No merece ni mi tiempo ni mi dinero

La frustración cotidiana de los atascos interminables al entrar, salir y desplazarse por los alrededores de Palma persiste y ahora está repercutiendo en el funcionamiento de los servicios de taxi de la ciudad. La semana pasada, la central de reservas me recomendó solicitar el taxi con una hora de antelación para ir desde el centro de Palma al Hospital Son Espases, un trayecto de unos seis kilómetros, ya que no podía permitirme perder la cita.

El viaje de regreso resultó aún más complicado. Conociendo la duración aproximada de mi visita, llamé para reservar un taxi, pero no me lo permitieron debido a que el hospital cuenta con su propia parada. No obstante, al estar lloviendo cuando salí, no había ninguno. Me indicaron que volviera a llamar si no hubiese taxis y entonces enviarían uno. Afortunadamente, en ese momento acababa de llegar un vehículo que dejaba a un pasajero, así que lo tomé sin dudar.

El taxista me comentó que había tenido suerte mientras circulábamos por la congestión de la Vía Cintura. Me explicó que había renunciado a acudir a recogidas concertadas por teléfono debido al tiempo excesivo que ahora invierte en desplazarse de un punto a otro de Palma dentro del tráfico. Alegó que no le compensaba ni en tiempo ni en dinero, por lo que suele situarse en la parada del Borne, al igual que otros colegas con una postura similar. Criticó la cultura del “una persona, un coche” en Mallorca, la deficiencia del transporte público y la carencia de iniciativas de coche compartido, las cuales están floreciendo en la península. Quizá sea el momento de reorientar las políticas de movilidad.

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