Segovia es de esos lugares que te quitan el aliento: con su icónico acueducto romano, su imponente catedral gótica y su castillo de cuento, todo enmarcado en un paisaje dramático. Es una ciudad pequeña que emerge de las llanuras castellanas al norte de Madrid, impregnada de historia pero lo suficientemente compacta para recorrer a pie todos sus monumentos y descubrir sus tesoros en una estancia de una noche. He aquí cómo pasar 36 horas en la ciudad patrimonio de la humanidad de Segovia.
Día uno: Maravillas antiguas
Al llegar a Segovia a media mañana, lo primero que te recibe es el Acueducto Romano, dominando la plaza principal en la parte baja de la ciudad. No importa cuántas fotos hayas visto de esta estructura; exige que te pares bajo ella y admires su esplendor. Construido a finales del siglo I, se extiende 16.220 metros y alcanza una altura de 28 metros en su punto central. Erigido con bloques de granito gris sin argamasa, sus dos hileras de arcos transportaban agua desde el Río Frío, a 15 km en la sierra, hasta las fuentes y aljibes intramuros.
Resulta impresionante tanto desde su base como desde los miradores superiores, y va cambiando a lo largo del día según se alargan las sombras de sus pilares y arcos milenarios sobre la Plaza del Azoguejo. Sube por la Calle Real hacia la Plaza Mayor y pasarás junto a tiendas y mansiones de piedra color miel, como la notable Casa de los Picos, con su fachada del siglo XV decorada con puntas de diamante. Detente a ver la exposición de arte contemporáneo gratuita que alberga.
Para introducirte en la gastronomía segoviana, almuerza en los alrededores. Muchos restaurantes cerca del acueducto ofrecen menú del día, una opción económica y contundente. No dejes de probar los judiones de La Granja, unas alubias blancas locales servidas con una salsa sustanciosa.
Dedica la tarde a la Catedral Gótica de Segovia, a menudo llamada “La Dama de las Catedrales” por su elegancia. En su interior, admira sus bóvedas elevadas y sus intricados vitrales. Observa el juego de luces en el claustro o sube al campanario para disfrutar de una vista espectacular de los tejados de teja y las montañas lejanas.
Con la luz suave de la tarde, dirígete al Alcázar de Segovia. Encaramado de forma dramática sobre un risco, los locales afirman que este castillo inspiró el de Cenicienta de Walt Disney. Aunque no desentonaría en un cuento de hadas, no hay evidencia que respalde dicha afirmación. Realiza una visita por su interior y luego sube a la Torre de Juan II para obtener una vista panorámica de la campiña.
La cena es la oportunidad para degustar la especialidad local: el cochinillo asado. Búscalo en alguno de los mesones históricos. Mi favorito es El Mesón de Cándido, un restaurante familiar con fotos de ilustres comensales en las paredes, donde el cochinillo se trocea de forma teatral con el canto de un plato.
Termina la noche con un paseo tranquilo hacia el acueducto, bellamente iluminado, o busca un rincón para contemplar las estrellas.
Día dos: Rincones secretos
Comienza el segundo día con un desayuno pausado en una cafetería local: café, zumo de naranja natural y una porción de tortilla española o una tostada con tomate y aceite de oliva.
Dedica las primeras horas a pasear por las callejuelas del Barrio Judío, una de las zonas más atmosféricas de la ciudad. Sus calles serpenteantes conducen a rincones tranquilos, pequeñas plazas y la antigua Sinagoga Mayor, hoy Convento del Corpus Christi.
A última hora de la mañana es el momento perfecto para visitar la muralla. Caminar por algunos tramos de esta fortificación medieval permite comprender la importancia estratégica de Segovia y ofrece preciosas vistas hacia el Alcázar. Desde allí, desciende hacia el valle del río Eresma para cambiar de perspectiva. El paseo descubre una frondosa vegetación y ángulos de postal del castillo elevándose sobre ti.
Para comer, lleva un picnic y sube a una colina frente a la ciudad. O bien regresa al centro y busca una mesa al aire libre para un bocado ligero —quizá una ensalada con queso local o unas croquetas— antes de incluir una última parada cultural. El Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, instalado en un precioso palacio histórico, supone un contraste sorprendente y gratificante con la antigüedad de la ciudad.
Antes de partir, date tiempo para un último paseo. Compra algún dulce típico, como el ponche segoviano, un pastel tradicional de capas, en una pastelería para llevar a casa.
No te pierdas:
Si visitas Segovia en fin de semana, el Monasterio de El Parral celebra una misa con canto gregoriano cada domingo al mediodía.
En septiembre, la ciudad acoge el Hay Festival Segovia, que reúne a autores, pensadores, periodistas y artistas de renombre mundial para debates, talleres y actuaciones.
Cómo llegar:
A sólo 100 km al noroeste de Madrid, se llega en aproximadamente 1 hora y 15 minutos en coche desde la capital, o en un trayecto de 30 minutos desde la estación de Chamartín en el tren de alta velocidad. Si viajas en AVE, llegarás a la estación, situada a 7 km de la ciudad. Toma el autobús urbano que te deja junto al acueducto o, si no quieres esperar, suele haber una línea de taxis locales.
Dónde alojarse:
Para estar en el centro de todo y despertar con las campanas de la catedral, prueba el Hotel Infanta Isabel, justo en la Plaza Mayor.
Para las mejores vistas de la ciudad y el Alcázar, elige el Parador, un edificio moderno que ofrece una panorámica inigualable. En los meses de verano, puedes refugiarte allí y disfrutar de su piscina al aire libre.
LEER MÁS:
Haz clic aquí para leer más noticias de viajes de The Olive Press.