El número de incidentes por contaminación fecal en las playas de las Islas Baleares se duplicó el año pasado, pasando de 46 en 2024 a 92 en 2025, y la calidad del agua de baño se ha deteriorado durante los últimos quince años, según el “Informe Mar Balear 2026” de la Fundación Marilles. Señalan una tendencia de deterioro de la calidad del agua y de aumento de la presión humana y náutica.
Asimismo, Marilles afirma que es imprescindible extender a todo el archipiélago balear el seguimiento de bañistas y embarcaciones –actualmente realizado sólo en Menorca– para mejorar la gestión de estos espacios y garantizar la conservación de los ecosistemas marinos y una experiencia segura para los usuarios.
Desde 2010, ha disminuido la proporción de aguas de calidad excelente y, sistemáticamente, las playas urbanas han presentado peores resultados.
En 2025, el 70% de las playas baleares obtuvo una calificación excelente. Formentera y Menorca son las islas con mejor calidad, con un 100% y un 80% de sus playas calificadas como excelentes, respectivamente.
Ibiza es la isla con más puntos por debajo de la categoría excelente: un 32% se calificó como buena y un 5% como suficiente. Todos los puntos con calidad insuficiente se localizaron en Mallorca, concretamente en Albercuix (Pollensa) y Cala Egos (Santanyí).
Se registraron 92 incidentes de contaminación microbiológica, el doble que en 2024, de los cuales 20 supusieron prohibición de baño y 72 fueron recomendaciones de no bañarse. Los municipios más afectados por estos episodios de contaminación fecal fueron Sóller, Santanyí, Calvià y Ciutadella. Entre 2020 y 2025, hubo 396 incidentes: 313 recomendaciones de no bañarse, 82 prohibiciones y uno en el que se declaró el agua apta para el baño.
Un total de 11 municipios notificaron incidentes durante esos años (2020–2025): Santanyí, Calvià, Palma, Sant Josep de sa Talaia, Ciutadella, Pollensa, Manacor, Sant Antoni de Portmany, Capdepera, Llucmajor y Alcudia. Marilles subraya que el muestreo de coliformes sólo se realiza en verano, coincidiendo con la alta temporada turística, por lo que la calidad del agua durante el resto del año queda fuera del sistema oficial de seguimiento.
En cuanto al uso de las playas, el informe destaca que, aunque son el principal recurso turístico de Baleares, sólo Menorca dispone de datos sobre la presión humana y náutica en estos espacios. Entre 2018 y 2024, el número de usuarios en las playas menorquinas aumentó un 10%, y el porcentaje de playas que superan un máximo de 1.000 usuarios diarios pasó del 14% al 17%.
En 2023 y 2024, las playas urbanas registraron la mayor afluencia de usuarios en comparación con las playas naturales y son las que disponen de menos espacio por bañista. En 2024, un 17% de las playas presentaban densidades de uso muy altas, con menos de 5 m² de arenal por usuario, lo que se considera insuficiente. Respecto a la capacidad de acogida que puede soportar cada playa, desde 2018 ésta se ha situado casi siempre por encima del límite óptimo del 100%.
En el ámbito náutico, durante los últimos cinco años el número de embarcaciones fondeadas diariamente en temporada estival ha crecido un 48%. Las playas naturales con servicios son las que soportan un mayor impacto náutico, de modo que entre 2018 y 2023 el número medio de barcos por día aumentó un 68% en estos arenales. En 2024, estas playas soportaron una media de 26,4 embarcaciones diarias, mientras que en las urbanas se registraron 14,2 barcos.
Marilles insiste en que las playas son sistemas complejos, dinámicos y de gran fragilidad que reportan beneficios ecológicos y económicos a la sociedad. Advierte que para establecer una gestión adecuada es necesario comprender su evolución sedimentaria y la frecuencia de uso terrestre y marítimo, además de contar con un control sanitario de las aguas de baño.