En un mercado callejero de un barrio obrero en las afueras de Buenos Aires, una multitud de argentinos desesperados comienzan a desprenderse de sus posesiones para llegar a fin de mes, mientras la economía se tambalea.
El mercado de Villa Fiorito, cuna del legendario futbolista Diego Maradona, se ha vuelto progresivamente más concurrido, registrando un aumento en la cantidad de llamados “vendedores de mantas”. Estos ofrecen enseres domésticos, objetos rescatados de la basura o productos adquiridos mediante préstamos, exhibiéndolos sobre mantas extendidas en la acera.
Mientras Maradona observa desde murales que lo proclaman héroe de superación, los locales despliegan juguetes usados y mochilas desgastadas, bandejas para hielo, termos sin tapa, revistas ya leídas, prendas vestidas e incluso blísteres de medicamentos y pastillas.
El aroma de las parrillas y la carne asada se mezcla con el de la basura acumulada, y el bullicio de los niños jugando compite con la prédica de un pastor callejero; algunos residentes llegan a vender pan casero.
“Siempre que consigo ropa, o si veo alguna ganga, la compro y la revendo, que es lo que hace la mayoría de los vecinos”, explicó la vendedora Gladys Gutiérrez. “Compran, revenden y así logran obtener un poco de dinero extra”.
Gutiérrez, de 46 años, normalmente vende productos de limpieza desde su casa, pero, ante la creciente imposibilidad de los lugareños de pagarlos, solicitó un préstamo para comprar snacks, bebidas y perfumes que ofrece en el mercado.
Su marido, albañil de oficio, lleva tiempo sin trabajo. “La gente está cansada, enojada”, afirmó.
En un país habituado a la crisis económica, los argentinos vuelven a apretarse el cinturón tras un breve periodo de esperanza cuando el presidente Javier Milei cumplió su promesa de domar la inflación.
Los precios han repuntado, las cifras de consumo y producción han caído, y el Banco Central ha combatido una corrida contra el peso ante el temor a una devaluación tras las elecciones de medio término del domingo.
Cerca del 40% de las personas con ingresos en Argentina trabajan en el sector informal, carentes de beneficios sociales, y muchos mantienen varios empleos simultáneamente.
“Me recuerda mucho al 2001”, comentó Juana Sena, una vendedora de 71 años, refiriéndose a la crisis que llevó a Argentina al mayor default de la historia, seguido de protestas mortales y la caída de un gobierno.
“Profundizado y exacerbado”
El economista Guillermo Oliveto declaró a la AFP que aproximadamente el 70% de los argentinos de clase trabajadora no logra que su sueldo les alcance más de medio mes. Unas 200.000 personas perdieron su empleo debido a las medidas de austeridad de Milei.
Según el centro de datos IETSE, nueve de cada diez familias argentinas están endeudadas, destinando la mayor parte de sus gastos a la alimentación desde que Milei asumió y recortó el gasto social.
“El gobierno subestimó el impacto que la economía real tiene en la vida cotidiana, en el ánimo social y, en consecuencia, en el sentir electoral”, sostuvo Oliveto. “Reducir la inflación era una condición necesaria, pero no suficiente”.
El domingo, los habitantes de Villa Fiorito votarán junto al resto del país para determinar si Milei, cuyo partido está en minoría y que recorta presupuestos, obtendrá mayor poder en el Congreso durante la segunda mitad de su mandato.
En las elecciones presidenciales de 2023, Milei obtuvo un 27% de los votos en este vecindario, cifra que cayó al 16% en los comicios legislativos de la provincia de Buenos Aires en septiembre.
El politólogo Matías Mora, oriundo de Villa Fiorito, señaló que los problemas económicos del país no comenzaron con Milei, si bien él los “profundizó y exacerbó”.
“La gente se está endeudando para comer, y en el mejor de los casos, para montar un negocio, pero a tasas muy elevadas”, explicó, subrayando que los prestamistas informales de los suburbios cobran entre un 40% y 50% de interés mensual.
Mora acuñó el término “vendedores digitales” para referirse a quienes, fuera o en paralelo a las ferias presenciales, ofrecen diversos artículos a través de redes sociales.
“En este nuevo ecosistema, donde las redes sociales coexisten con los puestos callejeros y los grupos de WhatsApp suplen la carencia de empleo estable, emerge una estrategia de supervivencia que se asemeja más al ingenio popular que a un sistema emprendedor formal”, escribió en un artículo para la agencia de noticias RedAcción.
Y si bien los argentinos son reconocidos por su resiliencia, esta se produce “a expensas de la salud mental, la salud física y un agotamiento extremo”, añadió.
Por Tomás Viola, AFP