creditors*, que él dirigía, me sorprendí y me sentí muy halagada, porque cualquiera hubiera trabajado para Alan.

Fue una época dorada: solo eramos tres en el elenco – yo, Tom Burke y Owen Teale. Alan casi nunca dirigía, así que no tenía el desgaste de muchos directores. Era muy inspirador y quería trasladarnos lo que le había funcionado y no como actor. Empezaba pidiéndote tus ideas sobre la obra, tu papel, el de los demás, el vestuario, y las anotaba con su letra tan bonita. Ningún pensamiento era innecesario o incorrecto. Y eso no suena muy radical, pero en realidad no es común.

> ‘Su cuidado fue un punto de inflexión para mi’ … Tom Burke, Alan Rickman, Anna Chancellor y Owen Teale en la noche de prensa de *Creditors*, 2008.

La mayoría de los directores no son actores. Y Alan sentía las cosas que salían bien de forma muy personal, y muy profundamente las que no. Era muy sensible sobre momentos en los que se había sentido algo avergonzado. Por eso nos repetía a nosotros tres: “Sois todos perfectos”.

También era un exigente. Entendía claramente que hay reglas, mecánicas y técnicas, sobre las que había reflexionado mucho. Por ejemplo: no debes empezar una frase en el mismo tono en que terminaste la anterior. Conocía sus propios defectos como actor; que a veces su voz podía ser pomposa y caer al final. No quería que hicieramos eso.

Lo que más odiaba era que le indicaras al público lo que estabas pensando antes de pensarlo, con “ehs” y “ahs”. Los llamaba “trampolines”. No quería que usaras trampolines; quería que entraras fuerte, rápido, claro y con el pensamiento definido.

Una vez nos alineó a todos y dijo: “Anna, esto es lo que haces”, y se pasó las manos por el pelo. “Ese es tu hábito. Y cuando te agachas sacas un poco el trasero. No lo hagas”. Creo que muchos directores no te dirían eso; sentirían que se pasan un poco.

Era más estricto con los chicos. Como actriz, me sentía muy vista y apreciada por él. Su cuidado fue un punto de inflexión para mi. Simplemente le adoraba. El te quería, de una manera que no era rara. Estaba muy interesado en ti y muy claro sobre lo que tú, y solo tú, podías aportar. Te hacía sentir que tenías lo que nadie más tenía.

La obra se trasladó del Donmar a Nueva York, donde fue mucho mejor recibida. Alan estaba allí cada noche y después de la función abría la puerta del camerino y entraban Al Pacino o Liam Neeson o Susan Sarandon. Era un sueño. He conocido gente con dinero pero nunca a nadie que pagara una cuenta como Alan. Era la persona más generosa que he conocido. Si tu amigo estaba en la ciudad, pagaba su entrada y luego te reservaba mesa en uno de los fabulosos restaurantes de Keith McNally.

Un día me desperté con un dolor de cabeza increíble. No podía ver. Llamé a Alan y me dijo que fuera a su casa. Cuando llegué a su piso, vomité por todas partes. Fuimos al hospital y Alan se sentó conmigo mientras repasaban mi historial médico, así que se convirtió en un tipo de relación diferente.

> ‘En cuanto llegué al fabuloso piso de Alan, vomité por todas partes’ … Tom Burke y Anna Chancellor en *Creditors*.

Para testar la meningitis viral – que era lo que tenía – me hicieron una punción lumbar, que goteó, así que Alan y yo fuimos a una clínica especial donde sacan sangre de tu brazo y la vuelven a poner en tu cuerpo para que forme un tapón sobre el agujero. El doctor dijo que debía evitar movimientos bruscos y fuertes por si el coágulo se desprendía.

Yo dije: “¿Ah, sí? Porque, Alan, ¿y cuando grito al final de la obra?” Y él dijo: “No te preocupes, podemos volver para ponerte otro tapón”. A eso te apuntas como actor: si estás enfermo, igual subes al escenario.

