Biel Rosales, de la associación de guías turísticos, afirma que las reservas han descendido este verano en Mallorca. Mientras que el año pasado se formaban grupos de 40 a 45 personas, este verano se han reducido a 25 o 30. Considera que las acciones anti-turismo son, al menos en parte, responsables.
“Las manifestaciones anti-turistas han causado un gran daño, especialmente en Palma, y el acto vandálico contra el Palacio de la Almudaina en mayo generó muy mala publicidad. La gente se lo piensa dos veces antes de reservar.
“Si a ello se le suma las obras en dos de las principales avenidas de Palma, el Paseo Marítimo y la avenida Joan Miró, junto con el hecho de que somos uno de los destinos más caros del Mediterráneo, todo en conjunto provoca un descenso en las reservas.
“El volumen general ha mermado. Alemanes y británicos son mayoría entre nuestros clientes, pero notamos un descenso significativo de estadounidenses, que el año pasado eran un mercado muy emergente. Las políticas arancelarias de Trump podrían haber influido en sus decisiones de viaje. En cambio, hay un mayor número de canadienses y franceses.”
Rosales se pregunta por qué el ayuntamiento no realiza las obras en invierno. “Sería mejor para los operarios, que deben soportar altas temperaturas, y también para el turismo. No entendemos por qué se hace en plena temporada alta.”
No obstante, valora positivamente que el consistorio haya pospuesto la aplicación de la nueva ordenanza cívica que limita el número de personas en los grupos guiados. “Reducir la cifra con la temporada ya empezada habría sido perjudical, porque muchas excursiones ya estaban vendidas. Inicialmente, querían limitarnos a 19 personas por guía, una cifra ridícula, pero ahora parece que serán 35, un número más lógico.”
También se achaca a la pérdida de cruceros una merma en el negocio. La asociación de guías siempre se ha opuesto a reducir el número máximo de cruceros diarios. Y de cara al próximo año, le preocupa que las instalaciones para atender a migrantes en el puerto puedan derivar en una mayor caída de reservas. “La imagen del drama humanitario de las pateras podría tener consecuencias. Sabemos que hay que atenderlos, pero dada la magnitud del puerto de Palma, no creemos que lo más adecuado sea hacerlo en la terminal de llegada de cruceros.”