Oliva recibe el invierno con su tradicional feria de Sant Antoni. Crédito: Protección Civil Oliva
Del 9 al 11 de enero, las calles de Oliva se preparan para vibrar con las imágenes, los olores y los sonidos de una de las tradiciones más arraigadas de la localidad: la feria de Sant Antoni. Ubicada en el histórico barrio del Raval-Gerreria, entre la calle Sant Vicent y la plaza Ganguis, la feria no es solo una celebración, sino un vívido recordatorio de la rica historia y el espíritu comunitario de Oliva.
Durante generaciones, los vecinos se han congregado para participar en las famosas calderes de Sant Antoni, donde las marmitas de hierro bullen sobre fuego de leña, llenando el aire con el reconfortante aroma del arroz con judías y nabos. Este año se prepararán unas 35 calderas, produciendo miles de raciones para quienes deseen llevar el plato a casa o degustarlo en la comida comunal, una tradición amorosamente recuperada por los Festers de la calle Sant Vicent en 1999 tras décadas de interrupción.
Un festín para los sentidos
Más allá de las calderas, la feria transforma Oliva en un bullicioso escenario de color y actividad. La Feria Modernista invita a los visitantes a retroceder en el tiempo con más de cincuenta puestos, animadores en traje de época, exhibiciones de baile y hasta desfiles de bicicletas vintage. Las risas de los niños llenan el aire mientras participan en talleres y juegos tradicionales de madera, mientras que las visitas guiadas conducen las miradas curiosas hacia los sitios más emblemáticos del pueblo, desvelando las historias ocultas y el encanto histórico de Oliva.
Los amantes de la gastronomía se deleitarán en la Feria Gastronómica de las Asociaciones, donde los colectivos locales exhiben sus creaciones culinarias al ritmo de la música en vivo. Desde las actuaciones de mediodía hasta los conciertos vespertinos, la feria pulsa con energía, combinando patrimonio, entretenimiento y el simple placer de congregarse en uno de los barrios con más atmósfera de Oliva.
Comunidad y tradición en el corazón
El espíritu de la feria de Sant Antoni se ve enriquecido, además, por la presencia de la juventud del pueblo. Bajo la dirección de la Concejalía de Juventud, los niños recorren las calles con cabezudos y participan en juegos que han entretenido a generaciones. Mientras, los adultos pueden saborear los ritmos pausados de los bailes tradicionales o sumarse a la convivencia que ha definido las celebraciones de enero en Oliva durante siglos.
Para muchos, la feria no trata únicamente de comida, música o indumentaria; constituye un vínculo con la historia. Los registros indican que los primeros porrats de Sant Antoni en Oliva se celebraron junto a la iglesia de San Roque en el siglo XVII, y fue allí donde comenzó la tradición de las calderas, proporcionando sustento y esperanza en tiempos difíciles. Hoy, esa misma tradición sigue uniendo a vecinos y visitantes, recordando a todos los presentes que estas costumbres versan tanto sobre comunidad y generosidad como sobre festividad.
Celebración más allá del fin de semana
Concluida la feria, las celebraciones continúan con la bendición de los animales, una ceremonia que honra a Sant Antoni Abad y simboliza el profundo respeto del pueblo por la naturaleza y la vida rural. Los niños observan con ojos atónitos cómo reciben la bendición animales grandes y pequeños, mientras los vecinos comparten dulces e historias, prolongando la calidez de la feria más allá del propio fin de semana.
La feria de Sant Antoni de Oliva es más que un evento; es un viaje en el tiempo, un festín de tradición y una celebración de la comunidad que marca el inicio de la ruta ferial histórica de la Safor, enlazando localidades como Benirredrà, La Font d’en Carròs, Potries, Ròtova, Tavernes de la Valldigna y L’Alqueria de la Comtessa.
Una tradición invernal que no hay que perderse
Desde el crepitar de la leña en las calderas hasta las risas infantiles en las calles, desde la elegancia de la Feria Modernista hasta la sencilla alegría de las comidas compartidas, la feria de Sant Antoni de Oliva invita a todos a experimentar el invierno a la manera valenciana: cálido, animado y lleno de corazón.