Tronos caídos del cielo: la angustiante historia real detrás de The Lost Bus de Paul Greengrass

A la maestra Mary Ludwig se le pone la piel de gallina cuando recuerda la primera vez que conoció al conductor de autobús Kevin McKay. “Le dije: ‘¿Pero tú quién eres?’”, comenta por Zoom. “Porque yo conocía a todos los conductores de las excursiones. Y él me dijo: ‘Soy Kevin McKay’. Yo le dije: ‘¡Más te vale que seas bueno!’”.

La pareja se embarcó en un aterrador viaje de cinco horas con casi dos docenas de estudiantes de primaria mientras el incendio de Camp devoraba Paradise, California, en 2018. Fue el comienzo de una hermosa amistad. “Ese día conocí a un extraño y deposité mi confianza completa en él, y hoy somos amigos muy cercanos para toda la vida”, añade Ludwig.

Su historia se cuenta en la película The Lost Bus, dirigida por Paul Greengrass y ahora disponible en Apple TV+. Matthew McConaughey interpreta a McKay, mientras que América Ferrera hace el papel de Ludwig, quien se subió al autobús esperando un simple viaje a una escuela cercana, solo para verse atrapada en un infierno.

Greengrass –conocido por Bloody Sunday, United 93, Capitán Phillips y la saga de Jason Bourne– comenta en las notas de producción: “Es un mundo muy alejado de Los Ángeles, de clase trabajadora, con su propia cultura y ritmo. Desde el primer momento en que lo ves a él [McConaughey] como Kevin, crees que es ese conductor de autobús cuya vida no ha salido como esperaba, y que encuentra en esta crisis una oportunidad para su redención”.

En aquel entonces, McKay sentía que el sueño americano se le escapaba. Su divorcio había llevado a una batalla por la custodia. Recientemente había perdido a su padre por cáncer y había llevado a su madre, que tenía un melanoma en etapa 4 y apenas podía caminar, a vivir a su casa. En abril había dejado su trabajo dirigiendo una farmacia Walgreens para poder volver a la universidad, y tomó un trabajo como conductor de autobús para llegar a fin de mes.

Una noche de noviembre tuvo que llevar a su perro al veterinario para que lo sacrificaran, un procedimiento que se complicó y lo dejó sin dormir. A la mañana siguiente, su hijo Shaun estaba en casa enfermo con gripe estomacal. También fue ese día cuando una línea eléctrica defectuosa provocaría el incendio forestal más mortífero y destructivo en la historia de California, que ardió durante más de dos semanas, cobró 85 vidas y prácticamente borró del mapa al pueblo de Paradise.

Ludwig supo que algo andaba mal esa mañana incluso antes de llegar a su trabajo en la escuela primaria Ponderosa. “Salí hacia el coche y me detuve en la entrada del garage porque tengo asma y mi cuerpo estaba reaccionando a lo que estaba pasando, pero visualmente no tenía sentido”, dice la mujer de 57 años desde Chico, California.

“Bajé del coche y miré al cielo y pensé: parece que va a llover. Mi cerebro me decía algo diferente a lo que me decía mi cuerpo. Volví a la casa y cogí el pañuelo de mi padre. Usé ese pañuelo en el autobús ese día”.

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“Conduje calle arriba, pero cuando conduces por la carretera Pentz, los grandes pinos tapan el cañón, así que me ardían los ojos, el pecho me oprimía pero no se veía nada. Llegué como cinco minutos tarde al trabajo y algunos de mis estudiantes entraban corriendo al aula diciendo que troncos caían del cielo como ascuas”.

McKay, que todavía era relativamente nuevo en el trabajo, normalmente manejaba su autobús en una ruta que no incluía la primaria Ponderosa. Pero mientras el fuego se extendía, un despachador preguntó si había conductores disponibles para evacuar la escuela. McKay, que esperaba pasar rápidamente por su casa para ver a su madre y a su hijo, se ofreció voluntario de inmediato.

