
No parece ninguna casualidad, no. Desde que llegó el edil alcalaíno Jesús Domínguez a la Presidencia de la Mancomunidad de Aguas del Sorbe esta entidad se ha convertido en una casa de locos, y en motivo de bronca constante. Y nunca lo fue. Ni con gestores del PP, ni con gestores del PSOE.
La MAS, hasta hace 3 años, siempre estuvo bastante alejada del rifi-rafe político, y funcionó con los parámetros lógicos que debe funcionar una entidad que está para lo que está: servir agua, y hacer poca política con ella. Pero todo ha cambiado.
Primero fue el descarado intento de Domínguez de aprobar unos Estatutos que blindaban, literalmente, la toma de decisiones en favor de Alcalá de Henares. Su propuesta, no sé si lo recordarán, otorgaba a Alcalá el derecho de veto de cualquier actuación a tomar. Afortunadamente, la bronca que le cayó le hizo recular; y aunque amarró buenas dosis de poder para la ciudad complutense, no llegó al extremo que pretendía.
Tras una ardua negociación y un "medio acuerdo" para los nuevos estatutos y la ampliación de la Mancomunidad, comenzó la bronca constante con la Junta de Comunidades, a cuenta del intento de la Administración regional de unificar la gestión de todos los municipios abastecidos por el Sorbe y el Bornova, dado que el sistema será único en un futuro, con la doble conexión entre cuencas prevista. En esta última pugna ha habido de todo (incluidas bastantes torpezas, más de formas que de fondo, cometidas por la Junta y el consejero Pingarrón, que todo hay que decirlo). En cualquier caso, una bronca lamentable, con errores por ambas partes, que está entorpeciendo necesarias actuaciones. Pero que, en fin, y dentro de lo que cabe, puede ser entendible desde las diferentes posiciones de los agentes en la pugna.
Pero lo que no es de recibo es lo que hizo Jesús Domínguez el pasado fin de semana. El señor presidente de la MAS decidió, en pleno julio infernal, con la demanda de agua al máximo, reducir el caudal que reciben los municipios de la Mancomunidad de Aguas de la Muela, a los que se abastece desde la MAS. En un momento de máxima necesidad, dejó el chorro en lo estrictamente marcado por la concesión, a pesar de que es perfectamente consciente de que ese "hiperlegalismo" suponía atacar al mismo sentido común.
Para que entiendan cómo va este proceso. La MAS tiene una concesión determinada de la Confederación del Tajo; y La Muela tiene otra. Y entre ambas hay una cosa que se llama "convenio para el transporte de caudales", por el que La Muela paga a la MAS por el servicio de potabilización y conducción de agua desde la ETAP hasta su red. Esto es así desde que a comienzos de los años 90 los municipios de La Muela conectaron su red, que realizó la Diputación, con la de Aguas del Sorbe. Durante 13 años La Muela fue abastecida sin que la CHT fijara una concesión. Y cuando esta llegó, en 2004, la cantidad marcada fue de 25 litros por segundo. Y ya se había quedado pequeña. Esa cantidad, sencillamente, no alcanza, en especial en momentos de máxima demanda como los actuales.
(Por cierto, y para que quede claro: La MAS también tiene una concesión insuficiente, que debería revisar de una vez la CHT, y cuando se requiere también toma más agua de la que le marcan los papeles. Como no puede ser de otro modo).
Ante estas circunstancias, y como es lógico, al menos hasta que se fije una nueva concesión, la MAS incrementaba el caudal de sus pueblos, por la sencilla razón de que si no lo hacía, no llega agua suficiente. Especialmente en la Mancomunidad de La Muela, cuyas redes pierden muchísima agua debido a su estado, y a que todavía no ha llegado la necesaria obra de renovación (que Barreda presentó en la primavera de 2007, y aun estamos sin una máquina en la zona, dicho sea también).
El caso es que así han funcionado las cosas durante años, hasta que el pasado fin de semana Jesús Domínguez se levantó con el pie izquierdo, o durmió mal, o vaya usted a saber, y decidió dejar al mínimo el chorro de La Muela, y forzar la situación: Cortó el agua en los grifos a miles de personas, en algunos casos durante dos largos días.
Esto no se puede consentir, es traspasar una raya infranqueable. Y no obedece a razón alguna, especialmente en un año donde poca necesidad hay de estar midiendo al milímetro las concesiones, cuando Beleña está completamente sobrada de reservas.
Lo que hizo Jesús Domínguez es algo también insólito; no ha ocurrido nunca. Y sólo me cabe en la cabeza que responda a un deseo de venganza: Quiso hacer pagar a los municipios de La Muela el movimiento que trazaron en días pasados, cuando firmaron un protocolo con la Junta para surtirse en el futuro directamente de agua del Bornova, a través de esa nueva tubería que ha pagado Europa, que ha costado 30 millones de euros, y que al señor Domínguez tampoco le da la gana de conectar a "su" ETAP.
Domínguez ha cruzado la raya de lo inadmisible. Ha dejado sin agua durante 48 horas a varios municipios. Ha dejado sin agua dos residencias de ancianos y varias viviendas tuteladas de mayores, en un ataque que me parece de auténtica chulería. Y todo ello, por su enfrentamiento con la Junta; que, en fin, puede ser legítimo. Pero que debe llevar por otros cauces.
Pero ojo. Porque no o es el primer movimiento "marca de la casa" de Jesús Domínguez en los últimos meses. En una actitud soberbia y macarril, ya denunció en los Juzgados a unos operarios que sólo querían conectar la tubería que trae agua del Bornova a la potabilizadora de la MAS. Y después de impedir la conexión, ha tenido los arrestos de denunciar ante la UE que los fondos que invirtió Europa en la obra no se están aprovechando. Con dos pelotas, vamos.
Lo diré como lo siento: Jesús Domínguez es un verdadero despropósito de político, un verdadero peligro para la convivencia y para la Mancomunidad a la que representa. Sólo se mueve por impulsos de baja estirpe, es incapaz de negociar desde una posición sensata, toma represalias contra las personas a las que se debe, vierte acusaciones muy sonoras para alimentar grandes titulares, pero jamás las demuestra (como esa que repite como un loro asegurando que el anterior presidente de la MAS tenía planes para "vender" la entidad)... en fin.
¿Y saben lo peor? Lo peor es ver cómo su segundo de abordo, un concejal de la capital, un hombre de la provincia como Jaime Carnicero, se siga prestando día sí y día también a su juego, actuando una y otra vez como justificador de las ventoleras de su jefe.
En esta carrera loca hacia la macarrada más grande, alguien debería pararles los pies. Y ya.