3I/Atlas: Cometa interestelar impactado por rayos galácticos

De confirmarse la hipótesis de los rayos cósmicos, el 3I/ATLAS podría obligar a replantearse qué son realmente los cometas interestelares. Crédito de la foto: Domenichini Giuliano/Shutterstock

El cometa interestelar 3I/ATLAS, el tercer objeto confirmado en originarse más allá de nuestro sistema solar, se ha convertido en un foco de atención para astrónomos de todo el mundo. Descubierto en julio de este año por el telescopio de rastreo ATLAS en Chile, su trayectoria hiperbólica confirmó que procedía de las profundidades del espacio interestelar y no de nuestro propio sistema solar.

En los últimos meses, el Telescopio Espacial James Webb observó la coma del 3I/ATLAS y halló una proporción inusualmente alta de dióxido de carbono respecto al agua, aproximadamente ocho veces más CO₂ que H₂O, un nivel jamás observado en ningún cometa conocido.

Ahora, una nueva investigación sugiere que esta composición extrema podría ser el resultado de miles de millones de años de bombardeo por rayos cósmicos galácticos, partículas de alta energía que viajan por la galaxia. Los científicos creen que esta radiación pudo transformar las capas externas del cometa, creando una corteza químicamente distinta a su interior prístino.

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Las pruebas detrás de la teoría de los rayos cósmicos

Indicios composicionales y modelos de irradiación

Las observaciones espectrales muestran una ratio CO₂/H₂O muy superior a la de cualquier cometa estudiado previamente. Los científicos que modelan su química sugieren que los rayos cósmicos galácticos podrían haber penetrado hasta veinte metros bajo la superficie, alterando lentamente los gases congelados y los hielos durante eones. Esto significaría que lo que observamos emanando del cometa actualmente no es material original, sino el producto de una exposición prolongada al espacio profundo.

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Este hallazgo ayuda a explicar por qué el 3I/ATLAS parece químicamente único en comparación con los cometas del Sistema Solar. Su superficie pudo haberse enriquecido en carbono y empobrecido en agua tras innumerables siglos a la deriva entre estrellas, bombardeada por radiación cósmica y despojada de compuestos volátiles. Observaciones previas desde el espacio confirmaron su naturaleza interestelar y revelaron que el cometa está activo, liberando gas y polvo mientras viaja a velocidades demasiado altas para estar ligado a la gravedad del Sol. Su coma luminosa y su química inusual lo convierten en un objeto fascinante para los investigadores que intentan comprender cómo se comporta la materia fuera de los campos magnéticos protectores de los sistemas solares.

Una nueva perspectiva sobre la historia interestelar

Una nueva ventana a la historia interestelar

De ser correcta la hipótesis de los rayos cósmicos, el 3I/ATLAS podría forzar una reinterpretación de lo que son realmente los cometas interestelares. Hasta ahora, los científicos creían que dichos objetos ofrecían muestras inalteradas de material de otros sistemas estelares. Pero si el 3I/ATLAS ha sido transformado químicamente por la radiación, quizá no sea una reliquia prístina, sino más bien un testigo congelado del entorno hostil e implacable del espacio profundo.

Este descubrimiento también ofrece a los astrónomos una oportunidad única para estudiar cómo la radiación galáctica modela los cuerpos helados. Al observar el 3I/ATLAS, los investigadores pueden aprender cómo los rayos cósmicos alteran la química de los hielos, lo que podría arrojar luz sobre la historia de los cometas en nuestro propio Cinturón de Kuiper y Nube de Oort.

Lo que sabemos ahora

  • 3I/ATLAS es un cometa interestelar con una proporción extremadamente alta de dióxido de carbono respecto al agua.
  • Las capas externas del cometa parecen haber sido alteradas por rayos cósmicos galácticos que penetraron hasta veinte metros de profundidad.
  • El material que se libera ahora podría no representar la composición original, sino una corteza transformada por la radiación durante miles de millones de años.
  • El descubrimiento desafía la idea de que los cometas interestelares están “inalterados” y podría cambiar cómo los astrónomos interpretan futuras observaciones.

¿Qué viene después?

La misión para confirmar la teoría

A medida que el 3I/ATLAS continúa su viaje más allá del Sol y de regreso al espacio interestelar, los astrónomos lo monitorizarán utilizando telescopios tanto espaciales como terrestres. Si la radiación ha alterado efectivamente su química, los investigadores esperan observar cambios en las emisiones de gas a medida que las capas más profundas y menos irradiadas del cometa comiencen a sublimarse.

Estas próximas observaciones serán cruciales para confirmar si la hipótesis de los rayos cósmicos galácticos es válida. De ser así, el 3I/ATLAS ofrecería la primera evidencia concreta de cómo la propia galaxia puede remodelar los bloques de construcción de los sistemas planetarios.

Por ahora, el misterioso viajero sigue cautivando la imaginación; un errante cósmico marcado por su travesía interestelar, portando en su coraza helada la historia de cómo el universo esculpe y transforma a sus visitantes más pequeños.

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