El domingo 21 de septiembre, la despedida oficial del verano, amaneció en la Costa Blanca con todo el esplendor de la estación que terminaba. Las playas se bañaban en una luz dorada, el aire era pesado por el calor lánguido de septiembre, como si el verano mismo se resistiera a marcharse. Las familias se demoraban junto al mar y las terrazas bullían con el ritmo tranquilo de un día tardioveraniego.
Sin embargo, hacia media tarde, el humor del cielo comenzó a cambiar. Desde el norte, avanzaban nubes densas cual cortina oscura, tragándose lentamente el azul brillante y anunciando el cambio de estación. En cuestión de momentos, se abrieron los cielos. El granizo repiqueteó en balcones y aceras, y un aguacero furioso se desató de repente, azotado por rachas de viento feroz. Los truenos rodaron por la costa y los relámpagos cruzaron el cielo, cual si el verano y el otoño estuvieran librando una batalla por el dominio.
Diana, una vecina de Denia, comentó a Euro Weekly News: “Parecía que el verano se había aferrado hasta el último instante, para despedirse de forma tan dramática”.
### Un tiempo espectacular
Al final de la playa de Las Marinas, el espectáculo fue particularmente impresionante. Sobre las 6 de la tarde, cayeron piedras de granizo de un tamaño notable, dejando un efímero rastro invernal sobre la arena. Tanto residentes como visitantes buscaron refugio, aunque muchos no pudieron evitar detenerse para admirar la fuerza de la tormenta.
En el corazón de Denia, el temporal interrumpió brevemente la vida cotidiana. En el estadio Diego Mena, el derbi local entre Denia y Gandia se vio obligado a detenerse, con el terreno de juego castigado por la lluvia y el viento. Aun así, apenas diez minutos después, el partido se reanudó, una pequeña victoria de la perseverancia sobre los elementos.
### Un presagio de buena fortuna
Tan rápido como llegó, la tormenta se disipó. Las nubes se abrieron, el sol reapareció y, por un instante fugaz, un arcoíris se arqueó en el horizonte: un recordatorio sutil de la belleza que sucede al caos. No obstante, el cielo conservaba un aire otoñal y apagado, señalando que los días largos y tórridos daban paso a una nueva estación.
“Cuando apareció el arcoíris tras la tormenta, pareció casi simbólico; una señal sutil de que el otoño había llegado. Hubo belleza en la despedida, una promesa de que la nueva estación trae sus propios encantos”, dijo a Euro Weekly News Marlene, residente en Jávea.
Según la Aemet, es posible que lleguen más lluvias en los próximos días. Por ahora, parece que el feroz calor de septiembre ha aflojado su gripó, y la Costa Blanca ha traspasado silenciosamente el umbral hacia el otoño.