No te limites a Oporto: adéntrate por el río Duero para descubrir la que muchos consideran la región vinícola más bella del mundo.

Una copa de Alvarinho bien frío en la terraza del emblemático hotel Yeatman fue el merecido premio a una aventura que nos llevó por algunos de los paisajes más salvajes y seductores del interior de Portugal.

Tras media jornada de turismo por los adoquinados rincones del histórico Porto, sin duda estábamos listos para un aperitivo antes del almuerzo.

Podríamos haber degustado el afamado vino dulce de la ciudad, pero por alguna razón, el Milagres Alvarinho 2016 –procedente de la cercana región del Vinho Verde– parecía más apropiado a esa hora del día; su consistencia aflintada, aunque melosa, armonizaba a la perfección con el panorama que se desplegaba ante nosotros.

Desde la mágica atalaya de Dick’s Bar, en lo alto de la margen sur de la ciudad, se contempla el mundo deslizarse por el famoso río Douro, que nace como Duero a unos 900 km al este, en Soria, en las tierras altas de Castilla y León.

Esta es la posición privilegiada para apreciar, en particular, la portentosa hazaña de ingeniería que Eiffel le brindó a la ciudad en el siglo XIX con su imponente puente de María Pía.

En realidad, nos encontramos en Vila Nova de Gaia, el tradicional centro neurálgico de los negocios de Oporto, una zona industrial al otro lado del río, impregnada de la historia de la vinicultura y no muy disímil de Jerez o Burdeos.

Es un barrio fascinante para explorar, especialmente para ver cómo muchas de sus antiguas bodegas, conocidas localmente como ‘lodges’, se han reconvertido en apartamentos y tiendas, además de albergar lo que es, sin duda, uno de los mejores museos del vino del mundo.

El WOW, World of Wine, ofrece una mirada fascinante a la industria de las bebidas de Portugal a través de películas, exposiciones y abundante información práctica. Es igual de divertido que revelador, con un montón de contenido interactivo para los niños.

Inaugurado hace cinco años, ha transformado por completo esta parte de la ciudad gracias a una gigantesca inversión de 105 millones de euros del consorcio Fladgate, la empresa detrás del ya mencionado hotel de cinco estrellas The Yeatman.

Aquí hay cuatro museos independientes, incluyendo uno fascinante sobre el corcho, un homenaje a esta importante industria para Portugal, además de uno dedicado al chocolate y amplios espacios para exposiciones temporales, una escuela de vino, una tienda y varios restaurantes.

Pero si bien los vinos de la ciudad pueden definir a esta urbe ancestral, no hacen ni remotamente justicia a todo lo que ofrece.

Porto, conocida localmente como Oporto, es, en efecto, mucho más que su a veces empalagoso y excesivamente dulce caldo.

Una metrópolis majestuosa, aunque de fácil manejo, que se extiende a lo largo de uno de los ríos más famosos de Europa, es collosa e histórica, civilizada y con cierta rudeza a partes iguales.

Su geografía, junto al veloz río Douro mientras se aproxima al mar, evoca la posibilidad de unos paseos y paisajes hipnóticos que combinan el chic urbano con las vistas marítimas.

La segunda área metropolitana más grande de Portugal, con 1,8 millones de habitantes, se remonta a antes de los romanos, cuando celtas y fenicios comerciaban aquí, y su núcleo histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996.

Sobre todo, su gente es urbana y trabajadora (se dice que son los verdaderos currantes de Portugal), y sienten un gran orgullo y placer en ofrecer lo mejor que su ciudad tiene para dar.

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Mas la ciudad no sería lo que es sin la región del interior que ayudó a forjar su nombre.

La región del Douro es una visita obligada para cualquier interesado en el paisaje, la gastronomía y el vino.

Hacia el Valle

Fue en 1756 cuando los principales entendidos en vino de la época decidieron demarcar los límites de la región del vino de Oporto.

Siendo la primera región regulada de este tipo en el mundo, delinearon cuidadosamente los confines del valle interior del Douro, asegurándose de que los mejores viñedos fueran debidamente reconocidos.

Una garantía de calidad, lo que no sabían es que estaban protegiendo para las generaciones venideras una de las regiones más impresionantes de Europa.

Hoy también Patrimonio de la Humanidad, este valle de laderas escarpadas es un cuadro de terrazas vertiginosas intercaladas con algún que otro pinar u olivar.

Los famosos viñedos se aprecian mejor en un lento viaje en barco o en un tranquilo trayecto río arriba en coche, combinado con una estancia de dos o tres noches en Oporto.

Si el dinero no es problema, hay que planear al menos una noche en el hotel más lujoso de Portugal, el Six Senses Douro, que acaba de celebrar su décimo aniversario.

