Pål Jonson pronunciándose ante un fondo de las banderas de Suecia y la OTAN.
Crédito: X – Pål Jonson
@PlJonson
Si resides actualmente en cualquier lugar de Europa, probablemente no te sorprenda que el gasto en defensa esté aumentando nuevamente. Lo que sí podría llamar la atención es la cuantía que Suecia ha decidido destinar: 15 mil millones de coronas suecas, aproximadamente 1.600 millones de dólares, para nuevos sistemas de defensa aérea.
El objetivo no se centra en cazas de combate ni en misiones en el extranjero. Según el gobierno sueco, este dinero tiene un propósito mucho más cercano: proteger a la población civil, las ciudades y las infraestructuras críticas de potenciales amenazas aéreas.
El anuncio se realizó en una conferencia sobre seguridad en el norte de Suecia, donde el ministro de Defensa, Pål Jonson, no endulzó los motivos.
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“La experiencia de la guerra en Ucrania demuestra con claridad lo crucial que es una defensa aérea robusta y resiliente”, declaró a los periodistas.
Es un argumento que se ha vuelto familiar en toda Europa. Desde la invasión rusa de Ucrania, los gobiernos han estado replanteándose —discretamente y a veces no tanto— cómo es la verdadera seguridad en 2026.
La guerra de Ucrania ha cambiado la percepción de la defensa aérea
Durante años, la defensa aérea fue uno de esos temas que rara vez trascendían fuera de los círculos militares. Eso ha cambiado rápidamente. El conflicto en Ucrania ha evidenciado cuán vulnerable puede quedar la infraestructura civil cuando los misiles y los drones se convierten en parte de la guerra cotidiana.
Centrales eléctricas, puentes, ferrocarriles e incluso áreas residenciales han sido blanco en conflictos modernos. Suecia, con su vasto territorio y centros de población dispersos, sabe que no es inmune.
Aunque el país ya ha incrementado el gasto en defensa en los últimos años —como la mayoría de naciones europeas—, los oficiales admiten que aún existen puntos débiles, especialmente en lo que respecta a proteger grandes áreas desde el aire.
Jonson confirmó que Suecia planea adquirir sistemas de defensa aérea de corto alcance. Estos estarían diseñados para proteger:
Ciudades y zonas pobladas,
Puentes y ejes de transporte,
Centrales eléctricas y otras infraestructuras esenciales.
En términos sencillos, se trata de garantizar que la vida cotidiana pueda continuar incluso si la situación de seguridad se deteriora. Sin lenguaje dramático, sin discursos grandilocuentes sobre estrategia; simplemente protección práctica.
La reciente adhesión de Suecia a la OTAN también ha agudizado el enfoque. Formar parte de la alianza conlleva expectativas en materia de preparación y resiliencia, y la defensa aérea ocupa ahora un lugar prioritario en la lista.
Las preocupaciones de seguridad en Europa no desaparecen
La decisión de Suecia se enmarca en un panorama europeo mucho más amplio. Desde los estados bálticos hasta Alemania y Francia, los presupuestos de defensa han aumentado constantemente. Los gobiernos ya no dan por sentado que un conflicto de gran escala es algo que solo ocurre en otros lugares.
Lo que hace especialmente sensible a la defensa aérea es que afecta directamente a los civiles. No se trata de despliegues de tropas o ejercicios militares; se trata de que la electricidad se mantenga, el transporte funcione y las ciudades estén protegidas.
Aunque Suecia aún no ha compartido detalles técnicos sobre qué sistemas exactos se adquirirán, el enfoque en la protección de corto alcance sugiere sistemas capaces de enfrentarse a drones y amenazas de vuelo bajo —las cada vez más frecuentes en la guerra moderna—.
El mensaje desde Estocolmo es lo suficientemente claro: esperar a que llegue una crisis ya no es una opción.
Las tensiones políticas añaden otra capa a la historia
El anuncio de defensa también se produjo en un día de tensión política. El primer ministro Ulf Kristersson criticó lo que describió como la “retórica amenazante” desde Estados Unidos hacia Groenlandia y Dinamarca, señalando que Washington debería en su lugar reconocer a Dinamarca como un aliado leal.
Aunque los comentarios no estaban directamente vinculados a la inversión en defensa aérea, subrayan lo frágiles que pueden percibirse las relaciones internacionales en estos momentos —incluso entre socios de larga data—.
Es otro recordatorio de que las decisiones de seguridad actuales raramente se limitan al hardware y los presupuestos. También están moldeadas por la diplomacia, las alianzas y la cambiante política global.
Qué significa para los suecos de a pie
Para la mayoría de los ciudadanos en Suecia, nada cambiará de la noche a la mañana. Los nuevos sistemas de defensa requieren tiempo para ser encargados, instalados e integrados. No veremos aparecer de repente baterías de misiles en las esquinas.
Pero simbólicamente, la medida es importante. Señala que la seguridad civil está ahora firmemente en el centro de la planificación de defensa, no solo la capacidad militar.
En toda Europa, esa mentalidad se está convirtiendo en la nueva normalidad. La idea de que la paz puede darse simplemente por sentada se ha desvanecido, reemplazada por un enfoque más cauteloso y pragmático.
La apuesta de Suecia de 1.600 millones de euros en defensa aérea es parte de ese cambio más amplio —una inversión discreta pero seria para garantizar que el país esté mejor preparado para lo que venga.
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