Comunicado: La Ciudad de Madrid Financia un Proyecto Cinematográfico de Woody Allen

Woody Allen durante un reciente evento cinematográfico europeo.
Crédito: Denis Makarenko, Shutterstock

Madrid se sitúa directamente en el punto de mira –y lo hace con uno de los nombres más comentados del cine.

El gobierno regional ha confirmado que invertirá 1,5 millones de euros en la próxima película de Woody Allen, con la esperanza de convertir a la capital en un telón de fondo cinematográfico global y, en última instancia, en un imán turístico. La medida forma parte de un impulso creciente por el llamado cine-turismo –donde los aficionados viajan a ciudades que han visto en pantalla– y los responsables creen que una producción de alto perfil podría ser el escaparate perfecto para la capital española.

Pero no se trata de un patrocinio casual. Cada euro está sujeto a condiciones estrictas, garantizando que Madrid no sea solo un lugar de rodaje, sino la auténtica protagonista.

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Madrid ocupa el centro del escenario

Según el acuerdo, la película número 51 de Allen debe rodarse en Madrid y sus alrededores, utilizando calles, edificios y monumentos reconocibles. Incluso el título debe darle a la ciudad el máximo protagonismo: se exige que la palabra “Madrid” aparezca en el nombre de la película.

El contrato gubernamental, publicado en línea, describe el proyecto como una forma de “patrocinio promocional”, arguyendo que el cine puede potenciar la imagen internacional de un destino como pocas herramientas. Los responsables insisten en que cuando una película resalta localizaciones reales e identificables –hasta el punto de que la ciudad se convierte “casi en un personaje” de la historia– los espectadores la recuerdan y los viajeros la siguen.

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El título provisional de la película es “Wasp 2026”, que corresponde a Woody Allen Summer Project 2026. Se prevé que la producción concluya el 31 de diciembre de 2027.

Los 1,5 millones no se desembolsarán de una sola vez. En su lugar, el dinero se liberará por fases, vinculadas al rendimiento internacional de la película. Según información publicada por El País, uno de los pagos solo se efectuará tras el estreno de la película en un festival importante, como la Berlinale u otro evento de similar prestigio.

En resumen, Madrid no paga solo por una película, sino por exposición global –con garantías incluidas.

La segunda cita de España con Woody Allen

No es la primera vez que España recurre a Allen para venderse. En 2008, el ayuntamiento de Barcelona y el gobierno catalán también invirtieron 1,5 millones en *Vicky Cristina Barcelona*. La película, protagonizada por Scarlett Johansson y Javier Bardem, pintó la ciudad como un paraíso bohemio y bañado por el sol, convirtiéndose en una tarjeta de visita turística de larga duración.

Madrid espera claramente que el rayo caiga dos veces en el mismo sitio, esta vez en la capital. La idea es que el estilo reconocible de Allen –que fusiona vida urbana, romance e introspección– pueda presentar Madrid a millones de espectadores que quizá nunca la habían considerado como destino de vacaciones.

Un director que divide opiniones

Sin embargo, la decisión no ha caído en saco roto.

La reputación de Woody Allen se ha visto afectada en los últimos años, tras la renovada atención sobre las denuncias de abuso sexual presentadas por su hijastra adoptiva, Dylan Farrow. Allen ha negado rotundamente las acusaciones y previamente fue exonerado, pero las alegaciones resurgieron durante el movimiento #MeToo, reavivando el debate público sobre su obra y su legado.

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La controversia tuvo consecuencias reales. En 2018, Amazon Studios canceló un acuerdo por cuatro películas valorado en 68 millones de dólares, un duro golpe para su carrera en Estados Unidos. Desde entonces, Allen ha trasladado sus proyectos principalmente a Europa.

Su película más reciente, *Coup de Chance*, se rodó en París y se estrenó en el Festival de Venecia en 2023, confirmando que los productores europeos siguen dispuestos a apoyar sus producciones –controversia incluída.

Una apuesta turística audaz

Para Madrid, se trata de un riesgo calculado. La ciudad gana la visibilidad global que conlleva un cineasta de renombre, pero también asume la polémica que lo acompaña.

Los responsables gubernamentales parecen convencidos de que los beneficios superan a los inconvenientes. Con garantías contractuales que fuerzan a que la capital aparezca de forma prominente –desde los lugares de rodaje hasta el título– Madrid ha asegurado el máximo impacto para su inversión de 1,5 millones.

Que la apuesta salga bien o no dependerá de la acogida y el alcance de la película. Si el público conecta con la historia y los escenarios, Madrid podría disfrutar del mismo impulso turístico que tuvo Barcelona. Si la controversia eclipsa la producción, es probable que la decisión siga siendo un tema de debate mucho después de que se apaguen las cámaras.

Por ahora, una cosa es segura: Madrid ha decidido ponerse delante de la cámara –y apuesta a que un famoso cineasta puede convencer al mundo para que venga a ver el original.

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