
Creo que la Ordenanza de Convivencia ha sido efectiva a la hora de atajar los excesos que se venían produciendo durante anteriores legislaturas. No hace falta recordar que el botellón se había extendido como una mancha de aceite por plazas y recovecos de la ciudad, con efectos indeseables. A saber: Jóvenes menores de 16 años consumiendo alcohol libres del control que hay en los bares, dejando en papel mojado la actual legislación preventiva. Basura y suciedad por doquier, que no respetaba ni los espacios históricos. Escalada de los grafitis y pintadas que daban a la ciudad una imagen cutre de barrio marginal metropolitano. Multiplicación de los actos de vandalismo con el mobiliario y patrimonio público, que apenas podían ser correguidos por una ordenanza municipal sin capacidad de respuesta. Todos estos aspectos han mejorado con la nueva Ordenanza de Convivencia, aunque la oposición nunca lo vaya a reconocer.
También es de destacar el acierto de las medidas correctoras puestas en marcha por el equipo de Román, que no se han conformado con sancionar, lo más fácil, sino que incluyen cursos de prevención del alcoholismo entre los jóvenes infractores, como alternativa al pago de la multa, y la posibilidad de reparar con trabajos comunitarios el daño causado a la comunidad. Este concepto, muy desarrollado en el derecho anglosajón, carecería de antecedentes en Guadalajara, y es mérito del actual Equipo de Gobierno el haberlo puesto en práctica.
También la Ordenanza ha metido el dedo en la llaga en la lacra de la prostitución, prohibiendo su ejercicio en la vía pública, una medida que no acabará con ella, pero que por lo menos evita la creación de espacios públicos en los que prostitutas y clientes acaban irremediablemente enfrentados con los vecinos de la zona. Nadie quiere que le pongan un prostíbulo a la puerta de su casa. Que las prostitutas que lo deseen puedan canjear su multa por un cursillo de «resocialización» en una asociación tan acreditada como GuadaAcoge es todo un acierto.
Dicho todo esto, no me parece imprescindibleque las personas que cambien las multas del Ayuntamiento por los trabajos comunitarios deban de ir uniformadas e identificadas con trajes que lucirán las siglas TBC (de Trabajos Comunitarios). Aunque el alcalde dice que «no es un sambenito», y que es la ropa adecuada para ejercer la actividad, en realidad sí lo parece. Con que cumplan con la sociedad es bastante. No hay necesidad de señalarlos con el dedo, y de que la gente que los vea por la calle se pregunte qué habrá hecho éste para estar aquí
Cuentos
Después del baño de realismo en el que se aplica ahora Zapatero,parece que el país ya no está para más cuentos. Tampoco Guadalajara. El alcalde Román ha descartado ejecutar el Parque de los Cuentos, si la Junta no incrementa la ayuda anunciada a la Escuela Taller. Es una lástima, porque el proyecto es bonito, tanto en su concepción, como en su ejecución:habría 60 alumnos de una Escuela Taller aprendiendo y trabajando durante dos años. Pero resulta que el Ayuntamiento se hizo sus cuentas, y le adjudicó de motu propio el 60 por ciento de la financiación a la Junta, es decir, 1,6 millones, por 1,2 que aportaría el municipio. Y la Junta les ha dicho que se tienen que conformar con 300.000.
Teniendo en cuenta las políticas de ajuste que inevitablemente deben afrontar las comunidades autónomas, asumir un 60 por ciento de un proyecto tan ambicioso era mucho pedir. Pero toda negociación permite aproximaciones.