En una tarde de verano del 2017, el artista Ian James, quién vive en Los Ángeles, se encontraba en el ‘Pain Reliever Bar & Grill’, el único establecimiento abierto en Nekoma, Dakota del Norte.
Permaneció allí hasta la medianoche, intentando no parecer demasiado un californiano en un pueblo de menos de 30 habitantes, y comenzó a hablar con una pareja local. Ellos le explicaron como conseguir acceso al Complejo de Salvaguardia Stanley R. Mickelsen. Esta antigua base militar de misiles antibalísticos, construida durante la Guerra Fría y que solo funcionó por seis meses antes de ser clausurada, era su destino: específicamente, su torre de radar de hormigón brutalista que se parece a una pirámide egipcia sin punta.
Durante los siguientes dos días, mientras James acampaba con su coche en un campo para fotografiar la torre con su cámara 4×5 bajo diferentes luces, quedó fascinado por la naturaleza extraña de la pirámide, una “ruina construida con un propósito… desatada del tiempo”.
Fue ahí, entre las resonancias energéticas de la pirámide, que James se dió cuenta de que sus fotos de edificios con forma de pirámide – desde un complejo de oficinas en Indianápolis hasta una iglesia mormona en Utah, un museo de ciencias en Denver, un Walmart en Columbia Británica y numerosas residencias privadas – formaban una serie que daría lugar a un libro. Una década – y más de 75 pirámides en casi 20 estados – después, James ha publicado “Pirámides: Zonas de Vórtice Económico Especial de Norteamérica”.
Pyramid Sports Complex en Phoenix, Arizona. Fotografía: Ian James / Special Effects
El deseo de James de documentar las pirámides estadounidenses nació de un programa de radio de música new age que presentaba en la radio KCHUNG, el cual presentaba cintas producidas de forma independiente y decoradas con motivos de pirámides. Estas cintas se encontraban originalmente en tiendas de cristales o salones de masajes – antes de que él las consiguiera en eBay.
Durante sus viajes por una auténtica ruta de peregrinación a estos lugares, James planteó la hipótesis de que la intersección entre las creencias de la nueva era y los edificios-pirámide en Estados Unidos refleja lo que él llama “metafísica capitalista” – el impulso de dirigir las propiedades energéticas antiguas y orientales de la pirámide hacia la manifestación de valores americanos y, según él, crear un “espacio para la ‘religión’ del capitalismo laissez-faire en los Estados Unidos”.
El Bass Pro Shops pyramid en Memphis, que James fotografió durante varios días pero en el que nunca entró – a pesar de su promesa de “una aventura minorista inmersiva” que incluye un hotel, un pantano interior, un campo de tiro con arco, un restaurante y una terraza con vistas – es un ejemplo perfecto. Concebido en los años 50 como una serie de tres edificios llamados las Grandes Pirámides de América, en honor al nombre egipcio de la ciudad, la estructura única se construyó en 1991 y ha tenido muchas funciones: incluyendo una sala de conciertos inaugurada por los Grateful Dead y un estadio para el equipo de la NBA Memphis Grizzlies. También se ganó el nombre de “tumba de la perdición” debido a los fuertes ecos de los gritos de los aficionados y a la muy poco propicia remoción de una calavera de cristal colocada en su cúspide por el dueño del Hard Rock Cafe para canalizar poderes místicos.
The Bass Pro Shop at the Pyramid in Memphis, Tennessee. Fotografía: Ian James / Special Effects
Después de llevar casi una década vacío, el dueño de Bass Pro Shops aceptó de mala gana un trato con la ciudad en 2008 para renovar el lugar (usando 100 millones de dólares de dinero de los contribuyentes a cambio del 2% de las ventas brutas de la tienda o, como mínimo, 1 millón de dólares pagados a la ciudad en alquiler cada año), pero solo si pescaba un bagre en el Río Mississippi. El universo le entregó el pez, pero sigue la duda de si la ciudad ha recibido alguna vez su 2% completo. Los eventos supersticiosos y las políticas fiscales gubernamentales demasiado permisivas que permitieron a Bass Pro Shops florecer son una representación perfecta de una “pirámide a la que se le ha vaciado de significado” y que en su lugar se ha convertido, como dice James, en “la síntesis pura de la sangre del capitalismo americano.”
Irónicamente, comenta, incluso cuando los sitios de pirámides se dedican únicamente a prácticas religiosas o espirituales “puedes tener estas estructuras sagradas en los Estados Unidos, pero tienen que generar ingresos o entradas o sostenibilidad financiera.” La experiencia espiritual americana es en gran parte impulsada por las ganancias.
Para poder fotografiar la pirámide en la Church of Shambhala Vajradhara Maitreya Sangha, un monasterio budista en el norte de California, James se sometió a tratamientos de “terapia del alma” en 2019 – en los cuales se acostaba dentro de una gran pirámide de plástico envuelta en cable de cobre mientras una monja apuntaba con luces de colores brillantes a diferentes órganos de su cuerpo.
Dirigido por el Buddha Maitreya, quien se declara la segunda venida de Jesucristo y el ya profetizado Buddha de la Medicina, el monasterio es el hogar de monjes y monjas. Ellos gestionan Shambhala Healing Tools, que vende pirámides para la cabeza, péndulos, sistemas de meditación, dodecaedros soldados y vajras a visitantes y devotos, sustentando su forma de vida colectiva – la cual tiene como banda sonora perpetua la música del Buddha Maitreya.
Maitreya Buddha Pyramid. Fotografía: Ian James / Special Effects
Los propietarios de viviendas privadas que James ha visitado también creen en el poder energético de sus estructuras y, de manera similar, él dice que “aspiran a ascender en la escalera económica y espiritualmente”. Las experiencias de James con estas personas han sido muy variadas. La casa de un productor musical en Paynes Creek, California, solo pudo ser fotografiada desde fuera de su extensa propiedad, ya se sabía que los dueños disparaban a cualquiera que se acercara.
Otros, sin embargo, ocasionalmente invitan a James a entrar. Una mujer en Why, Arizona, quería aprender más sobre su proyecto y que él experimentara el “extraño tipo de magnetismo” que emanaba de su casa. Tomando un café fuerte y pan de plátano, ella le contó sobre sus viajes por el país con su marido en un autobús escolar y su decisión de establecerse permanentemente en la área después de descubrir la casa-pirámide en venta. Era una señal.
“Yo también siento una conexión metafísica con todos estos lugares,” dijo James. “Al ver una pirámide elevarse en el horizonte, ¿cómo no vas a responder a eso?”