Afortunadamente, existe una gran cantidad de bodegas históricas y casas de labranza –conocidas como quintas– en las que uno puede alojarse a un precio bastante más asequible que la tarifa base de 1.500 euros por una habitación en el Six Senses.

Muchas son nombres bien conocidos y también ofrecen catas de vinos.

Una opción de gran valor es la Quinta da Salada, donde el propietario, Rui, miembro de la junta de turismo del Douro, no solo conoce cada rincón de la región, sino que además elabora su propio vino.

Un poco más Grand Cru es el Vintage House Hotel en Pinhao, hermano del Yeatman de Oporto, ambos propiedad de la afamada marca Taylor’s, fundada en 1692 y llena de historia.

Se percibe una verdadera sensación de esto al sentarse a almorzar en su restaurante Rabelo, especialmente con el puente diseñado por Gustave Eiffel del siglo XIX en primer plano y extensiones de vides como telón de fondo.

Curiosamente, el ingeniero parisino vivió en la década de 1870 en la cercana Barcelos, desde donde también diseñó el más famoso puente ferroviario en el centro de Oporto. Quizás prefería los vinos dulces de aquí a los Sauternes de su tierra.

Bajo una enramada sombreada, pasamos la hora del almuerzo viendo cómo los distintivos barcos ‘rabelo’, con forma de junco chino, se mecían sobre el ondulante río, transportando hoy tantos turistas como antaño transportaban barriles de vino.

Bautizado en honor a estas embarcaciones, Rabelo es sin duda un sitio a seguir, gracias a su prometedor chef Milton Ferreira, un chico local que conjura auténtica magia de Harry Potter sobre los fogones (véase la reseña abajo).

No hay mucho que hacer en Pinhao, la verdad, pero conviene dar un paseo por la orilla del río y sentarse a ver pasar el mundo.

El trayecto en coche entre aquí y Peso da Régua fue literalmente extraordinario. Es un tramo de río impresionante, que National Geographic recomienda recorrer y que CNN describió recientemente como quizás ‘la región vinícola más bella del mundo’.

Nos encantó identificar los nombres de las famosas casas de Oporto que bordeaban la carretera. Entre ellas, Sandeman y Croft.

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La región del Douro se extiende en general a lo largo del río, que comprende 215 kilómetros en Portugal, todos ellos navegables, con tres regiones vinícolas clave (Baixo Corgo, Cima Corgo y Douro Superior) recorriéndolo en paralelo.

Lo que hace a la región, y a su vino, tan únicos son los suelos de esquisto que, además de ser brillantes debido a sus minerales, retienen el calor durante el día en verano, para liberarlo posteriormente en invierno.

Esto es perfecto para el cultivo de la vid, particularmente en la región del Douro Superior, que se eleva hasta los 900 m de altitud.

Lo que es especialmente interesante es la cantidad de variedades de uva que aquí se cultivan, más de 100, y casi cada botella es una mezcla de varias, algunas con hasta 20 variedades diferentes.

Además del museo WOW, recibimos una fascinante charla sobre la región de parte de Rui en la Quinta da Salada, un viñedo de 10 hectáreas con hileras e hileras de vides extendiéndose en todas direcciones.

En manos de la familia de su esposa desde 1842, cuando fue comprada a la iglesia, es un lugar sencillo con solo seis habitaciones y una terraza magnífica para disfrutar del desayuno y de los vinos por la noche con una puesta de sol maravillosa.

Para algo más exclusivo y una hora que no olvidarás, hay que concertar una cata de vinos con Elisabeth Fernandes, la Directora de Vinos del hotel Yeatman, río abajo en Oporto.

Ella está a cargo de la colección más grande de vino portugués del mundo, con 1.400 referencias y más de 30.000 botellas.

Creado como un ‘hotel del vino’, esto es apropiado, e insiste en que te haga un recorrido, durante el cual probablemente veas alrededor del 10% de los vinos que se consumen semanalmente.

Elisabeth Fernandes en el Yeatman

“Nuestra intención es conservar y promover nuestros vinos locales y el 99% de todas nuestras referencias son de Portugal”, me cuenta.

Tienen un total de 30 bodegas asociadas y muchas de ellas organizan una serie de eventos, la mayoría con comida durante todo el año, incluyendo fiestas al atardecer y una emocionante experiencia navideña con vino los días 6 y 7 de diciembre.

Tras pasar un año en Liverpool, donde se unió al Court of Master Sommeliers, Elisabeth posee un conocimiento excepcional sobre añadas y coupages.

“Abrimos alrededor de 90.000 botellas al año aquí, lo cual es increíblemente alto, y siempre tenemos docenas de vinos por copa”, continúa.