Fui a ver mucho a Alan cuando estaba en el hospital, pero aún como mi mentor, no mi amigo. Luego, en 2024, fui a México por el día de los muertos para esparcir las cenizas de mi hija, Poppy, y me encontré por casualidad con Ruby Wax en el avión. Le dije que imprimiera una foto de Alan, e hicimos un altar improvisado en uno de esos grandes y hermosos cementerios de Oaxaca. Encendimos velas, contamos historias y fue muy emotivo. A Alan le habría encantado.

### ‘No podía aceptar su ausencia’
**Helena Kennedy KC**

> ‘Su muerte fue un robo’ … Helena Kennedy KC en 2019.

Hace diez años; no parece posible. Su muerte fue un robo para nosotros; este actor brillante y maravilloso, que tenía tanto más por dar, desapareció de repente. Aunque fui una de las amigas cercanas que conocía su enfermedad y lo visité mientras se apagaba, no podía aceptar su ausencia.

Alan fue sin duda uno de los mejores actores de Gran Bretaña. Su distintiva voz pausada y su sublime habilidad para encarnar a sus personajes lo hacían realmente excepcional. Muchas de sus actuaciones en teatro y cine eran impresionantes. Mi buena suerte fue que tambien conocía sus otras cualidades, como su incansable lucha por un mundo mejor, con un fuerte sentido de la injusticia. No fue una sorpresa que Alan, junto a Katharine Viner, creara la conmovedora obra My Name is Rachel Corrie, sobre la joven activista estadounidense que murió mientras se oponia pacificamente a los derribos de casas en Gaza, o que su última película, *Eye in the Sky*, tratara sobre la responsabilidad moral de los gobiernos en el uso de drones.

Alan fue una presencia muy vivida en mi vida y jugó un papel importante en muchos eventos familiares – las cenas donde él insistía en que Harry Potter pagaba; las recaudaciones de fondos para la fundación de investigación médica de mi esposo, Saving Faces; la emoción para mis hijos de conocer al Sheriff de Nottingham y luego a ¡Severus Snape! Disfrutamos mucho las vacaciones en Cape Cod donde él y su esposa, Rima, se unieron a nosotros y fueron unos vagabundos de la playa como el resto.

‘Un incansable luchador por un mundo mejor’ … Megan Dodds en *My Name is Rachel Corrie*, 2005. Fotografía: Tristram Kenton/The Guardian

Lo que innumerables personas del mundo artístico y más allá recordarán de Alan fue su amabilidad, su apoyo al talento de otros, su ayuda financiera para quien lo necesitara. Fue generoso con su tiempo, su corazón y su aliento. Fue un gigante en su profesión y un príncipe entre hombres.

### ‘Me fascinaba su sutil y atractivo aire de melancolía’
**Heike Makatsch**

‘Envió un ramo de flores con una nota diciendo cuánto había apreciado a su amante’ … Heike Makatsch y Alan Rickman en *Love Actually*. Fotografía: Moviestore/REX/Shutterstock

Aunque parece una vida atrás, recuerdo vívidamente los pocos días de rodaje que tuve la suerte de compartir con Alan en *Love Actually*. Me sentía un poco fuera de lugar y a veces tímida, rodeada de actores tan conocidos y de primera fila cuyas actuaciones cálidas y profundas siempre había admirado desde lejos.

Hasta hoy, estoy agradecida por la generosidad con la que Alan me hizo sentir bienvenida en el set, siempre interviniendo con un apoyo discreto cuando los nervios amenazaban con vencerme. Era gentil, ingenioso, servicial y maravillosamente modesto, apareciendo en los descansos con café instantáneo y galletas, sólo para impresionarme momentos después con su talento actoral y sus reacciones cómicas perfectamente calculadas. Me fascinaba el sutil y atractivo aire de melancolía que parecía acompañarlo a todas partes.

Y cuando el rodaje de *Love Actually* terminó, envió un ramo de flores a mi puerta, con una nota diciendo cuánto había apreciado a su amante, Mia. Me sentí muy halagada. Mirando atrás, desearía haberme permitido disfrutar más de su compañía, en vez de ponerlo en un pedestal en el que él nunca eligió estar.

