¿Por qué mi tomate viste Loewe? Indagando en la cultura del branding de objetos

La semana pasada vi una regleta eléctrica llevando Jacquemus. No en un modelo, ni en un bolso, sino en una regleta. Bienvenidos a la era del branding de objetos, una mezcla surrealista de marketing que invade casi cada rincón de la vida. La moda y el estilo de vida se vuelven uno en un mundo hipervisual donde todo puede llevar estatus, incluso un enchufe. Así que la próxima vez que prepares el desayuno, fíjate si tus huevos revueltos llevan Prada, podrías ser más rico de lo que crees.

La vieja logomanía era solo camisetas, bolsos y cinturones. Ahora es todo conceptual, piezas que no tienen valor ni conexión con la moda, de alguna manera importan más que nunca. Las marcas luchan por atención en un lugar donde todos los anuncios parecen iguales, así que, naturalmente, ponen logos en lo que sea que vean. Es el nuevo lenguaje casual-lujo de la moda que dice “nuestra estética cabe en todas partes”. Estos objetos aleatorios se convierten en mini lienzos en blanco, robando el foco de la publicidad habitual. La estampación de logos es ahora un momento para dejar de scrollear, una especie de interrupción visual extraña. Tu cerebro se toma un descanso y tu imaginación toma un desvío. Todo con un costo bajo pero un impacto alto, y muchas más probabilidades de volverse viral, básicamente nacido listo para el feed. A mí me parece un acierto.

Estos logos se estampaban en ante durante años, ahora se estampan con éxito en nuestras cabezas. Un tomate de Loewe, un enchufe Jacquemus, un panqueque de Skims, un cubo de hielo de Rhode, todo es tan inesperado que te golpea como un micro-shock. Estos nombres no venden productos, cuentan una historia, moldean una narrativa, crean identidad en vez de promoción. Y los objetos mismos están prediseñados para ser material de captura de pantalla, para ser notados, compartidos, recordados. Se cuelan en las rutinas diarias, en las cosas que tocamos, vemos y usamos. Lo que antes era una compra de lujo ahora es un mood de estilo de vida cotidiano. Crea una extraña intimidad emocional, una forma sutil de presencia, acercando las marcas a nuestras vidas, no a nuestros armarios. Quizás ese es el futuro del branding, no más fuerte, no más grande, solo más cerca. Lo suficientemente cerca como para sentarse en la encimera de tu cocina.

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