Junto con el visionario británico Adrian Bridge, quien se unió a la compañía en 1994 y se casó con la hija del dueño, se dieron cuenta de que necesitaban ir más allá de la tradición.

“Lo que hemos intentado hacer con el hotel y el cercano museo WOW es desmitificar el vino de Oporto y crear nuevas bebidas más ligeras para que disfruten los jóvenes y adolescentes.”

Pocos pensaron que el hotel, que abrió en 2010, tendría éxito, e igual número se mofaron del WOW.

Pero al hotel le ha ido realmente bien (ayudado por la llegada de Ryanair y Easyjet desde alrededor de 2014) y ahora cuenta con su propio restaurante de dos estrellas Michelin, cuyo chef, Ricardo Costa, es uno de los más famosos del país, desde que llegó hace 10 años de la cercana Aveiro.

Cada una de sus 109 habitaciones está patrocinada, diseñada y comisariada por un productor de vino local, lo que significa que cada una es individual, haciendo sentir especiales a los huéspedes.

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Lo que fue más especial para mí, sin embargo, fue probar un vino de la cercana DO Bairrada, que recientemente se ha vuelto notable gracias a su extraordinario proceso de crianza y comercialización.

Se trata del Principal, un ensamblaje de tres variedades, creado por primera vez en 2012 por el célebre enólogo francés Pascal Chattonet (más conocido por su trabajo en Burdeos, incluido Latour).

Mezclando Cabernet Sauvignon, Merlot y Touriga, acaba de ser lanzado al mercado tras una extraordinaria espera de 13 años.

“Ha sido un gran éxito y tiene un potencial de guarda asombroso”, explica Elisabeth. “Y cuando recientemente hicimos una cata a ciegas del 2013 junto al Château Latour, ganó el Principal. Va a ser legendario.”

Abierto por Elisabeth para que su jefe lo probara más temprano ese día, todavía quedaban tres cuartos, por mi cálculo… más que suficiente para llevar a la cena en el segundo restaurante del Yeatman, The Orangerie, esa noche. “Sí, por supuesto”, trinó Elisabeth. “Pero déjame taparlo ahora y guardarlo en un lugar fresco.”

Y basta decir que hizo su aparición bajo las estrellas, con el famoso puente de Eiffel iluminado frente a nosotros. Y bueno, vale, quizás este vino no sea del Douro y puede que no sea dulce, pero, ¡ea!, ¿a quién le importa!

Y en cualquier caso, la noche terminó con uno de los mejores ‘crème brûlée’ que he probado en mi vida, acompañado apropiadamente por un increíble Oporto Tawny del 2007. Dulces sueños.

DÓNDE COMER

Restaurante Rabelo, Pinhao

Él adquirió sus habilidades trabajando en Nueva York, Brasil y Tailandia y en, entre otros lugares de renombre, el restaurante de tres estrellas Michelin, Arzak, en San Sebastián.

Ahora Milton Ferreira tiene 34 chefs a su cargo, explica, y curiosamente, su padre también es chef de la India, que trabajó muchos años en Suiza.

“Por esa razón llevo las especias corriendo por mis venas y me encanta añadir nuevos toques a todas las recetas tradicionales portuguesas de la zona”, me confiesa.

Una verdadera estrella en ascenso, su menú es inusualmente rico en verduras, con platos como ‘diferentes interpretaciones de la remolacha’ que me hizo estremecer, detestando yo esa raíz rojiza.

Sin embargo, estaba dispuesto a darle una oportunidad a su ‘Coliflor en texturas’ y resultó ser una gran combinación de platos, uno con garbanzos, aceite de oliva y hierbas que me dejó maravillado.

A continuación, su entrante de bacalao era tan condenadamente bonito y tan bueno como el que puedas encontrar en cualquier lugar de la Península Ibérica.

Un auténtico especialista en texturas, su presentación es insuperable y nuestros platos principales llegaron con colores stunning: una lubina en una brillante espuma verde de algas con caviar encima, espárragos y acelgas, y los canelones rellenos más insólitos con arroz azafranado y queso estilo parmesano de las Azores. Gozoso.

Y luego, la mejilla de cerdo ‘Bisaro’ servida en vino de Oporto con un gratinado de patatas creado con ingenio, sobre una base de habas, fue un plato destacadísimo. Incluso disfruté del puré de remolacha y espárragos que lo acompañaba.

Por supuesto, el vino ayudó, con el espléndido Pinot Noir Bella Elegance siendo digno de mención en una carta a casa.

Castas y Pratos, Peso da Régua

Este encantador lugar se encuentra en una nave ferroviaria junto a la estación de tren principal – iluminación seductora, excelente vegetación y justo al lado de la vía.