
("La Chispa", revista El Decano de 23-11-07)
Se avecina nueva bronca a cuenta de la ubicación de otro importante proyecto para la ciudad. Aunque de momento las partes (que a la sazón son la Cámara, la Junta y el Ayuntamiento) se han mostrado cautelosas, y con una pose así, «como muy» sensible al diálogo -lo que es de agradecer-, barrunto que nubes oscuras aparecerán pronto por el horizonte.
Si teníamos poco con la discusión que nos traemos últimamente a cuenta del modelo de campus universitario que es mejor para Guadalajara, vamos a enfangarnos más pronto que tarde en otro debate sobre dónde debería estar colocado el «Palacio de Congresos y Exposiciones de Guadalajara». Sea.
Comencemos por decir que ese «recinto fantasma» hace casi diez años que debería levantarse en la ciudad. Pero que gracias a nuestros gestores pasados y presentes, en Toledo y en la capital, aún lo están peinando.
Han pasado exactamente ocho años desde que el Ayuntamiento de Guadalajara ofreció una parcela a la Junta -la que hoy ocupan las obras del nuevo Polideportivo- para la construcción del Palacio. Todo comenzó cuando el Ayuntamiento de Toledo no puso a disposición de la Junta una parcela para un Palacio Regional, lo que fue afeado por Bono. Entonces, el abuelo Bris levantó la mano dijo al ex presidente: «Aquí tiene usted una».
Ya ha llovido desde aquella. Luego, para cumplir fielmente el dicho de que «si no se desea hacer algo, lo mejor es montar una comisión», nació un extraño ente público completamente inútil, por vacuo, que se llamó «Guadalajara, ciudad de congresos», que impulsó la entonces consejera de Industria Araceli Muñoz. Y que no sirvió absolutamente para nada.
De entonces a ahora hemos visto de todo. Por ejemplo, una maqueta del Fuerte de San Francisco con una especie de Palacio de Congresos adherido con superglue. Y también una infografía de la Cámara, muy mona, pero vacía de contenido, que apostaba por ubicar el Palacio en los terrenos del nuevo Ferial. Finalmente, hemos conocido (bueno, este no lo vimos, lo vio mi amigo, compañero y rival Augusto González, y nos vale con ello), la apuesta realizada por una empresa privada, en un informe encargado por la Junta, donde se señalaba que la infraestructura debía colocarse en los alrededores de Valdeluz y la estación del Ave. La Junta pasó cuenta del informe al Ayuntamiento y a la Cámara, y así quedó la cosa.
Y así estaba, hasta que la semana pasada el Ayuntamiento de la capital se posicionó públicamente, en boca del concejal de «Urbanismo y demolición de bolsas de vivienda», diciendo que a nuestros munícipes no les parece oportuna esta ubicación junto a la estación del Ave.
El consistorio ha ofrecido como alternativa cuatro parcelas: dos pegadas a la actual A-2, entre el torito bravo que fue de Osborne, y el Mesón Hernando que también lo fue. Y otras dos que se localizan en los nuevos desarrollos: cerca de esa espantosa «glorieta del ciclista».
Puestas así las alternativas principales (cercanías del Ave, barrio de «La Muñeca», y la recta de la A-2), debo decir que, en este reo, estoy de acuerdo con la tesis de la Junta (o de empresa a la que encargó ese informe). Ya lo escribí aquí mismo, mucho antes de que trascendiera el contenido de ese texto: No se me ocurre lugar mejor para un Palacio de Congresos que pretende, ante todo, aprovechar el influjo ferial de un Madrid saturado, que colocarlo a pie de una vía de alta velocidad que une la capital de España, Zaragoza y Barcelona.
Pero hay más argumentos. Si finalmente, como es probable, la variante de la A-2 entre Meco y Torija se traza por los altos de Horche, el Palacio se quedaría también a pie de la principal comunicación por carretera entre Madrid y Barcelona. Y al lado, además, de la zona de donde partirá la futura Autovía de la Alcarria (si es que ese proyecto existe, que ya lo dudo). Al tiempo, un palacio cerca de Valdeluz serviría, con seguridad, para que por fin Renfe y Fomento se plegaran a la evidencia, y pusieran unas lanzaderas con Madrid como las que tienen Toledo y Ciudad Real. Y como las que se van a estrenar en Segovia, para vergüenza de los representantes socialistas en las Cortes.
Un Palacio de Congresos capaz de atraer ferias sectoriales, no puede desaprovechar el influjo de la «alta velocidad». Porque algo que debemos tener claro es que ya no tiene sentido seguir dando vueltas a por qué Arias Salgado colocó la estación donde la colocó. Está allí, y no tiene remedio. Aprovechémosla en la medida que podamos.
PD.- Último apunte: si el palacio se va finalmente a la zona de «La Muñeca», ruego en nombre del decoro, y por el bien de nuestra imagen, ante los congresistas venideros de otras latitudes, que manden al ciclista de la rotonda a escalar el Tourmalet. O más lejos, si es que pueden con él. Y que Dios le conserve el gusto al autor y al ex alcalde.