### ‘Alan le dijo a Jimmy Kimmel: “No, es más bien una película de hombres”’
**Stephen Rea**

Elegante, con estilo, sofisticado. Un actor glorioso. Tremendamente perceptivo sobre la interpretación. Cuando veía una obra podía dar notas que solo un gran actor habría observado. De una manera cálida y generosa.

Estaba a la altura del significado original de su apellido – Rickman – principesco, regio. Y era famoso por su ingenio. Entrevistado por Jimmy Kimmel: “¿Así que esta es una película para chicas?”. Alan respondió: “No, es más bien una película de hombres”.

‘Tremendamente perceptivo’ … Rickman en *Michael Collins*.

Y cuando recibió un premio por su interpretación del Sheriff de Nottingham, comentó que cada vez que lo miraba se daría cuenta de que “la sutileza no lo es todo”. Hilarante. Con clase. Extrañado para siempre.

LEAR  "Lights, DJ Lumia, Silyla, ERIC ZAYNE, Ginger Winn… – OutLoud! Culture" traducido y adaptado al español: "Lights, DJ Lumia, Silyla, ERIC ZAYNE, Ginger Winn… – ¡OutLoud! Cultura" (Opcionalmente, si prefieres un enfoque más natural en español, podrías ajustar "OutLoud!" como "¡En Voz Alta! Cultura", pero mantuve el nombre original por ser posiblemente una marca).

### ‘Que un hombre tan increíble eligiera mantener el contacto me hacía sentir especial’
**Kevin Smith**

En 1997, Alan se puso en contacto para decir que le había gustado mucho *Chasing Amy* y preguntar qué hacíamos después. Así que pude trabajar con un hombre cuyo trabajo siempre había apreciado tanto que, si no se estrenaba en EE. UU., lo buscaba en tiendas de video especializadas.

Un día en *Dogma*, lo vi a él y a Jason Mewes sentados juntos en los escalones de la iglesia, metidos en una conversación profunda. Recuerdo pensar: “¿De qué diablos podrían estar hablando estos dos?”. Me acerqué a Alan después y le dije: “Si Jason te está molestando, por favor házmelo saber”. Él dijo: “Jason Mewes jamás podría molestarme. Es un ícono estadounidense y un verdadero original absoluto”. Fue hermoso escucharlo decir eso.

‘Kevin, soy Alan, me vas a invitar a almorzar’ …Alanis Morissette, Alan Rickman y Kevin Smith en el set de *Dogma*. Fotografía: Everett/Shutterstock

Después de la película, mantuvimos el contacto. Cada vez que estaba en el Reino Unido, recibía una llamada: “Kevin, soy Alan. Estás en mi país. Te invito a almorzar”. Y lo mismo cuando él estaba en EE. UU.: “Kevin, soy Alan. Estoy en tu país. Me vas a invitar a almorzar”.

Cuando actué en el O2, Alan y Rima vinieron al show y luego regresaron al centro conmigo y mi esposa, Jen. Alan dijo que al final se había decidido y comprado un apartamento en Nueva York. Yo dije: “¡Eso suena genial!”. Él dijo: “Quizás no, porque es en el mismo edificio que mi amigo”. Yo dije: “¡Aún mejor!”. Él dijo: “Bueno, mi amigo es Ralph Fiennes, y si los fans de Harry Potter se enteran de que Voldemort y Snape viven en el mismo edificio, lo quemarán”.

Después de los premios Empire una noche, salimos todos juntos con Matt Damon y su esposa, Luciana. Cenamos y luego, como a la 1 a.m., nos tomamos una foto en el Puente de Londres. Todavía la tengo en mi laptop. Fue un momento maravilloso.

Siempre pensé que Alan era amable, cortés y comprometido políticamente. Pero después de su muerte, caí en cuenta de que no solo estaba siendo profesionalmente educado o británico. Se esforzó por mantener una amistad. Si hubiera querido, nunca habría tenido que interactuar conmigo otra vez. **Que un hombre tan increíble como Alan me eligiera de esa manera me hizo sentir especial. Muy rara vez conoces a alguien así de excepcional. ¡Ese tipo, por alguna razón, le caí yo bien! Llevo eso con orgullo, como una medalla de honor.

