Hace años que me fascina la época nazi: cómo personas normales se convertían en monstruos, cómo el carisma de un hombre pudo arrastrar a toda una nación al infierno. Si tú piensas igual, Núremberg te va a impactar muchísimo, en el mejor sentido. No es solo otra lección de historia aburrida o una película de tribunal. Es un enfrentamiento psicológico intenso, inteligente y profundamente inquietante que me mantuvo pegado al asiento durante sus 2.5 horas.
La historia se centra en el duelo mental entre el psiquiatra estadounidense Douglas Kelley (Rami Malek) y Hermann Göring (Russell Crowe), el llamativo y poderoso segundo al mando nazi esperando su juicio. Mientras los famosos Juicios de Núremberg suceden al fondo, estos dos hombres se encuentran en una celda para una serie de conversaciones privadas que se convierten en una batalla de ingenio. Kelley intenta entender qué hace funcionar a un monstruo. Göring solo quiere jugar juegos mentales y mantener el control. Lo que empieza como una evaluación clínica se vuelve algo más oscuro y personal.
Russell Crowe está absolutamente magnético como Göring. Es divertido, carismático, aterrador y totalmente convincente, incluso hablando alemán real en varias escenas. Lo odias… pero no puedes dejar de mirarlo. Es el tipo de actuación poderosa que te recuerda por qué Crowe tiene un Óscar en su estantería. Rami Malek está igual de bien en el otro lado: callado, intenso y resquebrajándose lentamente mientras se adentra más en el mundo de Göring. La química entre ellos es eléctrica; cada escena parece un juego de póquer de alto riesgo donde nadie está fingiendo.
El reparto de apoyo también es excelente. Michael Shannon aporta seriedad como el principal fiscal estadounidense, y todos, desde los guardias hasta los otros acusados, se sienten reales. Los decorados, el vestuario y la fotografía capturan perfectamente la sensación gris y destruida de la Alemania de 1945 sin parecer falso o exagerado. La música y el diseño de sonido también merecen una mención; hubo momentos en el cine tan silenciosos que se podía escuchar a la gente conteniendo la respiración.
Lo que más me gustó es que la película confía en su audiencia. No te lo explica todo con una cuchara ni te golpea con mensajes obvios. En cambio, plantea preguntas difíciles: ¿Puede el mal ser “normal”? ¿Qué tan fina es la línea entre entender a alguien y empezar a justificarlo? Son ideas que todavía no puedo quitarme de la cabeza un día después.
Núremberg se posiciona como una de las películas imprescindibles del 2025—una obra maestra del drama histórico que honra a sus personajes negándose a simplificarlos. Es la película que no sabía que necesitaba, reavivando mi fascinación por el oscuro atractivo del Reich. Véanla en la pantalla grande por su inmersión total; vale la pena por cada fotograma. Bravo para Vanderbilt, Crowe y Malek por desafiarnos a mirar al abismo y salir más sabios. Esto no es solo algo que hay que ver; es un enfrentamiento que no nos podemos perder.
Email: [email protected]