El hongo que se propaga en silencio mientras Europa se calienta. Crédito: KATERYNA KON/SCIENCE PHOTO LIBRARY de sciencephoto via Canva.com
No lo verás venir. Flota en el aire, silencioso, ingrávido, omnipresente. El Aspergillus no es nuevo, pero está adoptando un papel más letal. Este hongo se esconde en el compost, la tierra, incluso en los conductos de ventilación sobre tu cabeza. La mayoría lo inhala y sigue con su vida. Para otros, es el inicio de algo mucho más grave.
Pero no todos lo eliminan. Personas en recuperación de trasplantes, quienes reciben quimioterapia o cualquiera con el sistema inmunológico debilitado —ellos son quienes deben preocuparse. Para ellos, lo que parece una infección menor puede descontrolarse. Es difícil de detectar, más aún de tratar y, a veces, imposible de detener.
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Diseñado para el caos de este siglo
Aspergillus fumigatus. Ya está en Europa; se oculta en el compost, el polvo de construcción y los pasillos de los hospitales. Para la mayoría, entra y sale sin consecuencias, pero en poblaciones vulnerables, se propaga, sofoca y destroza tejidos desde adentro.
Esto no es COVID, ni siquiera gripe. Es una aspergilosis invasiva que puede matar a cuatro de cada cinco infectados, especialmente si el diagnóstico llega tarde —y suele ser así.
Parte del peligro del Aspergillus es que imita otras infecciones, evade detección y es cada vez más resistente a los antifúngicos.
En 2022, la Organización Mundial de la Salud incluyó este hongo en su primera lista de amenazas fúngicas, clasificándolo como crítico por su poder creciente.
Europa: La nueva frontera fúngica
Según un estudio de 2024 de la Universidad de Manchester, el Aspergillus fumigatus podría expandir su presencia en Europa un 77.5% para el 2100 en escenarios de altas emisiones. Esto significaría que más de 9 millones de personas adicionales vivirían en zonas donde este hongo prolifera.
También está el A. flavus, un pariente cercano pero con otro blanco: no los pulmones, sino la comida. Ya avanza por el continente, con una expansión prevista del 16%. Y trae consigo aflatoxinas —toxinas invisibles que se adhieren a cultivos y escapan a los controles.
El cambio ambiental en Europa está remodelando la vida microbiana. Es la faceta invisible del cambio climático, y ya está en marcha.
Los sistemas de salud no están preparados.
Los hongos no acaparan titulares ni colapsan economías. Prefieren matar lenta y silenciosamente, razón por la que pasan desapercibidos. En Europa, estas infecciones no se rastrean sistemáticamente como virus o bacterias.
No hay un sistema de vigilancia paneuropeo, y muchos hospitales aún las tratan como casos aislados, pese al aumento de riesgos.
Además, la resistencia a los antifúngicos crece, impulsada por años de uso excesivo en agricultura y salud. Los nuevos fármacos avanzan lento. La financiación es escasa.
La mayoría del público no sabría nombrar una enfermedad fúngica, aunque la OMS advierte desde 2022 que esta ignorancia podría ser fatal.
Diseñamos nuestros sistemas sanitarios para combatir lo visible. Pero, ¿y lo que respiramos?
Cultivos, clima y contaminación
No todos los hongos atacan el pecho; algunos crecen en tu comida. Mientras el A. fumigatus asalta el cuerpo, su pariente Aspergillus flavus infiltra cultivos —maíz, cacahuetes, pistachos— produciendo aflatoxinas, compuestos tóxicos que dañan el hígado y son cancerígenos.
El sur de Europa ya es vulnerable por sequías y suelos más cálidos, condiciones ideales para el A. flavus. Esto implica más pérdidas de cosechas, pese a los controles de seguridad alimentaria de la UE y la presión a agricultores. Los cultivos abandonados por su sensibilidad al calor no bastan para mitigar el riesgo.
Los brotes de aflatoxinas son raros en Europa, pero ya no tanto. El comercio agrícola, las cadenas de suministro y los envíos contaminados generan pérdidas económicas, especialmente para pequeños productores.
Aunque muchos aún ven los hongos como un problema hospitalario, también son una amenaza climática, alimentaria y económica.
La amenaza invisible que crece en las sombras
Europa ha pasado una década preparándose para olas de calor, incendios e inundaciones —amenazas visibles e inmediatas. La próxima gran crisis sanitaria no vendrá de sirenas o humo, sino del aire, esperando a alguien con las defensas bajas.
Los hongos no se propagan como virus. No persiguen huéspedes ni saltan entre personas. Solo esperan: el combo perfecto de calor, humedad y descomposición. Y hoy, Europa les ofrece justo eso.
La ciencia y las herramientas existen. Lo que falta en Europa es urgencia y atención. Porque mientras las olas de calor del verano 2025 van y vienen, el Aspergillus no se irá. Se asentará, se adaptará y, si no actuamos, esto solo acaba de empezar.
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*(Typos/errors: “ingrávido” → “ingrávido” is correct but could be confused with “ingrávida” due to gender; “maise” → “maíz”.)*