De la escasez a la posibilidad: el significado de las tecnologías de perfusión para la industria del trasplante de órganos

Cada transplante comienza como una carrera contra reloj. Una vez que un órgano sale del cuerpo, su condición empieza a deteriorarse. Durante décadas, la conservación estática en frío, donde se coloca el órgano en hielo, ha sido el método estándar para ralentizar este proceso. Esta técnica puede retrasar el daño y ganar tiempo, pero no puede detenerlo, y el margen que ofrece no es suficiente.

La limitación temporal define cada paso del trasplante. Cirujanos, coordinadores y hospitales donantes trabajan contra un reloj que nunca deja de tictaquear. En ese entorno, las decisiones deben tomarse con rapidez, las distancias de transporte se mantienen cortas y hay poco margen para la hesitación o el retraso.

Hoy, se está desarrollando una nueva frontera en la preservación de órganos: la tecnología de perfusión mecánica. Esta técnica extiende la viabilidad de los órganos fuera del cuerpo mediante la circulación de oxígeno y nutrientes a través de una solución especializada. Esto significa que los órganos pueden recorrer distancias mayores, los equipos médicos disponen de más tiempo para tomar decisiones ponderadas y los pacientes tienen una mejor oportunidad de encontrar un donante compatible.

De un almacenamiento pasivo a una preservación activa

La conservación estática en frío ha cumplido su función durante muchos años, pero es un proceso pasivo. Ralentiza la actividad del órgano sin preservar su verdadera vitalidad. Sin oxígeno y nutrientes, las células se debilitan.

La perfusión mecánica cambia este enfoque por completo. Proporciona un entorno controlado con un flujo constante de oxígeno y nutrientes para mantener el órgano estable y funcional. Un método, la perfusión hipotérmica oxigenada (HOPE), utiliza temperaturas frías y representa un avance fundamental en el cuidado de órganos.

LEAR  Científicos descubren una nueva forma de localizar la inflamación en el cuerpo.

Los profesionales médicos están adoptando nuevos conocimientos científicos sobre el trasplante de órganos. Ya no se trata solo de adquirir un órgano. Se trata de preservar su salud, mantener su función y garantizar que cada órgano donado tenga la oportunidad de salvar una vida.

Abordando las principales barreras en el trasplante de órganos

La perfusión mecánica resuelve tres desafíos persistentes en el trasplante de órganos: el tiempo limitado, las barreras geográficas y la subutilización de órganos donantes.

El tiempo siempre ha sido el factor más implacable. Horas adicionales en un trasplante son un regalo. Transforman lo que una vez fue una carrera frenética en un proceso más deliberado. Las tecnologías de perfusión otorgan a los clínicos un tiempo valioso para tomar decisiones cuidadosas e informadas, ayudando a mantener la salud del órgano y extender su viabilidad. También brindan tiempo adicional para evaluar y preparar el órgano tanto para el paciente como para la familia donante.

Históricamente, la geografía ha jugado un papel significativo en quién puede recibir un trasplante. Los órganos en conservación estática en frío tienen solo una fracción del tiempo disponible fuera del cuerpo en comparación con los de perfusión mecánica. Es decir, solo pueden viajar una fracción de la distancia. Esto reduce enormemente el número de receptores elegibles y aumenta las inequidades en el sistema. Al extender el tiempo de preservación, las tecnologías de perfusión ayudan al sistema a seguir sus propias reglas, priorizando a los pacientes según la urgencia y no la proximidad.

La tercera barrera es combatir la subutilización de órganos donados. Demasiados órganos se desaprovechan cada año en Estados Unidos. Para órganos abdominales como hígados y riñones, entre un 35-40% no se utilizan. Esta cifra se dispara cuando se trata de corazones y pulmones donados, donde alrededor de un 75-80% nunca se trasplantan. La perfusión mecánica crea un entorno más estable para la preservación, lo que permite que órganos antes considerados no aptos – como los de donantes mayores o con ciertas condiciones de salud – sean viables. Esto permite a los cirujanos utilizar con confianza órganos que de otra forma se descartarían, y ayuda a emparejar órganos con pacientes de manera más efectiva, reduciendo así el número de órganos desperdiciados.

LEAR  Las infecciones graves aumentan el riesgo a largo plazo de insuficiencia cardíaca.

La dimensión ética

Durante demasiado tiempo, la urgencia del tiempo ha forzado difíciles compromisos. Un sistema que incorpore la perfusión puede corregir estos desequilibrios. Ventanas de preservación más largas permiten una distribución más justa de los órganos. Las familias donantes pueden tener mayor confianza en que la contribución de su ser querido ayudará a alguien que lo necesita. Los clínicos ganan claridad y tiempo para operar con confianza.

En esencia, las tecnologías de perfusión no son solo un avance científico, sino también ético. Apoyan la equidad, la transparencia y la rendición de cuentas en la gestión y uso de recursos que salvan vidas.

Hacia un futuro más ético y eficaz

La perfusión no es un concepto del futuro. Está sucediendo ahora y está cambiando lo que es posible en uno de los campos más exigentes de la medicina. Extender la viabilidad de los órganos significa extender la oportunidad. Un sistema basado en la perfusión es más ético, más transparente y logra que más personas salgan de la lista de espera.

La adopción debe expandirse y la formación e integración necesitan crecer junto con la experiencia clínica. El objetivo es claro: nadie debería morir esperando un nuevo órgano.

El viaje de la escasez a la posibilidad ya está en marcha. Las tecnologías de perfusión proporcionan las herramientas para honrar cada órgano donado, ayudar a cada paciente y tomar cada decisión con mayor confianza y cuidado. El tiempo siempre será crucial en el trasplante, pero con innovación y colaboración, finalmente puede ayudar a salvar más vidas.

Foto: eternalcreative, Getty Images

Christoffer Rosenblad es el CEO de XVIVO. Como CEO, Christoffer lidera la compañía hacia su visión de que nadie debería morir esperando un nuevo órgano y ayuda a clínicos e investigadores a ampliar los límites del trasplante de órganos, haciéndolo más accesible y confiable para personas en todo el mundo. Durante la última década, Christoffer ha ejercido como COO, CFO y Director de XVIVO Norteamérica, desempeñando roles clave en la definición de su estrategia, impulsando el crecimiento global y fomentando una cultura de innovación basada en la colaboración y la integridad.

LEAR  Cinturón de lluvia torrencial barriendo las Islas Baleares.

Este artículo se publica a través del programa MedCity Influencers. Cualquier persona puede publicar su perspectiva sobre negocios e innovación en el sector de la salud en MedCity News a través de MedCity Influencers. Haz clic aquí para saber cómo.

Deja un comentario