Reseña de la segunda temporada de ‘Beast Games’: un reality sin alma ni emoción, como ‘El juego del calamar’ mezclado con ‘Love Island’

La primera temporada de *Beast Games* – el concurso de telerrealidad con gran premio creado y presentado por la personalidad de internet Jimmy Donaldson, más conocido como MrBeast – provocó una demanda. Cinco concursantes anónimos demandaron a las productoras del programa y al propio Donaldson. Alegaron que los mantuvieron “con hambre y agotados”, y denunciaron un ambiente inseguro en el plató de esta serie al estilo *Gladiadores* y *El juego del calamar* (acusaciones, por supuesto, firmemente negadas por todas las partes). Aunque los participantes dijeron haber sido “explotados sin vergüenza” en nombre del entretenimiento, esto no impidió el éxito de *Beast Games*, que se convirtió en la serie no scripted más vista de la historia de Amazon, alcanzando 50 millones de espectadores en su primer mes.

Es posible que abordes *Beast Games* con la sensación de que es un proyecto algo turbio y mercenario, donde el premio de 5 millones (“¡¡riqueza generacional!!”, dice Donaldson) distrae de los posibles problemas éticos justo debajo de la superficie. Sin embargo, por extraño que parezca, las cuestiones morales probablemente sean la menor preocupación de los espectadores. Más que nunca, en su segunda temporada, *Beast Games* resulta además una televisión sin sentido y sin ambiente, con pinceladas de sadismo al estilo *Squid Game* pero que también copia mucho del manual de *Love Island*. Mientras pasan la noche en vela construyendo torres imposibles con bloques de espuma o jugando a versiones complicadas de dodgeball, los concursantes forman parejas, son eliminados e incluso buscan vengar a compañeros caídos. Como Luisitin, que juega para defender el honor de su mujer de la primera temporada, hablando mal de su antiguo némesis, Karim, a todo el que quiera escuchar (“¡Él y su hermano hicieron gaslighting a mi esposa en televisión!”). La gente dice cosas como “¡cuidado con en quién confías!” o “es el chico mochila… su novia lo está cargando hasta la meta”. Desde luego, este tipo de rencillas no se ven en *Ninja Warrior*.

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Como es norma, se explota sin pudor las tragedias personales de los concursantes. En minutos, nos enteramos de que un participante quiere el dinero para el tratamiento de cáncer de un familiar; más tarde, escuchamos a gente que busca una vida mejor para su familia o fondos para curar enfermedades raras. Pero, en realidad, *Beast Games* no resulta más empalagoso que otras series del género, o incluso que los propios esfuerzos online de Donaldson para ayudar a amputados a caminar o curar la ceguera de 1,000 personas. No obstante, extrañamente, tiene una inmadurez constante que me recuerda rápidamente a mi adolescencia. Dos jugadores, Jim y Monika, inmediatamente se convierten en pareja (“¿Lo hacemos oficial?!”), mientras Luisitin se propone lograr que expulsen a otro jugador lo antes posible, consiguiendo que los demás lo ignoren en un desafío llamado “Bluff”, donde deben adivinar el color del disco que llevan en la nuca. Al principio, pensé que Beast City – el set muy iluminado donde viven y compiten los 200 concursantes – era un poco como una prisión, aunque si las prisiones tuvieran su propio Starbucks 24 horas. Poco a poco, me doy cuenta de que se parece más a un instituto.

Esta temporada, MrBeast y sus amigos han dividido a los concursantes en dos equipos, Fuerte e Inteligente, jugando una vez más con una visión adolescente del mundo. Quizá no sorprenda que, a medida que los retos se vuelven más físicos, más miembros del equipo “inteligente” (entre ellos, Trina, a quien – nos dicen – tiene el mismo CI que Einstein) comienzan a fallar. Qué se supone que demuestra esta segregación es una incógnita (¿que la gente que se autoselecciona como fuerte es mejor en retos atléticos?), aunque en Beast City el objetivo quizá sea simplemente dividir y vencer. Se les ofrece sobornos en efectivo para abandonar el juego, lo cual está bien hasta que te das cuenta de que también pueden estar consiguiendo que expulsen a otros en el proceso.

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MrBeast atrae mucha atención por sus cuestionables acciones en internet: es un hombre que se hizo famoso haciendo cosas como encerrar a gente en aislamiento durante 100 días. En ese sentido, *Beast Games* no es particularmente controvertido. Sin embargo, es prodigiosamente infantil. Además de una sonrisa forzada, Donaldson lleva una chaqueta de sport sobre una sudadera con capucha durante toda la serie, lo cual le queda muy mal y también es una metáfora de su concurso. Por mucho que espere dar una imagen más seria, *Beast Games* se siente como el equivalente televisivo de la triste feria navideña donde a un caballo enfermizo le ponen unas astas y le dicen que se muestre animado. Es bastante cruel, seguro, pero también increíblemente aburrido – y quizá eso es peor.

*Beast Games* está disponible en Prime Video.