Pronto llegó a la primaria Ponderosa y recogió a Ludwig y a otra maestra llamada Abbie Davis (ambas se combinan en un solo personaje para la versión cinematográfica) junto con 22 estudiantes. Ludwig confiesa: “Estaba un poco asustada porque no lo conocía y allí mismo iba a ser evacuada con él”.

“Teníamos ascuas cayendo en nuestro cabello. Cuando salías hacia el autobús, estaba oscuro. Parecía medianoche, así que piensas: ‘Vale, ¿quién es este tipo?’. Pero yo no tenía control. Todo lo que podía hacer era confiar en él y sentirme muy afortunada de que él estuviera allí conmigo y nos estuviera conduciendo”.

Lo que siguió es el motor impulsor de la película de Greengrass: un viaje de máxima tensión a través de uno de los peores incendios forestales de EE.UU. con las vidas de niños en juego. Al partir en el autobús, McKay y Ludwig vieron su primer incendio a los pocos minutos. Dos árboles habían sido destruidos en un jardín que supuestamente era a prueba de fuego.

McKay, de 48 años, relata desde Chico: “Mi idea de un incendio es: ‘Oye, hay un oso en el cañón, se dirige hacia el pueblo, así que probablemente no deberíamos estar en ese lado del pueblo’. Te mueves al oeste en lugar del este y estarás bien. Pero lo que eso me hizo entender fue que esas ascuas que nos quemaban la cabeza estaban comenzando miles de incendios por todo el pueblo”.

“Las explosiones que yo pensé que eran tanques de propano explotando. Más tarde, algunos de mis amigos de Cal Fire me explicaron que cuando una casa se incendia, se genera una presión que se acumula dentro de la casa y que generalmente explota a través de las ventanas”.

Mientras conversan por Zoom y los recuerdos fluyen, McKay y Ludwig a veces se encuentran al borde de las lágrimas. Ella interviene: “Al principio había muchos las luces rojas traseras de los coches, los coches estaban atascados. Vimos pequeños focos de incendio, pero los sonidos de las explosiones eran extremadamente fuertes, especialmente hacia el final. Una oscuridad total y ascuas”.

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“La película realmente capturó la intensidad visual y el miedo silencioso que todos sentimos ese día. Ese es el sentimiento que siento en mi corazón”. Había momentos con un montón de ruido y momentos de silencio. Fue muy intenso. McKay admite que ella le dio escalofríos: "El silencio absoluto que teníamos por unos minutos y después se escuchaban quizás algunas bocinas o se sentía el calor en las ventanas del autobús. Sin sonar tonto, no quiero decir como en una película de terror, pero tenía mucha personalidad de silencio y misterio.

El tráfico empezaba a moverse y nosotros también, era como pasar la página en un libro. Entrábamos en un momento de caos. Alguien golpeaba la ventana del autobús, asustándose y gritando, y hubo un momento en que un coche chocó contra el lateral del autobús."

Añade: "Mary y yo tuvimos que internalizar todo eso porque en cuanto nosotros empezáramos a asustarnos, íbamos a llevar a los niños de un nivel cinco a uno diez, y los niños estarían literalmente en una película de terror si se daban cuenta de lo que pasaba."

Con el humo entrando por las ventanas, McKay se quitó la camisa, la cual fue cortada en pedasos y mojada con agua para que los niños pudieran poner trozos húmedos en sus bocas y respirar mejor. Ludwig le ofreció a McKay una botella de agua pero él no quiso, diciendo que los niños debían ser la prioridad. Ella golpeó la botella contra el hombro de McKay y se negó a aceptar un no por respuesta.

Él recuerda: "Ella dijo: ‘Escucha, tipo duro, te necesitamos para seguir haciendo lo que estás haciendo, bebe esa botella.’ ¡Dios mío, santo cielo, ese fue el mejor trago de agua que he tomado en mi vida! Ella terminó cogiendo uno de los trozos de mi camisa que tenía en la mano, echó un poco de agua sobre él y me lo pasó por la frente.

