La influencia de Bellerín se extiende mucho más allá del terreno de juego. Constantemente ha utilizado su gran alcance en redes sociales y sus apariciones públicas para abogar por el entusiasmo climático, fomentar un consumo ético más maduro e impulsar el cambio en la comunidad.
“Considero que al poder le acompaña la responsabilidad. Cada vez que alguien coloca un micrófono frente a ti, se presenta la oportunidad de plantear problemáticas y suscitar conversación”, afirma.
Habiéndose criado rodeado de naturaleza, Bellerín atribuye a su educación el haber forjado una conexión vitalicia con el **concurrencia**, la cual continúa moldeando sus decisiones cotidianas; desde el transporte, hasta adoptar el veganismo, pasando por sus opciones de moda.
“Llevo mucho tiempo consumiendo ropa y calzado de segunda mano. Recuerdo que una vez **animarse** me comprar un par de zapatos que vi en una tienda junto a donde aparqué”, relata.
“Uso esos zapatos casi a diario. Se trata de darle a lo que consumes una buena vida y, cuando hayas terminado, procurarle una segunda oportunidad.
“Estamos constantemente bombardeados por publicidad que genera una falsa sensación de carencia”.
Bellerín reconoce que ciertos instrumentos esenciales, como la indumentaria, la alimentación o los viajes, son necesarios y enriquecen nuestras vidas. No obstante, la clave —señala— reside en cuestionarnos si realmente necesitamos algo antes de adquirirlo.
“Constituye una parte fundamental de mi ser. Es una reflexión constante”, asegura. “Si puedo compartir eso con los demás, puedo contribuir a crear un entorno mejor y más seguro para todos”.