¿Podrá el Mallorca conseguir dos victorias consecutivas?

Tras una semana en la que acabo de terminar la lectura de un libro fascinante sobre rastrillar hojas otoñales –¡escrito por RAY KING!–, el Real Mallorca afronta su décima jornada de la temporada 25/26 con un encuentro como local frente al conjunto valenciano del Levante el domingo (día 26) a las 14:00 horas. Los visitantes, que fueron campeones de la segunda división la pasada campaña, comparten con el Mallorca la cifra de ocho puntos.

El Levante cayó derrotado por 0-3 ante el Rayo Vallecano el pasado fin de semana y su buen arranque liguero prácticamente se ha esfumado. Este es otro partido crucial para el Mallorca, ya que un triunfo el domingo situaría al equipo en la zona media de la clasificación de La Liga. Esos tres puntos supondrían encadenar dos victorias consecutivas por primera vez desde el pasado noviembre y diciembre.

La brillante e inesperada victoria por 1-3 en Sevilla del pasado sábado (la primera vez que marcamos tres goles desde que vencimos 2-3 a Las Palmas en noviembre) lo fue desde todo punto de vista, destacando sin duda que nuestro delantero (cedido por el Leeds United) Mateo Joseph se apuntara al marcador con dos golazos. Algo similar cabe decir de Vedat Muriqi, que ya suma cinco tantos y comparte la tercera posición en la clasificación de máximos goleadores de La Liga. Es el mejor arranque de temporada de El Pirata desde que vistió la elástica bermellona en 2022. Si marca este domingo, será su gol número 40 con «Los Bermellones».

Al comienzo de la temporada y hasta hace apenas unas semanas, nuestra delantera parecía estar rindiendo por debajo de lo esperado, pero la forma reciente de Muriqi, Mateo Joseph y Asano ha hecho que este trío haya anotado ocho de nuestros diez goles. No obstante, el que sin duda ha marcado la diferencia es el extremo izquierdo de 19 años, Jan Virgili. Este joven, en mi opinión, es sencillamente sensacional y ya está demostrando su capacidad para generar ocasiones de gol. Ante el Sevilla, asistió con un pase milimétrico para el gol del empate de Muriqi y fue un auténtico quebradero de cabeza para la defensa local durante todo el encuentro. A pesar de haber disputado solo unos pocos partidos, ya ha logrado cautivar a la afición local.

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El joven de 19 años, natural de Vilassar de Mar, cerca de Tarragona, es, como ya dije en verano, puro espectáculo. Es un futbolista capaz de desbordar a defensas estáticos, lo que electriza a la grada. No teníamos un jugador tan amenazante cada vez que tocaba el balón –y a veces simplemente ingobernable– desde que Kang In Lee abandonó la isla rumbo a París. Evidentemente, algunos se preguntan si el joven debería cargar con tanta responsabilidad a una edad tan temprana.

En la temporada 2019/20, la irrupción de un jugador japonés de apenas 18 años llamado Take Kubo fue decisiva para la causa mallorquinista bajo las órdenes de Vicente Moreno. En aquel entonces, Kubo se ganó al público con su elegancia regateadora y su personalidad. De hecho, explotó en Son Moix y su maestría atrajo al menos a dos o tres mil aficionados más, muchos de ellos procedentes del País del Sol Naciente. En la situación actual, con otro emocionante adolescente acaparando los focos, el entrenador Arrasate debe ser valiente y respaldar sin titubeos al extremo catalán.

Un jugador del cual la afición aún aguarda su mejor versión es el veinteañero Pablo Torre. Se incorporó procedente del Barcelona este verano tras unas duras negociaciones. Sobre el papel, fichábamos a uno de los futbolistas con más carisma del panorama nacional, dotado de una gran técnica y habitual en la selección española sub-21. Nueve encuentros después, sus desempeños no han estado a la altura de lo esperado. Según diversas informaciones, su estado físico es motivo de preocupación y no ha sido titular en los dos últimos partidos. Pagamos cinco millones por el mediapunta cántabro y estoy seguro de que tanto la afición como el cuerpo técnico tienen plena fe en sus capacidades.

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El Mallorca disputa un encuentro de Copa del Rey el miércoles por la noche frente al conjunto catalán Sant Just, en las afueras de Barcelona. Fundado en 2010, esta es la primera vez que se enfrentan a un equipo de Primera División. El partido se ha trasladado al estadio de L’Hospitalet porque el pequeño campo del Sant Just no cumplía con los requisitos mínimos de capacidad ni de iluminación.

LARIN NO DA LA TALLA: El delantero canadiense del Mallorca, Cyle Larin, fue cedido este verano al gigante holandés Feyenoord y su paso por Róterdam –y más allá– ha sido un absoluto desastre. Su registro hasta la fecha con el Feyenoord se reduce a una asistencia, un balance catastrófico. Ha disputado 63 minutos repartidos en tres partidos de la Eredivisie e incluso ha perdido su puesto en la selección canadiense.

Esto significa que lo más probable es que el entrenador del Feyenoord, Robin van Persie, lo descuelgue el próximo mes de mayo y nosotros lo recuperemos. Larin tiene contrato aquí hasta 2028 con un salario que supera los cuatro millones de euros brutos. Su espiral descendente es muy difícil de explicar. Quiero decir, ¿quién quiere a un delantero que no marca desde el 18 de mayo, y aquel fue un gol regalado? Una vez más, parece que el Mallorca tendrá que buscarle otro destino el próximo verano a un supuesto delantero que no es capaz de anotar goles.

Y PARA TERMINAR: Dos mujeres se encuentran en la otra vida y entablan conversación. 1ª mujer: «Hola, me llamo Wanda». 2ª mujer: «Hola, me llamo Silvia. ¿Cómo moriste?». Wanda le cuenta: «Me congelé hasta morir, hipotermia». Silvia responde: «Dios mío, qué horrible». Wanda continúa: «La verdad es que no estuvo tan mal; después de dejar de tiritar de frío, empecé a sentir calor y sueño, y al final morí plácidamente. ¿Y tú? ¿Cómo acabaste aquí?».

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Silvia le explica: «Yo morí de un ataque al corazón. Sospechaba que mi marido me era infiel, así que volví a casa pronto para pillarle in fraganti, pero en vez de eso lo encontré en el salón, solo, viendo la tele. Estaba tan segura de que había otra mujer escondida en algún lugar de la casa que me puse a correr por todas partes buscándola. Subí las escaleras, fuí al ático, luego bajé al sótano… todo en vano. Después miré en los armarios, bajo las camas, revisé bajo la escalera… nada. Al final, estaba tan agotada que me desplomé y morí». Wanda comenta: «¡Lástima que no miraste en el congelador! ¡Las dos seguiríamos vivas!»