‘Él pagó toda la fiesta de fin de rodaje’

Randall Miller y Jody Savin

No conocíamos a Alan, pero sabíamos que sería exquisito como protagonista de nuestra película de 2007, *Nobel Son*, sobre un profesor egocéntrico cuyo hijo es secuestrado. Así que hicimos una oferta a sus agentes en EE.UU. y Reino Unido. Pero cuando los estadounidenses rechazaron nuestra oferta de escala salarial mínima, pensamos que se había acabado el asunto. Dos semanas después, llegamos a casa y había un mensaje en el contestador del propio Alan. Sus agentes británicos le habían pasado el guion, y él lo había leído.

‘Fue el mejor mensaje de voz de nuestras carreras’ … Rickman en el estreno en Hollywood de *Nobel Son* en 2008. Fotografía: Mario Anzuoni/Reuters

“Gracias por ser escritores de verdad”, dijo. Fue el mejor mensaje de voz de nuestras carreras. Nos agradeció ofrecerle el papel, pero temía que tenía conflictos de agenda. Así que reorganizamos por completo nuestro calendario de rodaje para que funcionara. Y él fue, por supuesto, brillante: siempre ese actor que elevaba el nivel de todos y nos desafiaba a dar nuestro mejor.

Al concluir el rodaje, preguntó por la fiesta de fin de filmación. Cuando confesamos que estábamos completamente sin fondos, escribió un cheque y la pagó él mismo. Así era Alan: generoso, inclusivo y divertido.

Luego hicimos dos películas más con Alan: *Bottle Shock* en 2008 y *CBGB* en 2013. Rodamos *Bottle Shock* en Napa en pleno verano y Alan iba metido en un traje de lana de tres piezas y manejaba un pequeño Gremlin sin aire acondicionado. Nunca se quejó. En la escena, el coche sufre un pinchazo. Él sale y grita “¡Bragas!” y le da una patada a la rueda. Pero luego, sin querer, se resbaló y cayó sentado al estilo Charlie Brown. Sin salir del personaje, se levantó de un salto y siguió con la escena. El accidente hizo que la escena brillara.

Rickman en *Bottle Shock*. Fotografía: Freestyle Releasing/Allstar

Alan estaba enfermo durante la realización de *CBGB*, pero nosotros nunca lo supimos. Él era nuestra musa, un gran amigo y un colaborador exigente. Nos hizo mejores a todos. Sigue vivo en nuestros corazones y películas, y lo extrañamos profundamente.

‘Alan se convirtió en ese fantasma que había perseguido mi infancia’

Neil Jordan

La gente decía que yo quería consolidar a Éamon de Valera como villano y por eso elegí al villano de *Die Hard*. No fue así. Elegí a Alan Rickman para *Michael Collins* porque era uno de los mejores actores de su generación. También era alto, bastante delgado, tenía una nariz prominente y se parecía mucho al **taoiseach** (presidente) que parecía dominar la vida irlandesa desde los años 20 en adelante.

‘La nariz de Alan parecía haberse expandido en imitación’ … Rickman en *Michael Collins*. Fotografía: Maximum Film/Alamy

Pero nada me pudo preparar para mi primer encuentro con Alan como De Valera, en un tráiler (tenía el suyo propio, bastante pequeño) detrás del decorado de la calle O’Connell que habíamos construido en los terrenos de una institución abandonada. La Oficina General de Correos desde la que él emergería en la película, magullado y golpeado pero erguido, era una décima parte más pequeña que la original. Estaba escuchando cintas de esa voz que recordaba de mi infancia que todo **múinteoir** (maestro) que tuve parecía imitar. Llevaba un largo abrigo de gabardina con uno de esos cuellos altos que asfixian, el par de gafas de montura metálica que parecían nunca abandonar el prominente bulto en la nariz de De Valera. La nariz de Alan parecía haberse expandido en imitación. Sostenía una copia del verdadero Tratado Anglo-Irlandés que estaba a punto de denunciar, con las palabras reales de De Valera. Y había 5.000 extras, esperando abajo su entrada.