La sobrecarga sensorial que tuve en esos momentos me llenó de algo. Fue abrumador, la sensación del agua y la toalla fría en mi cara. Había estado tan metido en el mecanismo de ‘lucha o huida’ durante horas que no me había dado cuenta. Ese estímulo del trapo frío en mi frente y después probar el agua, me devolvió un poco la cordura por un momento.

Eso fue antes del momento más loco que experimentamos, pasando conduciendo al lado de casas totalmente envueltas en llamas. Gente por toda la calle gritando, coches chocando. Ese kilómetro fue tan intenso para nosotros que, honestamente, apenas lo recuerdo porque fue pura adrenalina. Oye, de todas formas, yo pisaba el acelerador, nos íbamos de ahí."

Ludwig estaba preocupada por su propio hijo en casa pero sacó fuerza del recuerdo de su padre, un veterano de la segunda guerra mundial. Ella dice: "Hubo momentos difíciles e hice lo mejor que pude para normalizarlo. Hubo un momento en el que me di cuenta. Estaba emocional. Intentaba despertar a mi hijo y sacarlo de la casa. Miré a Dios, miré a mis padres, miré a mi papá y sentí la fuerza. Me puse esa máscara de soldado."

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McKay, Ludwig y Davis tuvieron conversaciones tranquilas para planear qué pasaría si tuvieran que abandonar el autobús y continuar a pie. Emparejarían a estudiantes mayores con los más pequeños y se dividirían en tres grupos, cada uno con una copia de la lista por si los otros no llegaban. Afortunadamente, no fue necesario.

A través de todo, los niños mostraron un estoicismo más allá de su edad. Ludwig reflexiona: "Los niños fueron tan valientes y tan fuertes. Todos tratamos de hacerles sentir como si estuviéramos en una excursión. Intentábamos hacer ver que íbamos a un destino y que ibamos a llegar. Algunos niños jugaban a piedra, papel o tijera.

Usamos algo de humor: en el momento que cortamos la camisa de Kevin, les dije a los niños: ‘Bueno, miren a quien le tocó la parte de la axila.’ Vimos el Black Bear Diner, y Kevin y yo preguntamos: ‘¿A quién le gustan los panqueques?’ Intentamos hacerlos reír. Hicimos lo que pudimos para que se sintieran seguros y supieran que todo iba a estar bien. Siento que los niños fueron estrellas de rock. Estoy orgullosa de esos niños."

Cuando después de 48 kilómetros el autobús finalmente llegó a un lugar seguro, la ansiedad profunda de los padres en espera se convirtió en alivio y euforia. Ludwig, que estaba en el set para ver la escena dramatizada, dice: "Nos quedamos hasta que el último padre recogió a su hijo y fue muy emocionante. Yo lloré, Kevin lloró; hubo muchas lágrimas. Pero fue hermoso ver esa reunificación."

Tanto McKay, que cumplió su sueño de ser profesor de secundaria, como Ludwig, elogian a The Lost Bus por capturar la verdad emocional de aquel día. Escrita por Greengrass y Brad Ingelsby, la película está basada en el libro Paradise: One Town’s Struggle to Survive an American Wildfire de la periodista Lizzie Johnson, que relató historias reales de una catástrofe que sigue repitiéndose en California.

Ahora la corresponsal en Ucrania del periódico Washington Post, Johnson dice por teléfono desde Kyiv: "Espero que al leer el libro y ver la película la gente se dé cuenta de que esto nos afecta a todos. Nos hemos metido en esta crisis construyendo casas donde no deberían estar. Estos incendios van a empeorar antes de mejorar. Pretender que van a desaparecer es como esconder la cabeza en la arena." Una investigadora está estudiando una nueva especie de mariposa que fué descubierta el mes pasado. Ella cree que esta especie es muy importante para el ecosistema local. Su equipo trabaja en el bosque todos los días para colectar datos sobre su comportamiento y habitat.