Reseña de ‘The Chair Company’: Una comedia de rabia laboral repleta de carcajadas descomunales y absurdas

Conoce a Ron Trosper, un fiel empleado de oficina en un pequeño pueblo de Ohio. Ron trabaja para una empresa que construye centros comerciales, y su último proyecto es el primero en el que Ron es el director, a pesar de las dudas de algunos de sus superiores. Hoy es su gran día. ¡Va a dar un discurso en la inauguración!

Ron es la creación de Tim Robinson, un ex escritor e intérprete de Saturday Night Live que reinventó el programa de sketches americano en 2019 con I Think You Should Leave. En una nueva serie de ocho episodios de media hora, que comienza como una comedia de oficina antes de convertirse en un misterio/thriller, su alter ego es un personaje típico de Robinson, una variación del protagonista cómico que tiene que aguantar ser la única persona sensata en cada situación. Ron está genuinamente acosado por el absurdo, la mala suerte y la idiotez y egoísmo de los demás, pero siempre logra reaccionar de una manera que hace que todos a su alrededor piensen que él es el problema. Mientras que Larry David en Curb Your Enthusiasm enfrentaba las pequeñas molestias del mundo de manera racional pero insensible, Ron las combate de forma irracional y demasiado sensible.

La escena inicial marca el tono: Ron está con razón molesto por una mesera que se queda parada cerca de la mesa mientras su esposa, Barb (Lake Bell), intenta hacer un brindis por él. Pero para cuando Ron termina de hablar con la joven, ha tenido una discusión ridícula porque él no acepta que ella nunca va de compras a los centros comerciales, e insistió demasiado agresivamente en llevarse a casa la mitad de un huevo relleno. Más tarde, en el silencio de la noche, un Ron inquieto levanta la cabeza, irritado por otra cosa: “¡Juro que tengo la peor almohada de la ciudad!”

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Como Larry David pero mucho más irracional… Tim Robinson como Ron Trosper en The Chair Company. Fotografía: HBO/Warner

Los seguidores de Robinson podrán escuchar esa frase en sus cabezas, o aquella en la que exagera su reacción al ver lo bien que se ve la comida del restaurante: “¡Esto es impresionante!” Innumerables comediantes aficionados en YouTube y TikTok han copiado esa entonación maniática y repentinamente gritona, pero sin capturar los detalles del personaje con tanto cuidado como lo hace Robinson. Todo lo que sus fans esperarían de un protagonista está presente en Ron, encorvado y siempre jadeando, moviéndose de una vergüenza a otra en su traje horrible, entrecerrando los ojos ante unas gafas poco favorecedoras, llenas de huellas y torcidas.

Por supuesto, la gran presentación de Ron se descontrola, a través de un momento de comedia física increíblemente bien ejecutado que lleva a nuestro amigo a emprender una cruzada salvaje contra un fabricante de sillas de oficina negligente. La historia general, en la que la persistencia obsesiva de Ron lo lleva a enredarse en una extraña conspiración –hay pistas de Only Murders in the Building en la forma en que la narrativa se desplaza sin miedo, mientras el director Andrew DeYoung a veces filma a Robinson como si estuviera en una película de thriller paranoico de los 70– quizás sea más ambiciosa que la comedia de oficina tradicional, pero ambas son vehículos ideales para el talento cómico de Robinson.

Además de encarnar una rabia pura y vergonzosa en su interpretación, como escritor Robinson es –junto con su colaborador habitual Zach Kanin– brillante para hacer que los personajes secundarios o las situaciones únicas sean un poco más extremas de lo que una comedia promedio consideraría apropiado. Si el guión necesita un dependiente que actúa de forma extraña, o un dueño de una cafetería demasiado ocupado para contestar las preguntas de Ron, o un operador de servicio al cliente inútil que no sabe nada de la empresa que representa, Robinson y Kanin se aseguran de que la interacción tenga la imprevisibilidad e intensidad inolvidable de un sketch de I Think You Should Leave. Toda comedia se trata básicamente de sorpresas y en The Chair Company, no sabes exactamente cuándo llegará la siguiente risotada masiva y estúpida. Los colegas de Ron son también la cantidad perfecta de extravagantes, desde el conserje que protege celosamente su carretilla hasta el némesis de Ron, un amable compañero mayor que ha dejado de tomarse su carrera en serio y empieza a soplar burbujas en medio de reuniones importantes.

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La prueba de si The Chair Company resulta ser excelente o solo muy buena será la habilidad de Robinson para mantenerse en un formato más largo y con más narrativa. Los episodios de su divertidísimo pero agotador programa de sketches duraban solo 15 minutos. Hay señales positivas tempranas: debajo de todo el humor hay indicios tiernos de que Ron actúa así porque sus dos hijos están creciendo y él teme que ya es demasiado mayor para lograr nada, pero podemos ver que su esposa e hijos no creen que sea un perdedor y que ellos son su gran logro. Entonces, ¿puede Ron llevar a Robinson al siguiente nivel? Para tomar prestada una frase de uno de sus emails sin respuesta a la gente de las sillas: “Tengo muchas ganas” de descubrirlo.

The Chair Company se emitió en Sky Comedy y está disponible en Now.