Alan pensó en ese momento que yo había organizado las cosas así para forzar su actuación. No era así. El calendario era tan apretado, las llamadas de extras tan complicadas, que tenía que ser así. Pero lo vi salir, subir al podio de madera tras la enorme bandera irlandesa y convertirse en ese fantasma que había perseguido mi infancia.

“Los voluntarios tendrían que vadear sangre irlandesa, la sangre de los soldados del gobierno irlandés y a través, quizás, la sangre de algunos miembros de este gobierno para conseguir la libertad irlandesa”.

Era escalofriante. El viento azotaba la enorme bandera detrás de él. Cinco mil personas abajo, con gorras de tela y chales prestados, rugieron en aprobación. Una guerra civil era la única respuesta.

‘Empecé a imaginar una secuela’ … Rickman en la película con Liam Neeson y Aidan Quinn. Fotografía: Maximum Film/Alamy

La voz, aguda y lisonjera, era perfecta. En ese momento, empecé a imaginar una secuela sobre esta figura extraordinaria y contradictoria. Alan Rickman frente a frente con Winston Churchill, quien describió estos encuentros como “intentar recoger mercurio con un tenedor”. Pero las epopeyas históricas no tienen secuelas. De Valera, a diferencia de Michael Collins, no sería santificado por una muerte temprana. Estaría cargado con guiar esta república, con todas sus contradicciones y fallos, hacia el futuro.

Pero Alan podría haber hecho que cada detalle valiera la pena.

‘En el hospital, quería risas y chismes’

Frances Barber

¿Qué puedo decir que todos los demás que lo conocieron no hayan elogiado ya? El hombre más cariñoso y generoso del mundo, con tanto encanto que dejaba a todos sin fuerzas. Un ingenio, un sentido del humor y una amabilidad que superaban todo lo que había visto antes.

‘Él vino a todo lo que hice … con bastantes notas mordaces después de las funciones’ … Frances Barber y Alan Rickman en 2004. Fotografía: Alan Davidson/Shutterstock

Lo conocí por primera vez en el teatro Bush, arriba en un pequeño espacio sobre un pub en 1980. Acababa de salir de la universidad y comencé mi primer trabajo en ese mismo teatro. Nunca había estado allí antes y quería ver que me esperaba. Jamás olvidaré esa voz lenta que cautivaba a todos y su famosa presencia. Me conquistó cuando dijo: “Holaaaaa, me llamo Alan Rickman, y tú, ¿quién eres?”. Supongo que me enamoré de él en el instante y quedé completamente impresionada. Lo admiré profundamente toda su vida.

Él y su devota y maravillosa pareja, Rima – a quien idolatraba – vinieron a todo lo que yo hacía. Siempre tenía bastantes comentarios agudos después de las obras, pero siempre eran sugerencias positivas para ayudarme a mejorar. Alan siempre quería que todos fueran mejores, no porque creyera que él sabía más, sino porque amaba a sus amigos y deseaba lo mejor para ellos.

Con Rima Horton, 2015. Fotografía: Mark Sullivan/WireImage

Incluso cuando estaba muy enfermo en el hospital, no quería hablar de sí mismo; quería que lo hiciéramos reír y que le contáramos los últimos chismes. La vida sin Alan no es lo mismo, pero su memoria vivirá por siempre. Soy una mujer muy afortunada de haberlo tenido en mi vida. Y aún tengo a Rima, y eso significa mucho porque ellos siempre estaban juntos.

Me imagino a Alan dando notas incluso ahora, a quien sea que esté allí arriba con él, con esa voz famosa y ese brillo en la mirada. Simplemente lo amé, así de sencillo. Un viaje inolvidable por la costa española.

Este verano, decidí explorar la costa norte de España. Fue una experiencia realmente increible. Los paisajes eran asombrosos, con acantilados imponentes y playas de arena fina casi desiertas.

La comida, por supesto, fue otro de los puntos altos. Probé platos maravillosos en pequeños pueblos pesqueros. La gente era muy acogedora y siempre dispuesta a recomendar un buen sitio para comer o visitar.

Sin duda, es un destino que recomiendo a todo el mundo. Hay tanto por descubrir que ya estoy planeando mi próximo viaje para el año que viene. ¡No te lo pierdas!

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